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martes, 31 de marzo de 2020

Don Quijote y Sancho. Final alternativo.


Ilustración de Gustavo Doré


—No se me muera vuesa merced, que todavía quedan muchos entuertos por desfacer, que no hay mal que cien años dure y que llegará un día en que no habrá malhechores por los caminos asaltando a inocentes, ni ejércitos de hombres desalmados, ni infelices que padezcan cárcel por robar un trozo de pan, ni gentes que se enriquezcan con el sudor o el dolor ajenos, ni injusticias, ni calumnias, ni maldad… 

—Calla, calla, amigo Sancho, que bien parece que la cordura me viene a visitar cuando postrado en el lecho cuento las últimas horas de mi vida. Y que tú te has contagiado de la locura que abandoné, hasta el extremo de pensar que los tiempos venideros serán más llevaderos que los que hoy vivimos y que todo el mundo actuará con buen juicio y decencia.  Anduve loco, Sancho; pero nunca estuve tonto. La maldad es una enfermedad que no curan los siglos. Y no hay bálsamo milagroso para esta España de nuestros pecados.

jueves, 26 de marzo de 2020

Sancho habla con don Quijote

Imagen de Gustavo Doré

Diálogo imposible entre caballero y escudero 


—Mire vuesa merced que esos que llama molinos son gigantes, que las mozas de la venta no son rameras sino princesas enamoradas, que los pellejos de vino son desaforados malandrines y que, por obra de un encantamiento, un ejército de temerosos soldados viene a mostrarse engañosamente como un rebaño de pacíficas ovejas. 

—Bien se ve, amigo Sancho, que has perdido el juicio y que de tanto comer cebollas y ajos crudos se te ha secado el cerebro, que no hay cosa peor que un atracón con este sol de Dios y con el vino caliente que llevas en la bota. Dejemos las cosas como están: molinos, furcias, pellejos y rebaños. No demos oportunidad al diablo, que ya vendrá algún desaliñado escribidor a inventar historias descabelladas con las que ganar algún maravedí para llenar el puchero. Que los tiempos son duros. Y a buen entendedor pocas palabras.

jueves, 19 de marzo de 2020

El Quijote apócrifo II

Grabado de Gustavo Doré

El donoso escrutinio 

—Bien parece —dijo el licenciado— que don Alonso perdió el juicio por leer insensateces y que sería un favor mandar a la hoguera a tanto libro nefasto, que el diablo no duerme y anda siempre alerta entre los papeles para llevarse a los incautos y a los ingenuos. ¿Qué tenemos ahí?

—“El lazarillo de Tormes”— contestó el barbero.

—Perdonémosle la vida, que aunque irrespetuoso y mordaz tiene cosas provechosas. ¿Y ese otro?

—"El Quijote" de Avellaneda.

—Una burda imitación. Nunca segundas partes fueron buenas, de no ser que el propio autor decida continuar la historia. Rechacemos la copia y quedémonos con el original, que al fin y al cabo es a quien le debemos nuestra existencia. Así que este irá a la hoguera sin réplica. A la pira con él. ¿Y ese volumen tan gordo?

—“Las memorias de un expresidente”.

—Mucho papel me parece para tan exiguo mandato. Demasiado presuntuoso. Ni que fuera el rey de las Españas. Hoy en día cualquier gañán hace literatura y si no sabe escribir lo hace por encargo, que hay mucho escribidor necesitado. Señora, dejad bien abierta esa ventana y echadlo junto al otro al corral. ¿Y ese de más allá encuadernado en piel?

—“Cincuenta sombras del buey”.

—Basura de la peor calaña.  Pues vaya también por el mismo camino, que no veo en su lectura otro provecho que el beneficio del que lo escribió. A la hoguera con él.

Y así el ama con mucho contento y regocijo fue enviando al corral ventana abajo, uno tras otro, todos los libros infames que habían trastornado el juicio de su querido señor don Alonso Quijano. 


jueves, 12 de marzo de 2020

El Quijote apócrifo


Grabado de Gustavo Doré


Pasajes apócrifos de El Quijote 

No sé, avisado lector, si esto que aquí traigo es obra de algún desaprensivo que quiere mancillar el buen nombre de don Miguel de Cervantes. Tal vez sea idea malsana de un aprovechado que pretende medrar a expensas de su fama o quizá tan solo cosa del diablo que viene a tentarnos, pero no hace mucho llegaron a mis manos estos breves textos que pretenden hacerse pasar por ciertos. Y tal como llegaron a mí, los transcribo: 

1

Consejos de don Quijote a Sancho 

—Amigo Sancho: no te fíes ni de tu sombra, que vendrán aduladores a regalarte el oído para obtener un beneficio para ellos o causar un mal a su prójimo, que hay mucho aprovechado e hijo de Belcebú capaz de vender su honra por un plato de lentejas, que los tiempos son lo que son, y a río revuelto ganancia de pescadores. 

”No eches chorizo ni guisantes al arroz cuando hagas paella, que una cosa es la variedad en el gusto y otra la tropelía, el batiburrillo y el desaliño en el guisar, que no todo vale en el arte de la cocina. Y antes daríame yo treinta azotes que consentir comerme ese engendro, ese atropello para las papilas gustativas propias o ajenas. 

”No te dejes tentar ni por riquezas ni por lisonjas, que cuando des con tus huesos en la tierra no podrás llevártelas al otro mundo. Que todos acabaremos en el mismo sitio. Y serás recordado por lo que hiciste no por lo que tuviste. 

”Desconfía de los que inventan cosas que nunca dijimos ni tú ni yo: “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”; “cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”; “con la iglesia hemos topado”; etc, que hay mucho bulo circulando por la corte y mucho mentiroso que vive del engaño y algunos medran a la sombra de las mentiras y de la credulidad ajena, haciendo profesión de sus embustes.

”Lávate los pies con frecuencia, que quien viene a recibir consejo no debe ser castigado con efluvios apestosos ajenos que no sean la amabilidad y el buen criterio. Lávate a menudo también las manos que quien te la estrecha no sabes donde las tuvo metidas antes, que hay mucho guarro que se las mea o que no conoce higiene tras ordeñar sus vacas, que lo mismo les da tocar ubres que teta de su esposa. Que hasta el rey, por mucha corona que lleve, está obligado a mantener las manos limpias, amén de conservar la decencia, el buen ejemplo y la honorabilidad. Y no es de buen cristiano repartir pan al necesitado con las manos sucias.

(Continuará)

viernes, 2 de octubre de 2015

Homenaje cervantino

Dibujo de Gustavo Doré 

Este es uno de los tres trabajos que envié al concurso de microrrelatos que la editorial ArtGerust convocó en homenaje a la segunda parte de El Quijote.  
Aunque me seleccionaron y publicaron uno para la antología que se hizo después, no fue este; sin embargo, a mí es el que más me gusta. 
Y lo traigo aquí simplemente para compartirlo con vosotros.
Creo que caballero y escudero se han hecho un poco de lío con sus respectivos papeles. Tal vez se han contagiado el uno del otro:



 Diálogo entre caballero y escudero 

 - Mire vuesa merced que esos que llama molinos son gigantes, que las mozas de la venta no son rameras sino princesas, que los pellejos de vino son desaforados malandrines y que, por obra de un encantamiento, un ejército de temibles soldados viene a mostrarse engañosamente como un rebaño de pacíficas ovejas. 

- Bien se ve, amigo Sancho, que has perdido el juicio y que de tanto comer cebollas y ajos crudos se te ha secado el cerebro, que no hay cosa peor que un atracón con este sol de Dios y con el vino caliente que llevas en la bota. Dejemos las cosas como están: molinos, furcias, pellejos y rebaños. No demos oportunidad al diablo, que ya vendrá algún desaliñado escribidor a inventar historias descabelladas con las que ganar algún maravedí para llenar el puchero. Que los tiempos son duros. Y a buen entendedor pocas palabras. 

lunes, 28 de septiembre de 2015

Cervantes y las mujeres



En el Quijote tenemos gente letrada, como el licenciado Pedro Pérez, y gente iletrada, como el labrador Juan Haldudo; ávidos lectores, como el propio hidalgo y analfabetos crónicos, típicos de su época, como los pastores, el ventero y su mujer, los arrieros, Maritornes o Teresa Panza. Y también mercaderes, frailes, nobles y labriegos; estudiantes, danzantes, músicos y zagales; hidalgos y carreteros; comediantes y mozas del partido, como la Tolosa y la Molinera; bandoleros como Roque Guinart y gente de orden como el cura, el barbero, los cuadrilleros de la Santa Hermandad o el bachiller Sansón Carrasco. 
Y no faltan pícaros, como Ginés de Pasamonte o “Ginesillo”, quien aparece y reaparece varias veces en la obra como ladrón del rucio de Sancho, como galeote de aquellos que liberó el caballero y por ellos fue mal pagado, y también como Maese Pedro, el titerero, con su retablo de Melisendra. 

Cervantes es un gran conocedor de tipos humanos. No se queda atrás en lo referente al mundo femenino, que presenta una gran diversidad. La grandeza de Cervantes estriba en que no se decanta por un tipo determinado de mujer, a la que habría de dotar del máximo de virtudes o del mayor número de defectos, sino que las presenta con sus cualidades y sus vicios, de forma totalmente realista, ya se trate de una madre, de una ama de casa o de una prostituta que se busca la vida por esos caminos. Así nos ofrece un amplio repertorio de damas, aristócratas, campesinas, criadas, mujeres de la vida, cristianas o moriscas. A la única que le concede el honor de tener solo cualidades y virtudes es a la idealizada dama que ocupa el corazón del caballero, a Dulcinea del Toboso, precisamente por no tratarse de un personaje real. 



No faltan pues las mujeres fuertes, valientes, independientes, que eligen su camino libremente, las mujeres preparadas, con cierta cultura, como Dorotea, gran lectora y actriz, que opta por vivir sola e interpreta el papel de la princesa Micomicona. O el caso de Marcela, la pastora que no quiere someterse a ningún hombre, que pelea por sus derechos y prefiere vivir sola y libre por los montes: “Yo nací libre, y para vivir libre escogí la soledad de los campos”. Según todo esto, Cervantes muestra una concepción de la mujer que se aparta de los cánones de sumisión y obediencia de la época cuando nos ofrece casos como el de Dorotea y Marcela, dos mujeres independientes que han elegido el ser libres y no estar sujetas a la tutela del marido. 
No es el concepto de mujer que tenían otros escritores del Siglo de Oro, como Calderón de la Barca, Lope de Vega o Tirso de Molina, mucho más tradicionales y machistas. En esto, como en otras muchas cosas, Cervantes era un adelantado a su tiempo. 
Tal vez el entorno familiar en el que se crió el escritor tuvo algo que ver en todo esto. En efecto, su madre, Leonor de Cortinas, era una mujer fuerte y sensata, segura de sí misma y con las cosas muy claras, mientras su padre era de carácter más débil y mediocre y con frecuente tendencia a convertirse en víctima de los acontecimientos. Vivió el autor además rodeado de mujeres: su madre, la abuela paterna, una tía, sus hermanas. Su madre además sabía leer y era aficionada a la lectura, por lo que seguramente influyó en los incipientes gustos literarios del escritor alcalaíno. Aunque de origen campesino, también era aficionada a la lectura la propia mujer del escritor, Catalina de Salazar. 
El concepto pues que tenía Cervantes de las mujeres no era el que comúnmente se aceptaba en su época como válido.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Miguel de Cervantes y sus personajes. Segunda parte: el mundo de los renegados


Toda la obra cervantina está repleta de referencias a este peculiar y variopinto mundo de personajes que pululaban por tierras de ambos lados del Mediterráneo. Desde El Quijote hasta Los baños de Argel, pasando por las Novelas ejemplares. 
Y dentro de ese mosaico tan variado destacan con especial fuerza los "renegados". 
Así nos encontramos con personajes como Ricote, el morisco vecino de Sancho, que no duda en sacar la bota de vino para demostrar a todo el mundo que renegó de su antigua fe. 

 Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco.

El Quijote. Cap. LIV, 2ª parte. 

O con Alí Bajá, más conocido como Uchalí, “el Calabrés Tiñoso”, que en un principio se llamaba Dionisio Galea, un joven que al parecer se dedicaba a la pesca y que fue capturado en Calabria por los turcos. Según el informe del contador Alonso Sánchez, realizado en ocasión del levantamiento morisco de las Alpujarras, el calabrés fue apresado con tan solo 18 años de edad (citado en la obra que figura a pie de página) . Tras su captura, pasó un tiempo de esclavo galeote en las naves berberiscas, dejó el cristianismo y se hizo musulmán. De ahí su nuevo nombre: Uchalí u Ochalí,  el "renegado Alí". 

En resolución, la armada volvió a Constantinopla triunfante y vencedora, y de allí a pocos meses murió mi amo el Uchalí, al cual llamaban Uchalí Fartax, que quiere decir en lengua turquesca ‘el renegado tiñoso’, porque lo era, y es costumbre entre los turcos ponerse nombres de alguna falta que tengan o de alguna virtud que en ellos haya; y esto es porque no hay entre ellos sino cuatro apellidos de linajes, que descienden de la casa otomana, y los demás, como tengo dicho, toman nombre y apellido ya de las tachas del cuerpo, y ya de las virtudes del ánimo. Y este Tiñoso bogó el remo, siendo esclavo del Gran Señor, catorce años, y a más de los treinta y cuatro de su edad renegó, de despecho de que un turco, estando al remo, le dio un bofetón, y por poderse vengar dejó su fe; y fue tanto su valor, que, sin subir por los torpes medios y caminos que los más privados del Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y después a ser general de la mar, que es el tercero cargo que hay en aquel señorío. Era calabrés de nación, y moralmente fue hombre de bien, y trataba con mucha humanidad a sus cautivos, que llegó a tener tres mil. 

El Quijote, cap. XL 1ª parte. 


Y de cautivo, se convirtió en capitán o arráez corsario. Con el tiempo prosperó y llegó a desempeñar en Estambul y en Argel diversos cargos. Luego fue gobernador de Trípoli, enriqueciéndose con la trata de cautivos. Combatió en Lepanto contra la armada española. Y logró regresar sano y salvo. Llegó a ser almirante de la armada turca y siempre fue extremadamente beligerante contra los intereses españoles. Fue un hombre tocado por la fortuna, un emprendedor que se hizo a sí mismo. 

Batalla de Lepanto. H. Letter.  National Maritime Museum

El corsario muladí mediterráneo entra dentro de la categoría de los mitos clásicos modernos de ascenso social, sin duda, y entre esos corsarios el calabrés Uchalí, como le llama Cervantes, destaca con luz propia, hasta parangonarse con sus contemporáneos Juan de Austria o Francis Drake, dos de esos capitanes del mar como él y con los que llegó a relacionarse. De joven esclavo galeote, Uchalí (1518-1587), por su esfuerzo, valor y fortuna, llegó a convertirse en uno de los hombres más influyentes de su época tanto en asuntos militares como en la construcción naval, en el control del comercio del trigo o en el tráfico de mano de obra y en el mundo financiero del momento. Un mito de la irrupción, en fin, del hombre económico moderno. Esta biografía quiere ser también una antología, lo más amplia y rica posible, de aquellos relatos de la frontera sobre el personaje; una verdadera «literatura de avisos», de los que emerge la figura del calabrés de nación y turco de profesión con toda su potencia de mito afortunado y maquiavélico reconocido así por sus propios contemporáneos. Pero también emerge en esa literatura en torno a Uchalí, ese mundo oriental que en el Romanticismo se convirtió en un mito exótico que impidió comprender en toda su potencia aquella realidad. (1)

(1) “Uchalí. El calabrés tiñoso, o el mito del corsario muladí en la frontera”. Emilio Sola Castaño. Ed. Bellaterra. Barcelona, 2010.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Miguel de Cervantes y sus personajes



Cervantes no solo es el autor del Quijote, aunque solo por eso ya merecería estar en el selecto grupo de los escritores inmortales, algo que se tiene ganado por su gran aportación a las letras y que nadie discute, sobre todo más allá de nuestras fronteras. 
Cervantes es también un testigo de su tiempo, un conocedor de lugares y personajes, un viajero infatigable que, por avatares de su vida, tuvo que verse obligado a abandonar la comodidad del hogar y en diversos momentos dejar el secano de las áridas tierras mesetarias del interior y hacer el petate para marchar lejos e, incluso, embarcarse y recorrer el Mediterráneo. 
A diferencia de otros autores, como por ejemplo Lope de Vega, la vida del ingenioso escritor de Alcalá no fue un camino fácil. La prosperidad y la felicidad frecuentemente le dieron la espalda. Hubo muchos sinsabores en su vida: conoció la cárcel, la guerra y el cautiverio. 
Y sobre todo, se vio obligado a viajar mucho. 
En unas ocasiones, por razones familiares, debió acompañar por diversas ciudades  a su padre, Rodrigo de Cervantes, cirujano barbero y algo sordo. Lo que le permitió al joven Miguel conocer multitud de sitios y tipos humanos y familiarizarse con sus hablas. El padre del escritor tuvo que trasladarse varias veces de ciudad, en unas ocasiones por las deudas, en otras, por haber sido hecho preso o por probar fortuna en otros lugares. Así, de Alcalá se trasladó la familia a Valladolid y de Valladolid a Córdoba. Después a Sevilla, puerta de América. Y más tarde a Madrid, capital ya del reino. 


En otras ocasiones, el traslado vino por cuestiones profesionales del propio escritor: nombramiento como comisario real de abastos, (recaudador de especies para la Armada Invencible). Y en algunas otras, forzado por contratiempos externos debido a su condición de combatiente, con un largo cautiverio en Argel durante cinco años, los más importantes de su edad adulta. 
No faltó tampoco la ocasión en la que nuestro “comedido hidalgo” dio con sus huesos en la cárcel, (nombrado recaudador de impuestos, al parecer quebró el banco donde tenía depositado dinero que después debía entregar) lo que también contribuyó a conocer tipos diversos, incluyendo a menesterosos y rufianes que tanto juego le dieron en el diseño de sus personajes.

Cervantes llegó a conocer muchas historias reales, variedad de lugares y abundantes tipos humanos que entre todos aportaron lo suyo para el diseño de sus historias. 
Muchos de los personajes no fueron inventados, sino que existieron realmente, gente de carne y hueso. 
Así parece que Pedro de Villaseñor, amigo del propio escritor, y Francisco de Acuña, hidalgo manchego también, decidieron matarse a lanzazo limpio en el camino que va del Toboso a Miguel Esteban. Para ello no dudaron en ponerse armaduras, cascos, cotas de malla, escudos y dagas. 
Eso al menos es lo que nos cuentan el historiador Francisco Javier Escudero y la arqueóloga Isabel Sánchez Duque. (1) 
Del mismo modo, estos investigadores afirman que la venta en la que fue armado caballero don Quijote existió realmente en Mota del Cuervo (Cuenca). 
Y parece ser que además dieron con un tal Rodrigo Quijada, otro hidalgo de la zona, natural del Campo de Montiel, quien al parecer iba imponiendo su ley, amedrentando a todo el mundo. Y que Cervantes se propuso ridiculizarlo.
Todo ello constituyó parte importante del fondo documental del autor y quedó reflejado en su obra como material vivencial de primera clase. 
Fundamentalmente en el diseño de tipos humanos.
Como nos recuerda el amigo Emilio Sola (2), “sobre todo de gentes de frontera, mercaderes, viajeros, esclavos, gobernantes y gente en busca de fortuna y supervivencia, y también judíos, turcos, moriscos, muladíes o renegados, cristianos o musulmanes nuevos, nobles y plebeyos”. 
Un conocimiento profundo que dota a su obra de gran verosimilitud, hasta el punto de poder afirmar que “en ninguna obra literaria europea contemporánea se puede hallar un panorama social y cultural de tanta amplitud y tratado con tal distanciamiento, ecuanimidad y conocimiento de lo narrado.” (3) 
Emilio Sola Castaño es profesor de Historia Moderna de la Universidad de Alcalá. Antes lo fue de las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid (1969-1976) y de la Universidad de Orán (Argelia, 1976-1984). Es autor, entre otras cosas, de "Uchalí, el Calabrés Tiñoso o el mito del corsario muladí en la frontera", Barcelona, Bellaterra, 2010. También es escritor, accesit de poesía Adonais de 1974 y premio Café Gijón de novela corta en 1984. Es coordinador del Archivo de la Frontera.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La libertad

Imagen en Wikipedia

"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida."

Miguel de Cervantes Saavedra


lunes, 18 de mayo de 2009

Una lectura de El Quijote


De Gustavo Doré en Wikipedia




Yo siempre he afirmado que entre la Historia y la Literatura hay vínculos estrechos, espacios comunes, porque las obras son hijas de su tiempo. Y así como el arte nos sirve para entender mejor una época, las obras literarias nos permiten conocer mejor el tiempo en que fueron escritas.
Cervantes conoció dos siglos y vivió la época de Felipe II y la de Felipe III.
El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha es una obra renacentista, pero también es una obra con pinceladas barrocas.
La primera parte se publica en 1605. La segunda parte ve la luz en 1615
Aparecida durante el reinado de Felipe III, se trata de una novela a caballo –nunca mejor dicho para una supuesta novela de caballerías- entre dos épocas, las que conoció su autor:
La perteneciente al siglo XVI, época de esplendor, de los llamados Austrias Mayores, victoria de Lepanto incluida, ocasión de orgullo para un damnificado Cervantes, que finaliza cuando llega Felipe III.
Y la relativa a la decadencia de los Austrias menores, donde España dejará de ser una potencia de primer orden, y que tiene su inicio también con el “incapaz” Felipe III y el suceso desafortunado de la expulsión de los moriscos en 1609, al que luego haremos mención.

Comparemos brevemente las dos partes de la obra.

En el prólogo de la primera parte hay humor, poesías de tono divertido, sonetos burlescos de diversos personajes del mundo de la caballería andante.
El autor se propone utilizar su personaje para ridiculizar las novelas de caballerías y para hacernos reír con sus locas historias.
La primera parte es más optimista y vitalista. Nuestro caballero es el “Ingenioso Hidalgo”, el personaje resuelve situaciones, actúa sobre los acontecimientos, los enredos son más cómicos, de los percances el caballero se recupera siempre y su optimismo le hace seguir buscando nuevas aventuras...
La misión del caballero es “desfacer entuertos”, ayudar a los abandonados por la fortuna. Y hay gigantes, que no molinos. Y hay ejércitos, que no rebaños. Y hay dama agraciada, que no ruda moza. Y hay yelmo de Manbrino, que no bacía de barbero. Y hay un vizcaíno peleón que habla una “mala lengua castellana”. Y hay un bálsamo de “Fierabrás” con efectos secundarios insospechados. Es decir: situaciones casi siempre muy cómicas.


Delire Lucide, en Flickr



En la segunda parte, ya en el prólogo, la cosa empieza a ponerse seria. Cervantes se queja del plagio de un tal Avellaneda y de sus insultos indirectos al ser llamado viejo y manco. Cervantes se defiende:
“Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.”
La segunda parte es más cruda, más pesimista, más enrevesada y barroca, como corresponde a la época, hay más crueldad, las burlas son más duras, las bromas sufridas son de peor gusto (véase el asunto de la Ínsula Barataria) , los acontecimientos pueden con el personaje, nuestro hidalgo se convierte en el “caballero de la triste figura”, los apaleamientos o “molimientos” son más duros, sus caídas son lamentables y tristes... ya no se repone tan fácilmente de las derrotas. Cuando el Caballero de la Blanca Luna –o sea, el bachiller Sansón Carrasco- le vence, don Quijote sufre una doble derrota: física y moral. Abandona. Tira la toalla. Al final todo se resuelve con muerte, una muerte doble: la del caballero primero, al recobrar la cordura, y la de don Alonso Quijano después.
Sobre el asunto de la expulsión de los moriscos, al que antes hacía referencia al referirme a Felipe III, hay una clara alusión en El Quijote, concretamente en el capítulo 54 de esta segunda parte,.
Ricote, paisano y vecino de Sancho Panza, aparece disfrazado de peregrino para que no lo reconozcan. Invita a Sancho a comer a la sombra de unos árboles y el escudero comenta:
“Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco”
Cervantes utiliza el asunto del vino con la clara intención de demostrar que los moriscos son cristianos conversos. ¿Dónde se ha visto si no que los musulmanes beban vino?
Más adelante, refiriéndose a la expulsión, el propio Ricote comenta:
“Fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro, la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural”