Una historia urbana, de Chema Concellon (Flickr)
Cosme Sansegundo era un experto en esforzarse poco.
Era de esas personas que para mover un pie debían pedir permiso al otro pie.
Era tan sumamente vago que todo lo tenía que hacer cerca de su casa: la compra, los estudios, las aficiones… Por no desplazarse un poco, fue capaz de renunciar al sueño académico de su vida, estudiar Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, y acabó matriculándose en la academia de su barrio, en un curso de dibujo al carboncillo que lo impartía el mismo señor que daba las clases teóricas en la autoescuela Paco, también de su barrio.
Por pura vagancia no cogía el metro para acercarse al centro de la ciudad donde podía ir al cine a ver películas de estreno, sentarse en buenas cafeterías, asistir a funciones de teatro, conocer gente distinta, intentar ligar…
Trabajaba en su casa. Muchas veces sin quitarse el pijama. Hacía operaciones de una empresa para particulares desde el ordenador, el fax y el teléfono. Poca cosa. La suficiente para pagarse sus escasos gastos.
Prefería pasar la tarde sentado en un taburete del bar Manolo, acodado en la barra, con el palillo en la boca, oyendo las mismas chorradas de todos los días a los solitarios borrachos de todos los días, tomándose el vino peleón de todos los días… mientras en la tele veía los programas patéticos de todos los días…
-Manolo, ponme un vino tinto y unas aceitunas.
Por la misma razón puso sus ojos en una vecina de su barrio. Ya iba siendo hora de asentar la cabeza. La vecina era mayor que él, rarita de narices y no muy agraciada físicamente. La ventaja es que vivía cerca y además frecuentaba el mismo bar. Y era bajita. Lo demás importaba poco. El amor es para pijos románticos. Al fin y al cabo, bajo la falda, todas las mujeres tienen las mismas cosas, se decía para sí. Y si te quieren engañar, da lo mismo que sea de aquí o que sea de allá. Total…
Así que el día de san Valentín fue al grano. Nada más que la vio entrar en el bar, se armó de valor, eligió cuidadosamente las palabras que iba a pronunciar y, tras quitarse el palillo de la boca, se lanzó al ruedo resueltamente. Ahora o nunca:
-Manolo, ponle un café a Pepita.
-Marchando, don Cosme ¿Otro vino?
-Sí, pero con aceitunas.
Se casaron por lo civil, en el ayuntamiento, no por pura convicción laica, sino porque quedaba más cerca de casa que la iglesia.

Vade retro esa clase de personajes, que te parecerá mentira pero conozco a más de uno de características aproximadas. Incluso más hundidos, y no se plantearían nunca casarse. Y es que casarse siempre exige mucho esfuerzo. (Lo del palillo en la boca, y aún hay machos ibéricos de esa guisa, y no te cuento si encima pretenden arreglar Ezpaña, me tira para atrás)
ResponderEliminarUn cuñado comodón.
EliminarSaludos, Fackel.
Cayetano:
ResponderEliminar¡entonces ese Cosme encontró a su Cosma! Dios los cría...
Salu2.
La pobre no sé cómo acabará con este tipejo.
EliminarSaludos, Dyhego.
Gracias por lanzarte a mostrar tu cara.
EliminarVaya, vaya, hete aquí un Bartleby cañí. Casado como Dios manda, eso si.
ResponderEliminarSaludos.
Eso es lo importante: la boda.
EliminarSalut.
Yo también soy perezosa. Me casé con el hermano de una amiga. Un beso
ResponderEliminar¡Bien hecho!
EliminarSaludos.
jajajaja...Lo que no entiendo es como no le dió pereza sacarse el palillo de la boca para pedir el café a la Pepita ¡¡¡ jajajaja
ResponderEliminarEso ya requiere mucho esfuerzo. Se lo sacó cuando dijo el sí quiero y luego volvió a ponerse el palillo en la boca.
EliminarSalut.
Hoy son millones los que trabajan desde casa sin quitarse el pijama. pero si además son vagos y tira-duros, un pack completo.
ResponderEliminarUn saludo.
Y que no falte el palillo en la boca.
EliminarSaludos.
No puedo con ese tipo de personas y más si llevan un palillo en la boca. Un abrazo
ResponderEliminarTe creo. A mí me pasa exactamente lo mismo. No puedo con ellos.
EliminarUn abrazo.
Repito mi comentario (que seguramente mandé al limbo de los torpes):
ResponderEliminarCreo que este señor, dormía con los ojos abiertos, para evitarse el esfuerzo de cerrarlos.
Un poquito vago sí que era. Me imagino que para hacer el amor sí se esforzaría un poquito. O no.
EliminarSaludos.
Pues mira, ese perezoso no sufrirá cuando, por los años, tenga que limitar sus desplazamientos.
ResponderEliminarY gastará poco en transporte.
EliminarSaludos.
Lo mismo vivió tranquilo,sin problemas y acertoʻ.Porque visto la cantidad de separados ,semiseparados,divorciados.Que supongo verían el material,desde todos lados,para el final,me equivoqué .
ResponderEliminarNunca se sabe qué es lo mejor.
Saludos
Este no se separará nunca. Cuesta dinero y esfuerzo.
EliminarSaludos.
No me los imagina haciendo el amor a los dos teniendo en cuenta la pereza de Cosme porque la jodienda supone esfuerzo mayúsculo a los hombres para satisfacer a las hembras. ¿O no?
ResponderEliminarPues sí. Salvo que ella haga todo. Lo dudo.
EliminarSaludos.
Seguro que vivía en una planta baja. Lo que no comprendo es que se sentara en un taburete -tenía que encaramarse en él- quizá mejor una silla.
ResponderEliminarSalud.
Taburete bajo. Seguramente.
EliminarSalut.
No hasta ese punto, pero si conozco gente con ese perfil. Un saludo.
ResponderEliminarClaro. Esto no deja de ser una caricatura, una exageración; pero sí, hay gente parecida. Yo también los conozco.
EliminarSaludos
Há pessoas muito peculiares, que não dão um passo para nada.
ResponderEliminarO maio risco a que se expôs terá sido, em minha opinião, ter avançado no matrimónio.
Abraço de amizade.
Juvenal Nunes