Muchos docentes criticamos el baile de planes educativos que hemos padecido alumnos y educadores durante nuestra historia reciente (LGE, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE) que, si bien responden a diferentes formas que tienen nuestros políticos de entender la educación, no han contribuido a dar coherencia y estabilidad a algo esencial para muchos como es la formación de los nuestros, un tema que debería quedar al margen de las controversias políticas.
Y no es algo nuevo en nuestra historia.
Isabel II, sí, "la de los tristes destinos", fue también víctima de los cambios políticos de su tiempo. La niña se hizo adulta en el tránsito entre la monarquía absoluta y la monarquía parlamentaria. Y fue un instrumento manejado por los liberales de diverso estilo que se fueron turnando en el poder.
Tras la muerte de Fernando VII, el liberalismo comienza a abrirse camino en nuestro país. Los más moderados inician el camino hacia el poder de la mano de la regente María Cristina que, a pesar de su conservadurismo, pretendía consolidar el reinado de su hija bajo la protección del liberalismo más light frente a las pretensiones de Carlos María Isidro, el hermano del rey fallecido.
Los liberales progresistas se sentían excluidos del juego político. Su objetivo no era otro que restaurar la Constitución de Cádiz y al abrigo de ella instaurar un sistema más participativo, con mayores derechos para los ciudadanos. El general Espartero venía a ser la esperanza de los progresistas frente a la excesiva moderación de la regente y sus partidarios. Por eso cuando tras su pronunciamiento llegó al poder y se convirtió él entonces en el nuevo regente, Maria Cristina tuvo que abandonar su puesto de tutora de la joven reina y marchar a Francia. Las Cortes decidirán encargar la tutela de la niña a un viejo liberal progresista, protagonista de las Cortes de Cádiz de 1812, Agustín de Argüelles. Es decir que el nuevo gobierno se salió con la suya: lograr la responsabilidad de encargarse de la educación de la que sería la reina liberal de España.
María Cristina no veía con buenos ojos lo que se estaba cocinando en relación con su hija y con el destino de España, por lo que siguió conspirando desde su exilio parisino. Los "espadones" O'Donnell y Narváez , entre otros, serán los encargados de hacerle el juego sucio a la ex-regente con la táctica de los pronunciamientos militares.
El primer reto con el que tuvo que enfrentarse el tutor Argüelles fue el Motín de las Damas de Palacio el 2 de agosto de 1841: diez damas de compañía al servicio de Isabel y de su hermana Luisa Fernanda presentaron su dimisión como muestra de fidelidad hacia la madre de las infantas y como protesta por los nombramientos de personas vinculadas con el liberalismo progresista, entre ellas la nueva Aya de las infantas, la Condesa de Espoz y Mina, viuda del general liberal, quien no pertenecía al selecto círculo de los Grandes de España. Es decir que la “guerra” entre moderados y progresistas había logrado introducirse en palacio, disputándose algo tan importante como era el cuidado y la educación de la futura reina de España.
El segundo reto fue un intento de cambiar por las bravas el juego político, un levantamiento armado en Madrid, dirigido por el general Diego de León, el 7 de octubre de 1841. El golpe tenía como objetivo asaltar el palacio y apoderarse del personal de la reina. Falló el levantamiento y los instigadores fueron detenidos.
A pesar de todo ello, los liberales progresistas estaban empeñados en convertir a Isabel en una reina constitucionalista y con cultura. Se diseñó un plan de estudios, un “currículo” didáctico para la formación de la niña Isabel y de su hermana. En los estudios que debía emprender no faltaban materias como ética, literatura, historia, francés, aritmética, geometría… con instructores de prestigio como José Manuel Quintana y José Vicente Ventosa, quien diseñó un sistema pedagógico único para las infantas donde no faltaban los juegos como elemento motivador. Pese a todo, la niña no mostraba el más mínimo interés por esforzarse y aprender, era "dura de mollera", prácticamente analfabeta. En lo único en que fue despierta fue en cuestiones de apetencias sexuales, como ya dejamos constancia en otra ocasión. Su preocupación por su porvenir y por el de España era nulo. No mostraba voluntad ni aplicación para el estudio, aparte que reflejaba un importante retraso escolar, resultado del descuido que en materia educativa había sido objeto con anterioridad, cuando su madre era la regente.
Por otra parte, la limitación temporal del periodo progresista también jugó en contra de la preparación de Isabel en una época crucial para ella, el inicio de la pubertad, entre los 11 y los 13 años.
El general Narváez
El 30 de junio de 1843 los moderados llegaron al poder. Una insurrección puso fin al trienio de Espartero.
Se abría una nueva etapa en la educación de la que iba a ser la reina de España. O mejor dicho en la "no educación" de Isabel, porque los moderados expulsaron a todos los esparteristas de las instituciones y de la atención a las infantas, suprimieron el programa educativo anterior y la declararon mayor de edad a los 13 años, con lo que la voluntad de "la reina niña" quedaba absolutamente a merced de los que ahora ocupaban el poder. La falta de preparación para su cargo le costará caro. De nada le sirvió saber coser y bordar o ser muy religiosa (Una religiosidad teñida de superstición). Lo que España demandaba en esos momentos era la figura de una reina que ejerciera el poder ejecutivo desde el respeto a la ciudadanía y al parlamentarismo. No una persona que, consciente del poder que acumulaba, tratara a los políticos como a la servidumbre de su casa; porque la sociedad española ya no era la de la época absolutista de su padre, donde el rey hacía y deshacía sin rendir cuentas a nadie.
Esa falta de preparación -y de luces- le pasará factura.
Esa falta de preparación -y de luces- le pasará factura.
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Bibliografía:
- Loic Blanc, La educación de Isabel II: víctima de la lucha liberal. Artículo en Historia Abierta. CDL. Enero 2012.
- José Luis Comellas García- Llera, Isabel II: una reina y un reinado. Ariel. Barcelona 2002.
- Juan Sisinio Pérez Garzón, Isabel II: los espejos de la reina. Marcial Pons (Historia). Madrid, 2004


