martes, 14 de noviembre de 2017

El gran Julio


Julios de prestigio  hubo muchos en la historia: Julio César, Julio Cortázar, Julio Verne. Hoy hablamos del escritor francés...

Sí, me refiero al que siempre estuvo disponible, como un inseparable amigo, durante esos años de infancia y juventud. El que me ayudaba a conciliar el sueño cuando me iba a la cama, el que me entretenía las largas tardes de invierno mientras caía la lluvia tras la ventana, incluso el que me acompañaba sin una queja cuando tuve que guardar cama en alguna ocasión por motivo de una enfermedad pasajera. 

Nunca me falló. Y recibí mucho a cambio: el placer de la lectura, participar en aventuras y viajes imposibles contrarreloj, disfrutar de las peripecias de personajes como Phileas Fogg, el profesor Lidenbrock o el Capitán Nemo, luchar contra animales prehistóricos, dar la vuelta al mundo en 80 días, pelear contra los piratas próximos al faro del fin del mundo, viajar a la Luna, sumergirme en las profundidades del océano a bordo del Nautilus, descender hasta el corazón mismo del planeta introduciéndome por el cráter del Sneffels e internándome por ese dédalo de oscuras y frías galerías…



Con este escritor podía viajar, traspasar fronteras, visitar países y gentes sin ayuda del televisor y sin moverme de mi casa. Porque para eso estaba el globo, protagonista de más de una novela, que me servía para alejarme del mundo prosaico y anodino que me tocó vivir en aquellos días sin libertad, en una España plomiza, gris, llena de prohibiciones. Una España en blanco y negro, como la tele o el Nodo de aquellos tiempos terribles…Y la lectura obraba el milagro de trasladarme a otros remotos lugares, llenos de islas fantásticas, enemigos despiadados, animales salvajes, expediciones peligrosas. Y así, con la ayuda del globo, conseguir evadirme, elevarme, alejarme y, de mano de  vientos favorables, poder llegar a tantos sitios sin necesidad de pasaporte ni de aduanas. El mundo, con todas sus maravillas, quedaba al alcance de mi mano.

martes, 7 de noviembre de 2017

Sirenas




Hijas de Calíope y de Aqueloo, híbridos de mujer y ave, ninfas del agua, de canto mágico, su música llegaba directamente al corazón de los que se aventuraran por el mar. Según la mitología tradicional recogida por la Odisea, se trataba de seres fabulosos que habitaban en el estrecho de Sicilia. El que oía el dulce canto de las sirenas estaba perdido irremediablemente, porque estos monstruos atraían a los incautos hacia las rocas, donde encallaban o se estrellaban con sus naves y eran ahogados o devorados.

Ulises, advertido por la diosa Circe, quiso oír el dulce y letal canto. Obligó a sus marineros a que se tapasen los oídos con cera y que a él lo amarraran al mástil mayor del barco. Cuando atravesaron la zona donde estaban las sirenas y la melodía comenzó a surgir con su poder hipnótico y fatal, Ulises pidió a los suyos que lo desataran, pero éstos no lo podían oír. Gracias a esto salvó su vida.

Posteriormente, el imaginario colectivo dotó a estos seres de cola de pez y de gran belleza. Es decir que de monstruos alados, peligrosos y terribles se convirtieron en hermosos seres delicados y gráciles. Muchos pescadores solitarios sueñan todavía con pescar en alta mar una bella sirena que les proporcione compañía y solaz. Aunque dudo mucho de que les pueda servir de alguna utilidad dada su condición de “semipez” o de “semimujer”, según se mire. En todo caso, una situación engorrosa.

Sean animales alados o con cola de pez, oír cantos de sirena no vaticina nada bueno.

Hay sirenas hoy entre nosotros disfrazadas de padres de la patria (la grande, la mediana y la chica), de personajes influyentes, de políticos incorruptibles… que intentan llevarnos a la perdición para que nuestra nave se estrelle contra las rocas de los farallones y los acantilados y después hacerse con nuestros despojos y devorarnos impunemente.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Carta para enviar desde el otro lado de la valla


Cuento publicado el 2 de noviembre de 2017 en La Charca Literaria


Querida familia: espero que por la presente os encontréis bien de salud. Yo, dentro de lo que cabe, aquí estoy bien, relajado, tranquilo, sin los sobresaltos a los que estaba acostumbrado en los últimos tiempos, siempre estresado, angustiado por esto, por lo otro.  Ahora tengo tiempo para mí, para pensar, para hacer memoria, para reflexionar sobre lo humano y lo divino.

Desde el otro lado de la valla las cosas se aprecian de otra manera. Aunque no acabe de acostumbrarme a estar aquí, no voy a quejarme.  No sería justo.

Como sabéis, me vine por propia voluntad, porque las cosas se estaban poniendo allí muy difíciles. La crisis, la falta de trabajo, mi fracaso personal con aquella mujer, la separación… Me costó mucho trabajo tomar esa decisión. No fue fácil: dejar toda una vida para emprender un camino incierto sin saber lo que te espera al otro lado. Porque se cuentan cosas, pero siempre te queda la duda de si serán o no verdad.

Lo malo de todo son los cambios. Acostumbrado a un país donde el bullicio, el hablar alto y la luz son sus señas de identidad, no me resulta fácil habituarme a otra realidad que supone en la práctica vivir en un riguroso silencio y donde la luz se te escatima. Aquí todo es muy tranquilo. Nadie te molesta a horas intempestivas…

Os echo de menos. Aquí me encuentro bastante solo. El lugar donde vivo es pequeño, húmedo, frío, silencioso…  Demasiado, tal vez. Lo peor de todo es que no me acostumbro a dormir en un lecho tan duro. No me resulta cómoda la caja de madera de pino donde reposo ni pasar las veinticuatro horas del día bajo tierra, mientras las bacterias y los gusanos siguen haciendo su trabajo, ajenos a todo.

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Texto publicado originariamente en  "Desde el laberinto", cedido hoy a La Charca Literaria.

jueves, 26 de octubre de 2017

Cuento



Científicos norteamericanos han llegado a la conclusión de que muchos delincuentes actuales no habrían llegado a serlo si, cuando eran niños, sus educadores hubieran utilizado técnicas pedagógicas modernas... 

Como la silla de pensar.

—Fulanito, ¿qué has hecho? No se tiran piedras a las viejecitas. ¡Castigado a la silla de pensar!
—Menganita. Está muy feo que insultes a tus profesores. ¡A la silla de pensar!
—Zutanito, no se tira la dentadura del abuelito a la taza del váter. ¡Vete inmediatamente a la silla de pensar!

El mundo actual sería mucho mejor si hubiéramos utilizado a tiempo esta y otras técnicas…

—Lo que has hecho ha estado muy mal. Así que…  castigado.  Vete a la silla de pensar.

Y  se fue a la silla.

Pero ya era tarde.
Por eso, cuando Aaron Tanner, de treinta y ocho años de edad, estuvo convenientemente sentado y preparado, el responsable del asunto accionó la llave permitiendo que dos mil quinientos voltios circularan de golpe por el cuerpo del condenado a muerte.

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P. D.: el autor de este cuento es contrario a la pena de muerte. Solo que, esto de la silla, da que pensar.

domingo, 22 de octubre de 2017

La Ignorancia


Inicios de 2015: se estrena un nuevo proyecto cultural de la mano de Javier Herrero, una revista de creación a la que se le da el nombre de “La Ignorancia”

http://www.lapublicidad.net/descubre-la-nueva-revista-digital-la-ignorancia/ 

En el enlace de arriba se habla precisamente de ella, con motivo de la aparición de su número CERO, que tiene connotaciones de inicio, semilla, punto de partida u origen de algo: 

“Además de una extensa entrevista al músico Charles Lavaigne, incluye un dossier con el Cero y sus ideas derivadas, en el que ha participado una buena cantidad de colaboradores, entre los que hay físicos, filósofos, poetas, ilustradores, fotógrafos, actores, artistas, diseñadores… 
Además, la revista reserva una sección fija para las reseñas de novedades literarias, de ensayo, ilustración, cómic o cine. Para terminar, se recupera la antigua costumbre de publicar novelas por entregas, y en su número de presentación, la revista empieza con la primera parte de dos novelas, “El sueño de la gacela derribada por el león”, de Antonio Pastora y “La historia del Niño Cabrón que siempre decía NO”, cuyo autor es el propio Javier Herrero. 
La periodicidad de la revista será bimensual y variará el tema del dossier en cada número, así como el mismo diseño de la revista, que quiere ser creativa hasta en su puesta en escena. Accesible para todo tipo de públicos, y de forma gratuita, Javier deposita toda su ilusión en este nuevo proyecto y desde El Periódico de la Publicidad le deseamos mucha suerte.” 

Enlace al número nueve

Como se puede leer en su página de Facebook, se trata de una “revista cultural, colaborativa, temática y gratuita. Cada estación, un nuevo argumento centra las ocurrencias de los participantes de esta publicación.” 
Géneros diversos: ideas, opinión, literatura, música, cine, arte, fotografía, poesía… Todo ello enmarcado dentro de un diseño gráfico de gran calidad, con una cuidada maquetación y un indudable buen gusto estético. 

Este es su enlace de Facebook: https://www.facebook.com/laignoracia/ 

Este otro es el enlace a la Revista: http://www.laignoranciacrea.com/ 

Enlace al número 16 dedicado al ruido

Y aquí podrás encontrar los números disponibles hasta la fecha. : http://www.laignoranciacrea.com/portfolio/