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domingo, 17 de junio de 2012

Juan de Escóiquiz, un personaje detestable


Juan de Escóiquiz es uno de esos personajes poco conocidos pero fundamentales en el devenir histórico porque desde las sombras han sabido manejar los hilos para beneficiarse personalmente de las decisiones que aparentemente han tomado otros, pero que obedecen a una maquinación personal fríamente calculada.
Preceptor de un joven Fernando VII por decisión de Godoy, quien pensaba que se trataba de un hombre humilde de gran cultura y que podía venir muy bien a la educación del joven príncipe. En realidad, bajo esa apariencia de hombre afable y comedido, se encontraba un ser despreciable, ambicioso e inmoral, sin ninguna vocación religiosa. Escóiquiz inculcó en su discípulo en provecho propio el fanatismo, la ambición y la degradación moral. Aunque pronto se le vio el plumero y fue apartado del joven príncipe por considerarse poco recomendable su influencia, continuó influyendo en él a distancia, formando parte de su camarilla de incondicionales. Participó junto al felón como cómplice en la Conspiración de El Escorial, nada menos que en la estrategia urdida por el hijo para desbancar al rey Carlos IV, su propio padre. Durante el Proceso de El Escorial, una vez descubierta la tostada, acusado por el propio príncipe, quien no tuvo escrúpulos en inculpar a sus compañeros de fechorías, se le desterró a un monasterio. Sin embargo, esto no duró mucho porque regresó poco después para acompañar a Fernando a Bayona y negociar la humillante abdicación de la corona frente a Napoleón. Tuvo la poca vergüenza de culpabilizar de todo el desastre a Godoy, siendo el principal instigador del Motín de Aranjuez. 
Gran admirador de Napoleón, las simpatías no eran mutuas por parte del corso quien, consciente de la bajeza moral del canónigo, se servía de él para sus fines, permitiéndose la licencia de darle un tirón de orejas y hasta llamarle tunante. Algo que en realidad no era ningún insulto sino una definición que encajaba con el talante del sujeto. 
Durante la Guerra de la Independencia vivió en Francia. Regresó con Fernando VII, recibiendo algún cargo como premio a sus servicios. Finalmente, “el Deseado”, cansado ya de él y no necesitando más sus servicios ni sus intrigas lo apartó de su lado confinándolo en Ronda, donde falleció en 1820.