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sábado, 2 de marzo de 2013

Tal día como hoy...



2 de marzo de 1944

Hoy vamos de aniversarios.
Nada menos que hace la friolera de 69 años que se aprobó el Decreto para  implantar en nuestro país el DNI.
Eran tiempos de Franco.
Y eran tiempos de vigilancia y de control, por eso se hizo el carnet, "la papela" que decían algunos,  para tener mejor controlados a los españoles.
Los primeros en tenerlo de forma obligada fueron los presidiarios y los que estaban en libertad vigilada. También los que por su profesión cambiaban frecuentemente de domicilio. Luego se hicieron acreedores de él los que vivían en ciudades muy pobladas y así poco a poco se fue extendiendo a todas las capas de la sociedad.

Curiosidades:

    Los primeros agentes que tramitaban el carnet viajaban a lomos de un burro visitando cárceles, hospitales con personas impedidas, pueblos donde se hacía público un bando anunciando la llegada del hombre del DNI… Éstos llevaban consigo material para escribir, sellos para estampar, tarjetas sin rellenar, tinta para las huellas, etc.
      El número uno quedó reservado para Franco, el dos para su mujer Carmen Polo (más conocida por “La Collares”), el tres para su hija Carmencita. Hasta el diez, desiertos. Luego, el 10 para Don Juan Carlos, el heredero, el 11 para Sofía, el 12 para la infanta Elena, el 14 para la infanta Cristina y el 15 para el Príncipe de Asturias. El 13 para nadie (pura superstición, lagarto, lagarto).
         A pesar de su origen, es un documento democrático porque con él no hay linajes ni valen los títulos. Todos son Fulano o Mengano con tal y cual apellidos, foto, huella y firma. Una manera de igualarnos a todos los españoles. Antiguamente, además incorporaban la profesión y el grupo sanguíneo, algo útil en caso de accidente.
      Lo que sí es tema aparte es si se trata de primera, segunda o tercera categoría. Sobre esto también hay opiniones y leyendas urbanas. De universitarios nos decían que si teníamos antecedentes penales, en vez de tener derecho al carnet de “1ª” te pondrían uno de “2ª” si tenías delitos políticos, por eso te lo pedían si había manifestación o asamblea de estudiantes ("Vayan saliendo de uno en uno, con el carnet en la boca", se hacía ese chiste), o de “3ª” si eran delitos comunes. O sea que hoy a más de uno le pondríamos el carnet de tercera, aunque sea un chorizo de guante blanco. Algunos afirman que en un principio las categorías se asignaban por el estatus económico y que los de “primera” eran los más pudientes.
        Otra leyenda sobre el tema se refería al número personal, concretamente ocho cifras, personal e intransferible. Sin embargo, la imaginación popular aseguraba que cuando un ciudadano fallecía, le endosaban a otro su número y eso explicaría que gente que se ha hecho el carnet después de mí tenga un número más bajo, anterior, el número de “un muerto”, que decíamos los jóvenes de entonces.

      Lo que no es una leyenda es el origen de la letra que aparece a continuación del número. 
     Su función es muy simple: demostrar que el número que tenemos es verdadero.
¿   ¿Cómo se "calcula" la letra que tenemos?
    Muy fácil. Nuestro número lo dividimos entre 23. El resto que nos salga -no el cociente, ojo- lo llevamos a esta tabla y vemos qué letra es la que le corresponde. Nada más fácil. Yo ya lo he comprobado. 




Tabla tomada de aquí


Y Hoy el aniversario es doble, porque también se cumplen cuatro años de la andadura de este blog. Mi agradecimiento más sincero a todos aquellos amigos que hacen posible con sus comentarios que dicho blog siga vivo.