Pensábamos que era cosa del pasado.
De los tiempos de la Revolución Industrial.
Cuando los ciudadanos no tenían derechos.
Y los niños eran objeto también de la explotación de los mayores...
Duras y largas jornadas de trabajo en las fábricas y en las minas...
Insalubridad, riesgos laborales, ninguna protección social.
Una infancia perdida para siempre...
Luego pasó el tiempo y creímos haber superado por fin esa pesadilla...
Y cuando fuimos capaces de dejar de mirarnos el ombligo de Europa.
Y echar una ojeada hacia el mundo...
Vimos a esos niños de nuevo.
Con sus derechos pisoteados.
Los mismos niños de antaño quemando su infancia.
Aunque ahora las fotos sean en color.



