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lunes, 14 de febrero de 2011

Hitler y las mujeres


Con Eva Braun

Anodino, poco fogoso, nada apasionado y sin embargo un seductor para muchas mujeres, tal vez por lo que simbolizaba más que por su apariencia física de hombrecillo corriente, eso sí: enérgico, de mirada penetrante, absolutamente convencido de las ideas que expresaba. Para él la mujer era un ser inferior como ya se encargó de señalar en más de una ocasión.
Hitler hablaba de la moral de las tres “k”: “Kinder, Küche, Kircher”, una forma de asignar a las mujeres sus tres obligaciones principales: atender a los niños, trabajar en la cocina y asistir a la iglesia. En 1934, Adolf Hitler se dirigió a la Organización Nacional de Mujeres Socialistas y les dijo que “el mundo de una mujer es su esposo, su familia, los niños y su hogar”.
Para él, las mujeres, al igual que las masas, había que seducirlas y manejarlas. Aunque le encantaba rodearse de mujeres, él siempre decía que su novia “era Alemania”. Una vez que una admiradora algo descontrolada le dio un beso en la boca él puso una cara de repugnancia como si hubiera tomado un purgante. En general evitaba todo contacto físico con las mujeres, hasta tal punto que muchos de sus colaboradores llegaron a pensar que podía ser homosexual.
No obstante, hubo muchas mujeres en su vida. Algunas jugaron un papel fundamental, otras fueron un mero adorno o complemento de su persona. Casi todas terminaron su vida trágicamente. Algunas se suicidaron o al menos lo intentaron. Este hombre parecía llevar consigo el sello de la fatalidad con el que marcaba con un fin desgraciado a aquellas que compartieron su vida con él.
Desde un punto de vista cronológico, la primera mujer que marcó su vida, aunque indirectamente, fue su abuela paterna, Marie Schicklgruber. Esta mujer fue seducida y embarazada por un alemán adinerado. De esa relación nació Alois Hitler, un hijo natural. Adolf siempre tuvo la sospecha de que por sus venas podría correr sangre judía. Esto le atormentaba a menudo y posiblemente le marcó a la hora de relacionarse y de tomar decisiones: agredir a los judíos era una forma de castigar su parte negativa o posiblemente contaminada que no quería aceptar.

Klara Pölzl

La segunda mujer que influyó en su vida fue su madre, una madre protectora, perdida a temprana edad, que al contrario que su padre le suministró una enorme cantidad de cariño. Cuanto más agresivo era su padre más se volvía hacia su madre buscando afecto, y más temor a que su padre descubriera el secreto: esa búsqueda edípica de calor en su madre, Klara Pölzl, mucho más joven que su marido.
La muerte de su madre, quien curiosamente falleció siendo atendida por un médico judío, acabó también de marcar a un joven Adolf.

Con Geli Raubal

Tercera. Hitler tuvo una relación afectiva con su sobrina Geli, lo que le provocó cierto complejo de culpa por tratarse de una relación incestuosa y también por fundados temores a la corrupción de la sangre que pudiera derivar de la relación sexual (por su posible ascendencia judía, el judío que sedujo o violó a su abuela paterna Marie Schicklgruber). El temor lo proyectó sobre los demás, sobre los judíos, sobre los no arios. Habría así un vínculo estrecho entre su patología sexual y su vocación política de odio a los judíos. Se daría así un paralelismo entre la evolución psicológica de Hitler y su evolución política entre 1928 y 1931, año en que apareció muerta Geli, que al parecer se suicidó, tal vez por un embarazo poco deseado.
Cuarta mujer. Magda Goebbels, amante sin condiciones, quien sentía una adoración enfermiza por el führer. Se cuenta que Joseph Goebbels estaba al tanto de ello pero que por admiración incondicional hacia su líder y/o por obtener beneficios y cargos consentía esa relación. Era tanta la devoción de Magda que el nombre de todos sus hijos empezaba por “H”: Helga, Hildegard, Helmut, Hedwig, Holdine, Heidrun. Magda Goebbels no dudó en acabar con la vida propia y la de sus hijos cuando Hitler decidió suicidarse en el búnker de Berlín.

La familia Goebbels

Eva Braun, la quinta, la definitiva y última, la más conocida entre todas sus amantes. Tenía grandes cualidades que supieron hacer más estable la relación: fidelidad, sumisión incondicional, habilidad para hacerle sentir bien... Adoraba a Hitler pero no era correspondida. Se convirtió por dos días en la esposa del líder alemán. Él quiso premiar su lealtad y su amor sin condiciones casándose con ella en el búnker poco antes de suicidarse ambos, él de un tiro y ella ingiriendo una cápsula de cianuro.
Aparte de estas mujeres fundamentales, también hubo algunas amantes y amigas ocasionales, muchas de ellas actrices, gente del mundo del espectáculo y del arte.
Estrellas como Olga Tschechowa o Winifred Wagner, viuda de un hijo del célebre compositor..
La actrid Inga Ley, de gran belleza, casada con Robert Ley, líder sindical del Frente Nacional del Trabajo, al que le fue infiel, y que también terminó suicidándose.
Una joven aristócrata britanica fascista y admiradora de Adolf: Unity Valkirie Mitford, quien antes de que se iniciara la guerra iba a los mítines alemanes con la bandera británica y la svástica, y quien se pegó un tiro cuando Inglaterra declaró la guerra al Reich, muriendo años después por las secuelas del intento de suicidio.

Con Leni Riefensthalt

Leni Riefensthalt, más conocida como la “querida de Hitler” por la prensa norteamericana, aunque algunos dicen que no hubo ninguna relación más que la propia admiración mutua, antigua actriz y cineasta, autora de películas propagandísticas del régimen nazi. Hitler respetaba su trabajo y reconocía en todas partes su talento ¿Una profesional de su trabajo o una devota del régimen nazi?
Una de las pocas "mujeres de Hitler" que tuvo la suerte de morir a edad avanzada.
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Ver también:

Las mujeres de Hitler