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domingo, 10 de febrero de 2013

1973

Condenados en el Proceso 1001

1973 fue un año de esos que hicieron historia por la acumulación de acontecimientos trascendentales en todos los terrenos: político, económico, social, militar, estratégico, cultural... e incluso a nivel personal, porque veinte años no se cumplen todos los días.

Cosas que ocurrieron hace ya más o menos la friolera de 40 años...

Empezando por el mismo mes de enero, el día 2 en París se reanudan las conversaciones sobre Vietnam y el 23 del mismo mes en Estados Unidos, el presidente Richard Nixon anuncia que un acuerdo de paz se había alcanzado en aquella maldita guerra. El final estaba ya cerca.

El 8 de abril muere en Francia el malagueño universal Pablo Picasso.

El 11 de septiembre: golpe de estado en Chile, las fuerzas armadas, con el apoyo decisivo de EEUU y la CIA, toman el poder, mientras el actual presidente Salvador Allende, acosado por los bombardeos de los golpistas, se suicida en el Palacio de la Moneda. Se instala un junta militar que gobernará  con mano férrea el país durante 17 años.

En octubre, Juan Domingo Perón asume su tercer mandato como presidente de Argentina.

El 20 de diciembre: en España, la banda terrorista ETA asesina al presidente Luis Carrero Blanco mediante un atentado con bomba.

Ese mismo día, en medio de gran expectación dentro y fuera de nuestro país, comienza el conocido "Proceso 1001" contra Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius, Eduardo Saborido y otros destacados dirigentes del sindicato clandestino de Comisiones Obreras. Llevaban detenidos casi un año y medio. La política represiva del franquismo se recrudecía esos años.

El 22 de diciembre, tras la cuarta guerra árabe- israelí, la OPEP duplica los precios del petróleo. Lo que iba a venir a continuación era una grave crisis económica inflacionista que se prolongaría durante varios años como una pesadilla. Los que por aquel entonces éramos jóvenes y estábamos en los primeros cursos de  universidad no apreciábamos en toda su dimensión el problema. Todavía era demasiado pronto para apreciar su trascendencia, a lo que contribuía decisivamente el régimen con su política oscurantista y poco divulgativa, y también porque, debido a la edad, algunos andábamos embarcados  en otras "distracciones" más relacionadas con el interés por el sexo contrario. No obstante eran meses -y años- de agitación universitaria: el golpe militar en Chile y el recrudecimiento de la política represiva por parte del régimen franquista servían de estímulo para las protestas estudiantiles. Cuando se tienen veinte años es difícil mantenerse siempre en un plano de conformismo y de apatía política.

Y en el plano musical, ese mismo año es lanzado el Dark Side Of The Moon del grupo británico Pink Floyd en los Estados Unidos. Se trataba de un álbum de rock sinfónico y conceptual, uno de los más vendidos de la historia, con 50 millones de copias, y que llegó a estar en las listas de éxitos durante más de 15 años. Este disco catapultó a la fama al mítico cuarteto inglés. Un grupo que marcó a muchos jóvenes de mi generación.

sábado, 20 de noviembre de 2010

1975

Soldados norteamericanos en Vietnam


1975 es el “año del conejo”, según el horóscopo chino.

Un año importante en primer lugar para los españoles: Franco agoniza y muere casi acabando el año. Antes de morir se lleva para el otro mundo a los cinco últimos condenados a muerte por el régimen. Unos días antes de fallecer el dictador, Marruecos organiza la “Marcha verde”, una prueba de fuerza para apoderarse del Sáhara, aprovechando la enfermedad del viejo militar y la debilidad de un régimen que se derrumbaba.

Algunos por aquellas fechas habíamos ya cruzado "el ecuador"  de nuestros estudios en la Universidad. Creo recordar que yo andaba por 4º. Muchos de nosotros estudiábamos en el turno de tarde- noche porque compaginábamos los estudios con otros quehaceres, como trabajo o, en mi caso, el servicio militar.

1975 también es el año en que termina la pesadilla de Vietnam, con un balance claramente en contra para los EEUU, tanto a nivel de derrota militar como moral y psicológica. El gigante americano aparece ante el mundo como un país absolutamente vulnerable. (“Síndrome de Vietnam” y cerca de 60.000 muertos) Ello hará que los norteamericanos rehuyan a partir de aquí cualquier implicación directa de sus tropas en los conflictos armados que pudieran surgir.

Año complicado en América Latina.
En Chile, Augusto Pinochet, encumbrado tras el golpe del 73 sigue o mantiene su política represora y asesina.
En Argentina, el ejército reacciona contra los montoneros, una organización guerrillera próxima a la izquierda peronista. Al año siguiente se hará con el mando una junta militar presidida por el general Jorge Videla.
En Uruguay, mientras cientos de ciudadanos son detenidos y torturados, el dictador Bordaberry asegura cínicamente que en sus cárceles no hay presos políticos. ¿Serán todos delincuentes comunes?
En Paraguay sigue la dictadura casi vitalicia del "tiranosaurio" Alfredo Stroessner.
Perú
y Chile al borde estuvieron del enfrentamiento al haber estado "cocinando" una guerra los años anteriores. Juan Velasco Alvarado, con armamento soviético en la frontera con Chile y Pinochet teniendo conversaciones con Kissinger acerca de un posible ataque al Perú. La llegada al poder aquí de Francisco Morales Bermúdez, apoyado por la CIA y los EEUU, rebajó la tensión alejando un poco el riesgo de confrontación entre los dos países.
Los EEUU no dudaron nunca en apoyar incondicionalmente las dictaduras latinoamericanas como parte de una estrategia frente a la URSS durante la “guerra fría”. Los movimientos reformistas o revolucionarios no eran para los norteamericanos la expresión de una manera de resolver por parte de la población las injusticias o las grandes desigualdades sociales, sino acciones desestabilizadoras organizadas o apoyadas por los comunistas rusos. Y América Latina, considerado como el “patio trasero” por los norteamericanos, se convierte en un lugar de atención urgente en esta partida de ajedrez entablada por los dos colosos.
En relación con Portugal, nuestro país vecino, tras "La Revolución de los claveles" del año anterior, logran su independencia las colonias africanas de Angola y Mozambique.
Y en Inglaterra, la "Dama de Hierro", con sus grandilocuentes peinados, la señora Tatcher accede al poder .

Y si hablamos de cine, en EEUU triunfa la película Tiburón, con el joven director Steven Spielberg. Una noticia triste para el mundo del celuloide es el fallecimiento de Pier Paolo Pasolini.
En España se lleva a las pantallas la mejor novela que sin duda escribió Cela, “La familia de Pascual Duarte”, un reflejo de la brutalidad de la “España profunda”. Según un conocido mío con gran sentido de la ironía, Cela fue el único escritor al que le dieron el Nobel a título póstumo en vida.


Portada de Wish you were here

En música, el grupo británico Pink Floyd saca su álbum titulado Wish you were here, donde se recoge tal vez una de las mejores canciones del grupo: “Shine on you crazy diamond”, un homenaje a Syd Barrett, antiguo miembro de la banda. Springsteen publica Born to run y los españoles Triana se lanzan con su disco de rock andaluz “El patio”. Ese mismo año se lleva al cine Tommy, la ópera rock de The Who.

Pero sobre todo, para los españoles, 1975 es el año de la esperanza. El año en que volvimos a recobrar la mayoría de edad tras una larga dictadura. El 20 de noviembre, tras una larga y penosa enfermedad, muere el caudillo de España. Dos días después es proclamado Rey Don Juan Carlos de Borbón.

Al autor de este blog este suceso le pilló, como comentaba más arriba, haciendo el servicio militar. El día que murió Franco, hace ahora treinta y cinco años, me dormí y llegué tarde al cuartel. Cuando cogí el metro vi la noticia en un periódico y me dije “Buena la he hecho. Se muere Franco y yo llego tarde”. Me temía un arresto por no llegar a mi hora, pero había mucho nerviosismo y trasiego de jefes y oficiales y no pasó nada. Los militares estaban más preocupados por lo que podía pasar con España y su futuro –el de ellos- que por la inoportuna impuntualidad de un soldado.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Agonía del franquismo, recuerdos de Universidad, memoria de la Vaquería y chistes de Forges II.

Detalle de un grupo escultórico 
de Tilman Riemenschneider 
(Gótico tardío)

A Enrique Fraguas le molestaba mucho que le dijeran: “Así que tú eres el hermano de Forges, ¿no?”. Y no era para menos. No le satisfacía vivir a la sombra de la popularidad del hermano mayor, cuando él era por sí suficientemente original y autor de mil anécdotas y ocurrencias.
Era un tipo diferente. “Bella dama”, decía para referirse a las chicas que se le presentaban. Y hacía ademán antiguo de besar su mano inclinando la cabeza.
Salir de copas con él era complicado. Enrique era muy frugal, solía contentarse con “un rioja”, nada de cubatas. A veces quedábamos a comer algo por ahí, un bocadillo o algo parecido. El decía “Me apetece comer un ave”. No he conocido nunca otro compañero de estudios con salidas como las suyas.

Anécdotas de clase

El profesor de Historia Moderna puso en un examen una gráfica que reflejaba la evolución de la población en una localidad de algún lugar de Europa, según datos que figuraban en una tabla. Los datos procedían de una fuente de la época: un registro municipal o tal vez parroquial, con nacimientos y defunciones. En el examen, los estudiantes se devanaban los sesos por desentrañar las peculiaridades históricas del momento a la luz de los datos demográficos y hacer así un comentario aceptable. El compañero Enrique argumentó por escrito que los datos estaban falseados en su origen porque no se conservaban registros legales en toda la localidad dado que se había producido en tal año un incendio pavoroso y todos los archivos habían quedado destruidos.
Cuando el profesor, totalmente perplejo, hubo leído su trabajo, comentó en clase:
“Usted, señor Fraguas, me ha hecho un comentario exótico. No sé si suspenderle o ponerle un sobresaliente.” (*)


Para dar más relumbrón a sus exámenes solía rematarlos con una bibliografía, muchas veces imaginaria, con unos títulos llamativos. Tenía un autor preferido, creo recordar, que se llamaba Helmut “Noséqué”, de la Editorial La Palmera, Buenos Aires, 1960, y citaba entre comillas párrafos enteros de tal autor. Lo maloes que tal práctica creó escuela. Le salió un discípulo aventajado: un servidor. Aprovechando que la profesora de Arte medieval nos habló de un libro fabuloso en texto y en imágenes, escrito en alemán, que estaba en la biblioteca del Departamento, donde se hacía una fabulosa descripción de unas esculturas del Gótico tardío, obras de Claus Sluter y de un tal Tilman Riemenschneider, y teniendo en cuenta las pocas posibilidades de que dicha profesora supiese alemán en aquellos tiempos en los que los de letras estudiábamos francés, tuve ocasión en un examen de aprovechar ese material no leído para comentar una diapositiva de tal autor, inventándome todo lo que pude, atribuyendo indirectamente párrafos de ocho o diez líneas a un autor de cuyo libro no conocía ni el forro, hablando de la teatralidad del grupo escultórico, de la escenografía, de la voluntad narrativa y descriptiva, de la composición, de la incidencia de la luz al mediodía y al atardecer, del ropaje… qué sé yo. Literatura pura y dura. Como resultado obtuve un sobresaliente en la prueba. El comentario del amigo Enrique cuando le conté la hazaña fue un lacónico: “Ésta no te la perdono.”

En su cuarto, en una pared, tenía clavados, si la memoria no me traiciona, un bonete de obispo, una gorra militar, una boina, una garrota y un tricornio de la guardia civil. "¿Y esto?" Le preguntaba yo. Y él contestaba: "Estos son los poderes de la nación".
Tiempo atrás, una vez que Forges andaba apurado de tiempo, permitió que su hermano le echara una mano con “La historia del botijo” que publicaba entonces creo en el diario Informaciones. La dirección del periódico le llamó la atención. Antonio replicó diciendo que no se enfadara, porque gracias a sus dibujos se vendían más ejemplares del periódico. Y era verdad. Forges ya empezaba a ser conocido. Luego vendrían las colaboraciones en la revista satírica “Hermano Lobo” y en otras publicaciones.

Forges del siglo XXI


Un día en que estábamos Pilar y yo en la habitación de Enrique, con la puerta entreabierta , vimos pasar a Antonio. Pilar dijo a Enrique: “Anda, si es Forges. ¿Nos lo presentas?” La respuesta de Enrique fue: “Ahora mismo lo llamo para que os rinda pleitesía.” Dicho y hecho. “Mira, Antonio, éstos son unos compañeros de la Facultad”. La respuesta de él fue tan original como sus chistes: “Conque conspirando, ¿eh?”
Comentaba Enrique en una ocasión que, tiempo atrás, su padre fue amenazado con la excomunión, ignoro ahora el motivo, por el que fuera arzobispo y cardenal José María Bueno Monreal. El caso llegó a oídos del Papa -por aquellas fechas a las que se refería debía tratarse de Juan XXIII- y que el propio Papa desautorizó al prelado diciendo que "una cosa es tener celo religioso y otra cosa es la esclerosis mental". Cosas del amigo Fraguas.
Otro día fue la madre la que entró en el cuarto donde pasábamos la tarde y dirigiéndose a Enrique dijo: “Confidencial: Arias Navarro dimite.” Ningún medio de comunicación se hacía eco ese día de ese rumor. Al día siguiente, Arias presentó la dimisión y en su lugar fue elegido por el rey como Presidente del Gobierno, un político joven que se llamaba Adolfo Suárez. Comenzaba la transición española.


(*) La anécdota del “examen exótico” me la contaron unos compañeros.
El profesor aludido pudiera ser Emilio Sola, egregio poeta e historiador de pro, enemigo declarado de la civilización occidental, aquél que en su día juró por escrito no cruzar nunca los Pirineos, maestro y compañero de copas y rimas, cofundador de La Vaquería, aquella especie de bar y centro cultural que algunos solíamos frecuentar, lugar de reunión de gentes con inquietudes sociales, literarias y artísticas, que fue objetivo de la extrema derecha unos meses después de fallecido el dictador: en la madrugada del 8 de junio de 1976 unos terroristas, pertenecientes al parecer a los Guerrilleros de Cristo Rey, pusieron una bomba a base de goma-2 reventando la puerta del local y causando numerosos destrozos. Afortunadamente no había nadie en su interior.
En mi memoria siempre guardo un pequeño rincón para La Vaquería, en la calle Libertad 8, lugar de encuentro de artistas, poetas, músicos, jóvenes de actitudes liberales y libertarias, donde se hacían exposiciones de fotografías o dibujos, donde se podía uno tomar una copa y oír buena música o leer un poema escrito por algunos de nosotros colocado bajo el cristal de la mesa. Una "isla"- como el título de un emblemático libro de poemas de Emilio- de originalidad creativa en medio de una realidad anodina. Un sitio diferente. Aquello fue el prólogo, el anticipo de lo que luego vivo en llamarse “la movida madrileña.” Las cosas estaban cambiando y mucho en España.






domingo, 29 de agosto de 2010

Agonía del Franquismo, recuerdos de Universidad y chistes de Forges I.

Forges



Hace unas semanas, el compañero de fatigas y bloguero Eladio hacía una entrada con un chiste de Forges en su inicio. Yo le hacía el siguiente comentario:
"Forges siempre es un valor seguro. Yo tuve la suerte de conocerlo en persona, en casa de sus padres. Su hermano Enrique era compañero mío en la Facultad. En su familia todos eran unos personajes increíbles. Cada uno en su estilo. (...) Muchas anécdotas para contar aquí. Hablo del cambio de régimen, cuando moría Franco y luego llegó el rey con Suárez.”
En efecto, aquéllos eran unos años agitados. Franco se moría a marchas forzadas, mientras la oposición democrática luchaba para abrir España a la libertad y a la modernidad. Años de incertidumbre, con una extrema derecha muy activa y combatiente, que veía que la España en la que ellos creían, de dictadura y ausencia de libertades, se les derrumbaba día a día…

Esa actitud crispada fue la que llevó posteriormente a esos grupos durante los primeros años de la transición a cometer atentados como la matanza de abogados laboralistas en Atocha, el paquete bomba contra la revista El Papus o el artefacto que en junio de 1976 estalló en La Vaquería de la calle Libertad 8, lugar de encuentro cultural y de copas para muchos de nosotros aquellos años de cambio.

Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Autónoma de Madrid



En aquellos momentos yo estudiaba Filosofía y Letras, rama de Geografía e Historia, en la Universidad Autónoma de Madrid. Tenía un compañero simpático, excéntrico, cultísimo y sumamente original en su porte, en su vestimenta y en su exquisita educación, que se llamaba Enrique Fraguas, hermano de Antonio Fraguas (más conocido por Forges. Forges es la traducción al catalán de Fraguas, adoptada por Antonio como nombre profesional y en honor de su madre catalana). Enrique era menudo y delgado y a pesar de su juventud, aunque era algo mayor que nosotros, podría tener 26 ó 27 años, vestía elegantemente, de forma tradicional, con traje, y a veces le daba por llevar bombín y bastón, como un lord británico de camino a su oficina. Lógicamente, esta forma tan llamativa y conservadora de vestir levantaba comentarios y suscitaba sospechas sobre su persona. Hay que pensar que en aquella época de finales del franquismo había gente de la policía, de la Brigada Político Social -“los Sociales” los llamábamos nosotros- infiltrada en el mundillo universitario dada la cantidad de gente “peligrosa” de izquierdas que pululaba por las aulas, sobre todo en las Facultades de Filosofía, Sociología, Políticas, etc., consideradas más “revoltosas”. Pues bien, en ese contexto de no saber si el compañero que tienes al lado es un estudiante o uno de la secreta infiltrado, el “maqueo” del amigo Fraguas levantaba sospechas. El propio Enrique comentaría más adelante: “Una vez vino uno y me dijo que si yo era un “Social”. Vamos, que si no me lo quitan de en medio…me pega una..., porque era un tío como un castillo.”
Enrique, por su aspecto y sus modales, tiraba a conservador , o eso nos parecía a nosotros, pero a un tipo de conservadurismo al que no estábamos acostumbrados los jóvenes más o menos de izquierdas en aquel tiempo: era monárquico constitucionalista y un demócrata convencido, dialogante y antifranquista. Estaba seguro de que cuando muriera Franco, iba a acceder al poder su “sobrino”, como él llamaba al rey, e iba a traer la democracia a nuestro país, como luego se vio. Enrique era ante todo un demócrata en una época donde eso no existía como práctica política. Cuando digo “era” para referirme a Enrique, no lo digo porque luego cambiara, me consta que no, sino porque tras los años de estudiantes, y por razones de distancia y de proyectos diferentes, fuimos desgraciadamente perdiendo el contacto. La última vez que le vi fue cuando celebramos el nacimiento de mi hijo mayor. Vivíamos entonces en Leganés. El hombre vino en taxi desde el centro de Madrid donde residía para traer un regalo al pequeño. Más tarde me enteré de su fallecimiento. Siempre tuvo una salud frágil.

Enrique vivía con sus padres en un piso antiguo, de gente acomodada, cerca del Retiro, en la calle de Alberto Bosch, muy cerquita del Museo del Prado. Un edificio de esos que tenía ascensor utilizable sólo de subida, con verja de hierro, asiento tapizado, y el hueco al aire entre las escaleras.

Un día en que estábamos en su casa mi entonces novia Pilar y yo, nos contaba el origen de la palabra “muslamen” que aparece en los chistes de su hermano.
Al parecer, los Fraguas , cuando eran pequeños, iban mucho al Retiro dada la cercanía del parque. Y un día, sin saber cómo, me imagino que jugando donde hubiera agua, unas avispas se cebaron con ellos y los chicos regresaron a casa llorando llenos de picaduras y diciendo “¡Nos han picado unas avispas en el muslamen!”

Chiste de Forges con "muslamen" incluido.

(continuará)