Según fuentes fidedignas de crédito, avaladas por el bedel de la Facultad de Historia Contemporánea de la Universidad de Kigali, el jumento sobre el que cabalgaba el señor Espartero no era, como comúnmente se creía, un caballo sino una yegua; por lo que a nadie a partir de ahora debe ocurrírsele volver a atribuir al equino voluminosas proporciones en sus atributos masculinos, y por supuesto tampoco comparar dichos atributos con los de los varones nacionales, por el pitorreo que puede dar lugar.
Noticia importante del 28 de diciembre.























