Me
andaban buscando. Sabía que tarde o temprano darían conmigo. Y eso
sería el final.
Por
esa razón, aquella mañana lluviosa de febrero, decidí poner tierra
de por medio y largarme de la ciudad. Cogí el primer tren que salía
para el sur. Por equipaje solo llevaba un libro y una pequeña maleta
con apenas un par de cosas.
Subí
al tren. Tomé asiento junto a la ventanilla. Al principio no había
más pasajeros en mi departamento. Cuando inició con lentitud la
marcha, un hombre de traje gris y sombrero llegó corriendo por el
andén y logró subirse en el último momento. Se sentó enfrente de
mí. Se me quedó mirando fijamente. Aquello me incomodó mucho.
Luego, sin apartar su mirada, me dijo muy serio:
—Andaba
buscando a un tipo para matarle, pero al final he preferido
abandonar la misión y coger el primer tren que partiera para el sur.
Estoy harto de esta vida. ¿Y usted?
—Yo
también. Esperaba el encuentro. Sabía que llegaría este momento.
El
tren enfiló velozmente la entrada en un túnel. El traqueteo
resonaba dentro del vagón con un ritmo frenético y machacón.
Luego
descarriló. No sobrevivimos ninguno de los dos.

Estaba escrito. No se puede huir del destino
ResponderEliminarBesos, Cayetano
Ese es el tema. La lectura es una simple metáfora de ello.
EliminarUn abrazo, Arantza.
Para ser un narrador omnisciente tampoco necesita estar vivo. Y es que en verdad, cada uno cuenta cuando le parece bien y lo que le parece bien. Me quedo con la intriga mal sana de saber qué son ese par de cosas llevaba en la pequeña maleta.
ResponderEliminarEs que habla desde el más allá. Tú que crees en esas cosas lo entenderás. Jejeje.
EliminarLa maleta es para despistar. El guionista del corto pensó que todo viaje necesita algo de equipaje, aunque sea ligero, que diría Nino Bravo o don Antonio.
Un abrazo, Paco.
No se puede huir del destino.
ResponderEliminarUn saludo
Sí, señor. Ese es el tema central. Lo otro, no es otra cosa que el envoltorio, que podría haber sido diferente.
EliminarUn saludo, Carlos.
Buena película.
ResponderEliminarSiento contarte que como estoy cuidando de mi enferma Zola a tiempo completo estaré un tiempo ausente de blogger.
Un saludo Cayetano.
Vaya. Esperemos que se te ponga buena pronto.
EliminarUn saludo, Emejota.
Felicidades ¡¡¡¡¡
ResponderEliminarMuchas gracias, Miquel.
EliminarUn saludo.
Muy bueno tu relato. Recuerdo cuando lo leí la primera vez. No se puede escapar del destino. Cuando toca, toca.
ResponderEliminarBesos
Buena memoria la tuya.
EliminarY sí, ese es el mensaje.
Un abrazo, Myriam.
Me ha recordado a esa cita con la muerte en Samarkanda.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho, con un sabor a cuento clásico por el escenario, el desarrollo y el desenlace.
Brillante.
Muchas gracias.
EliminarUn saludo, Pitt Tristán.
Decía mi abuelo que lo que se busca se encuentra...Lo encontraron porque lo buscaban...
ResponderEliminarSaludos Cayetano
Cuando escribes una historia, muchas veces no sabes por qué. Luego la relees y ves los comentarios ajenos, como el tuyo. Y el cuento va cobrando significado.
EliminarUn saludo, Manuel.
Genial. Me encantó el relato, Cayetano!
ResponderEliminarGracias, Laura. Un abrazo.
EliminarPregunat: Si no sobrevivieron los dos,quien cuenta la historia en primera persona,el fantasma?
ResponderEliminarSaludos
Exacto. Lo cuenta desde el más allá o desde la tumba, como Juan Preciado en Pedro Páramo.
EliminarUn saludo.
Lo leí en "Ida y vuelta" Hay lugares de los que no se vuelve nunca.
ResponderEliminarTienes buena memoria.
EliminarAquí la vuelta -imposible en una vida que terminó- la realiza un difunto con su recuerdo desde el más allá.
Saludos, Anna.
El traqueteo del tren ayuda mucho y la oscuridad del túnel es la aliada de muchas complicidades.
ResponderEliminarMuy buen texto, amigo mío, te felicito.
Francesc Cornadó
Son dos elementos que imponen tensión, la adecuada para el desenlace que va a tener lugar.
EliminarMuchas gracias por tu felicitación.
Un abrazo, Francesc.
Los viajes en tren tienen ese algo... ;)
ResponderEliminarUn saludín.
Mientras no descarrile vamos bien.
EliminarSaludos, Xurxo.
No es como extraños en un tren, pero podría haberlo sido.
ResponderEliminarSaludos.
El tres es un vehículo muy apropiado para contar historias. Nunca mejor dicho.
EliminarSaludos, DLT.
El tren fue una fuente inagotable de historias vividas y contadas. Puede seguir siendo. Antes se contaba con el factor tiempo más lento y otra sociología del viaje. Hoy día se pueden narrar historias, pero pueden salir vertiginosas y poco enriquecidas, como el viaje mismo, y un hándicap: demasiados medios técnicos incorporados a cada pasajero que hace que este no viaje, solo se desplace. En cuanto al desarrollo de tu relato, me ha despistado en su magnífica brevedad. Me has hecho tomar simpatía por ambos pasajeros -más por el matón, acaso por su arrepentimiento de la tarea- y creí que se iban a beneficiar de algo así como un viaje de confidencias o la puerta de una jugosa amistad. Pero vas y aplicas la sentencia inexorable. Bien por la sorpresa.
ResponderEliminarMe pasa con frecuencia que empiezo una historia y ni yo sé cómo va a terminar. Debe haber un lugar en la mente que controla el asunto. Luego lo analizas y te das cuenta de que tiene sentido y obedece a una temática concreta: el destino de las personas.
EliminarUn saludo, Fackel.
"Tampoco lo merecíamos".
ResponderEliminarSaludos,
J.
Cierto; pero el destino es muy suyo.
EliminarUn saludo, J.
Recordaba bien el cuento. Corto y efectivo.
ResponderEliminarPero si piensas en que un día, en un tren, se te sienta alguien así al lado y se te queda mirándote fijamente...
Piensas: este viene a por mí. O es el revisor que me va a pedir el billete.
EliminarSaludos, Ana.
¡Madre mía! A medida que iba leyendo, me imaginé una esecena parecida a "Extraños en un tren" de Highsmith, pero me equivocaba...
ResponderEliminarUn saludo
Los trenes dan mucho juego, perp los antiguos, los de humo y carbonilla. En el AVE no puede ocurrir nada interesante. Va demasiado deprisa y ponen películas.
EliminarUn saludo, Carmen.
A veces nos dirigimos hacia nuestro destino sin ningún otro camino alterno.
ResponderEliminarSAludos.
La fuerza del destino. Para los que creen en ello.
EliminarUn saludo, Manuela.
Ma mejor manera de acabar con los dos de un plumazo. Un saludo.
ResponderEliminarY con los demás pasajeros, me imagino. Jejeje.
EliminarUn saludo.
A veces es mejor quedarse en el andén y perder el tren...aunque tengamos que seguir huyendo.
ResponderEliminarSaludos
Como pasó en algún caso cuando los atentados de Atocha.
EliminarUn saludo.
Me estaba imaginando de todo menos este final Cayetano, relato corto y muy bueno.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Conchi.
EliminarUn abrazo.
Muy bueno el cuento, breve y conciso. El tren da mucho juego para escribir cuentos de intriga.
ResponderEliminarAl final los dos tuvieron el mismo destino.
Saludos Cayetano
Puri
Gracias, Puri. El tren, el antiguo, siempre me pareció fascinante.
EliminarUn saludo.