No
perdamos la perspectiva, decía doña Rosa, la dueña del café aquel
de La Colmena.
Mira que te lo advertí —opinaba tu madre—.
Esa mujer no te conviene.
Mira, dijo un ciego.
Ya veremos,
dijo otro.
Mirando el mar soñé que estabas junto a mí,
entonaba Jorge Sepúlveda con mucho sentimiento.
¡Y tú,
qué miras! (provocando).
¿Y tú, cómo miras, con qué miras?
El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas. Es ojo porque te ve (en plan machadiano).
Luego está la literatura. El relato es una mirada literaria sobre la realidad.
Y
las hay seductoras, inquisitivas, penetrantes, vagas, terribles,
profundas, esquivas...
Miradas tristes, furtivas, ardientes,
frías, recelosas, escrutadoras...
La
mirada de la mujer de Lot cuando contempla Sodoma desde una distancia
prudencial y se queda de piedra (algo salada, creo).
No mires
atrás, decían los componentes de Boston.
Sebastián, el
solterón mironcete encargado de la mercería, daba siempre un repaso
visual a las clientas que entraban en su tienda a comprar botones o
cosas de lencería.
Joan también Miró.
Por
una mirada, un mundo. Por una sonrisa, un cielo, decía Gustavo.
Mira
qué eres canalla. Eso no se hace a quien te quiere bien, nos cantaba
el Aute.
Regardez la gilopolluá, decían Tip y Coll en el
numerito de la jarra con agua y el vaso.
Y al volver la vista
atrás —el amigo Antonio, premonitoriamente, mucho antes de
abandonar España— se ve la senda que nunca has de volver a
pisar.
El niño —que está en la luna, muy lorquiana por
cierto— la mira, mira, el niño la está mirando.
Mira qué
eres linda, qué bonita eres... El piropo con aire de bolero. Bolero
debe ser el que hace bolos en las fiestas de los pueblos o el
mentiroso compulsivo que te mete una bola. Muchos mentirososo son
incapaces de aguantarte la mirada.
En los viajes en tren me gusta ir sentado junto a la ventanilla de espaldas al sentido de la marcha. Ir viendo como se van empequeñeciendo en la distancia hasta desaparecer las casas, los prados, los postes... perdiéndose a lo lejos. Muy evocador y poético todo. Pues no deja de ser una mirada al pasado, a lo que se va, a lo que se fue. En ese momento la nostalgia se apodera del que no tiene otro entretenimiento que mirar, soñoliento o tal vez aburrido, por la ventanilla.
Siempre la ventanilla es mejor ocupación, amigo lector, que mirar el mundo a través de una pantalla como esta.
