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jueves, 24 de septiembre de 2015

Miguel de Cervantes y sus personajes. Segunda parte: el mundo de los renegados


Toda la obra cervantina está repleta de referencias a este peculiar y variopinto mundo de personajes que pululaban por tierras de ambos lados del Mediterráneo. Desde El Quijote hasta Los baños de Argel, pasando por las Novelas ejemplares
Y dentro de ese mosaico tan variado destacan con especial fuerza los "renegados". 
Así nos encontramos con personajes como Ricote, el morisco vecino de Sancho, que no duda en sacar la bota de vino para demostrar a todo el mundo que renegó de su antigua fe. 

 Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco.

El Quijote. Cap. LIV, 2ª parte. 

O con Alí Bajá, más conocido como Uchalí“el Calabrés Tiñoso”, que en un principio se llamaba Dionisio Galea, un joven que al parecer se dedicaba a la pesca y que fue capturado en Calabria por los turcos. Según el informe del contador Alonso Sánchez, realizado en ocasión del levantamiento morisco de las Alpujarras, el calabrés fue apresado con tan solo 18 años de edad (citado en la obra que figura a pie de página) . Tras su captura, pasó un tiempo de esclavo galeote en las naves berberiscas, dejó el cristianismo y se hizo musulmán. De ahí su nuevo nombre: Uchalí u Ochalí,  el "renegado Alí". 

En resolución, la armada volvió a Constantinopla triunfante y vencedora, y de allí a pocos meses murió mi amo el Uchalí, al cual llamaban Uchalí Fartax, que quiere decir en lengua turquesca ‘el renegado tiñoso’, porque lo era, y es costumbre entre los turcos ponerse nombres de alguna falta que tengan o de alguna virtud que en ellos haya; y esto es porque no hay entre ellos sino cuatro apellidos de linajes, que descienden de la casa otomana, y los demás, como tengo dicho, toman nombre y apellido ya de las tachas del cuerpo, y ya de las virtudes del ánimo. Y este Tiñoso bogó el remo, siendo esclavo del Gran Señor, catorce años, y a más de los treinta y cuatro de su edad renegó, de despecho de que un turco, estando al remo, le dio un bofetón, y por poderse vengar dejó su fe; y fue tanto su valor, que, sin subir por los torpes medios y caminos que los más privados del Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y después a ser general de la mar, que es el tercero cargo que hay en aquel señorío. Era calabrés de nación, y moralmente fue hombre de bien, y trataba con mucha humanidad a sus cautivos, que llegó a tener tres mil. 

El Quijote, cap. XL 1ª parte. 


Y de cautivo, se convirtió en capitán o arráez corsario. Con el tiempo prosperó y llegó a desempeñar en Estambul y en Argel diversos cargos. Luego fue gobernador de Trípoli, enriqueciéndose con la trata de cautivos. Combatió en Lepanto contra la armada española. Y logró regresar sano y salvo. Llegó a ser almirante de la armada turca y siempre fue extremadamente beligerante contra los intereses españoles. Fue un hombre tocado por la fortuna, un emprendedor que se hizo a sí mismo. 

Batalla de Lepanto. H. Letter.  National Maritime Museum

El corsario muladí mediterráneo entra dentro de la categoría de los mitos clásicos modernos de ascenso social, sin duda, y entre esos corsarios el calabrés Uchalí, como le llama Cervantes, destaca con luz propia, hasta parangonarse con sus contemporáneos Juan de Austria o Francis Drake, dos de esos capitanes del mar como él y con los que llegó a relacionarse. De joven esclavo galeote, Uchalí (1518-1587), por su esfuerzo, valor y fortuna, llegó a convertirse en uno de los hombres más influyentes de su época tanto en asuntos militares como en la construcción naval, en el control del comercio del trigo o en el tráfico de mano de obra y en el mundo financiero del momento. Un mito de la irrupción, en fin, del hombre económico moderno. Esta biografía quiere ser también una antología, lo más amplia y rica posible, de aquellos relatos de la frontera sobre el personaje; una verdadera «literatura de avisos», de los que emerge la figura del calabrés de nación y turco de profesión con toda su potencia de mito afortunado y maquiavélico reconocido así por sus propios contemporáneos. Pero también emerge en esa literatura en torno a Uchalí, ese mundo oriental que en el Romanticismo se convirtió en un mito exótico que impidió comprender en toda su potencia aquella realidad. (1)

(1) “Uchalí. El calabrés tiñoso, o el mito del corsario muladí en la frontera”. Emilio Sola Castaño. Ed. Bellaterra. Barcelona, 2010.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Miguel de Cervantes y sus personajes



Cervantes no solo es el autor del Quijote, aunque solo por eso ya merecería estar en el selecto grupo de los escritores inmortales, algo que se tiene ganado por su gran aportación a las letras y que nadie discute, sobre todo más allá de nuestras fronteras. 
Cervantes es también un testigo de su tiempo, un conocedor de lugares y personajes, un viajero infatigable que, por avatares de su vida, tuvo que verse obligado a abandonar la comodidad del hogar y en diversos momentos dejar el secano de las áridas tierras mesetarias del interior y hacer el petate para marchar lejos e, incluso, embarcarse y recorrer el Mediterráneo. 
A diferencia de otros autores, como por ejemplo Lope de Vega, la vida del ingenioso escritor de Alcalá no fue un camino fácil. La prosperidad y la felicidad frecuentemente le dieron la espalda. Hubo muchos sinsabores en su vida: conoció la cárcel, la guerra y el cautiverio. 
Y sobre todo, se vio obligado a viajar mucho. 
En unas ocasiones, por razones familiares, debió acompañar por diversas ciudades  a su padre, Rodrigo de Cervantes, cirujano barbero y algo sordo. Lo que le permitió al joven Miguel conocer multitud de sitios y tipos humanos y familiarizarse con sus hablas. El padre del escritor tuvo que trasladarse varias veces de ciudad, en unas ocasiones por las deudas, en otras, por haber sido hecho preso o por probar fortuna en otros lugares. Así, de Alcalá se trasladó la familia a Valladolid y de Valladolid a Córdoba. Después a Sevilla, puerta de América. Y más tarde a Madrid, capital ya del reino. 


En otras ocasiones, el traslado vino por cuestiones profesionales del propio escritor: nombramiento como comisario real de abastos, (recaudador de especies para la Armada Invencible). Y en algunas otras, forzado por contratiempos externos debido a su condición de combatiente, con un largo cautiverio en Argel durante cinco años, los más importantes de su edad adulta. 
No faltó tampoco la ocasión en la que nuestro “comedido hidalgo” dio con sus huesos en la cárcel, (nombrado recaudador de impuestos, al parecer quebró el banco donde tenía depositado dinero que después debía entregar) lo que también contribuyó a conocer tipos diversos, incluyendo a menesterosos y rufianes que tanto juego le dieron en el diseño de sus personajes.

Cervantes llegó a conocer muchas historias reales, variedad de lugares y abundantes tipos humanos que entre todos aportaron lo suyo para el diseño de sus historias. 
Muchos de los personajes no fueron inventados, sino que existieron realmente, gente de carne y hueso. 
Así parece que Pedro de Villaseñor, amigo del propio escritor, y Francisco de Acuña, hidalgo manchego también, decidieron matarse a lanzazo limpio en el camino que va del Toboso a Miguel Esteban. Para ello no dudaron en ponerse armaduras, cascos, cotas de malla, escudos y dagas. 
Eso al menos es lo que nos cuentan el historiador Francisco Javier Escudero y la arqueóloga Isabel Sánchez Duque. (1) 
Del mismo modo, estos investigadores afirman que la venta en la que fue armado caballero don Quijote existió realmente en Mota del Cuervo (Cuenca). 
Y parece ser que además dieron con un tal Rodrigo Quijada, otro hidalgo de la zona, natural del Campo de Montiel, quien al parecer iba imponiendo su ley, amedrentando a todo el mundo. Y que Cervantes se propuso ridiculizarlo.
Todo ello constituyó parte importante del fondo documental del autor y quedó reflejado en su obra como material vivencial de primera clase. 
Fundamentalmente en el diseño de tipos humanos.
Como nos recuerda el amigo Emilio Sola (2), “sobre todo de gentes de frontera, mercaderes, viajeros, esclavos, gobernantes y gente en busca de fortuna y supervivencia, y también judíos, turcos, moriscos, muladíes o renegados, cristianos o musulmanes nuevos, nobles y plebeyos”
Un conocimiento profundo que dota a su obra de gran verosimilitud, hasta el punto de poder afirmar que “en ninguna obra literaria europea contemporánea se puede hallar un panorama social y cultural de tanta amplitud y tratado con tal distanciamiento, ecuanimidad y conocimiento de lo narrado.” (3) 
Emilio Sola Castaño es profesor de Historia Moderna de la Universidad de Alcalá. Antes lo fue de las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid (1969-1976) y de la Universidad de Orán (Argelia, 1976-1984). Es autor, entre otras cosas, de "Uchalí, el Calabrés Tiñoso o el mito del corsario muladí en la frontera", Barcelona, Bellaterra, 2010. También es escritor, accesit de poesía Adonais de 1974 y premio Café Gijón de novela corta en 1984. Es coordinador del Archivo de la Frontera.

viernes, 15 de julio de 2011

La isla


              "En Formentera todos los caminos llevan al mar..."  

Así decía un hermoso poema de un libro de Emilio Sola dedicado precisamente a ese trocito de paraíso llamado Formentera.
Sobre Emilio, historiador, profesor y poeta, además de compañero de rimas y sueños, ya os conté algo tiempo atrás, en otra entrada.
La Isla fue accésit del premio Adonais en 1974. Un libro, en buena medida simbólico, que destilaba por sus poros mar y juventud, desencanto y nostalgia...

Fotos de hace unos días y recién salidas del horno

"Preferible es la muerte bajo un árbol con un amigo cerca que te llora
que el sonido de monstruosas máquinas recorriendo tus íntimas habitaciones"


La Isla: un espacio metafórico y a la vez real, paraíso perdido, paradigma de la libertad y del encuentro entre culturas, antítesis de un mundo prosaico... Para muchos, este libro iba unido a un sueño de libertad en un tiempo no muy lejano, cuando la vieja Europa decidió renunciar definitivamente a sus viejos sueños en aras de algo llamado progreso...

El libro apareció en un momento de cambio para España, cuando faltaban pocos meses para que el franquismo llegara a su fin. Pero también eran los tiempos en que se completaba la descolonización de África, siguiendo unas directrices claramente marcadas por los intereses de las potencias occidentales. Tiempos pues de anhelos de un mundo mejor y de desencanto para muchos.

Recuerdos aquellos de juventud que hoy traigo tras mi estancia en la isla, perdido y desconectado del mundo exterior...

"pero hay un puente de ternura que une nuestras distancias
está el hilo del gran dolor del mundo que vemos compartido
están las lágrimas tejiendo un fino sudario para dos y amenaza la destrucción de tanta dicha"

Porque Formentera sigue estando ahí, casi virgen, abriendo sus hospitalarios brazos a tanto náufrago sediento de arena...
...

Y parece que este verano la cosa va de "islas", puesto que estos días ve la luz el nuevo libro de Rosa, "Isla Cueva Lobos" que se acaba de publicar. Enhorabuena, Rosa, por tu nueva novela. Creo que hace la número 7. Por si alguno no la conoce, Rosa es autora, entre otros libros de El Emboscado, novela ambientada en la Edad Media de la que en su día hice un comentario en este mismo blog.
Rosa: te debo varias lecturas. No creas que las echo en el saco del olvido. Tiempo al tiempo.




Dos islas, dos amigos, dos encuentros y reencuentros de este verano.
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Nota: tras este breve paréntesis que aprovecho para intentar ponerme al día con los blogs amigos, vuelvo a perderme por ahí.
Feliz verano a todos.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Agonía del franquismo, recuerdos de Universidad, memoria de la Vaquería y chistes de Forges II.

Detalle de un grupo escultórico 
de Tilman Riemenschneider 
(Gótico tardío)

A Enrique Fraguas le molestaba mucho que le dijeran: “Así que tú eres el hermano de Forges, ¿no?”. Y no era para menos. No le satisfacía vivir a la sombra de la popularidad del hermano mayor, cuando él era por sí suficientemente original y autor de mil anécdotas y ocurrencias.
Era un tipo diferente. “Bella dama”, decía para referirse a las chicas que se le presentaban. Y hacía ademán antiguo de besar su mano inclinando la cabeza.
Salir de copas con él era complicado. Enrique era muy frugal, solía contentarse con “un rioja”, nada de cubatas. A veces quedábamos a comer algo por ahí, un bocadillo o algo parecido. El decía “Me apetece comer un ave”. No he conocido nunca otro compañero de estudios con salidas como las suyas.

Anécdotas de clase

El profesor de Historia Moderna puso en un examen una gráfica que reflejaba la evolución de la población en una localidad de algún lugar de Europa, según datos que figuraban en una tabla. Los datos procedían de una fuente de la época: un registro municipal o tal vez parroquial, con nacimientos y defunciones. En el examen, los estudiantes se devanaban los sesos por desentrañar las peculiaridades históricas del momento a la luz de los datos demográficos y hacer así un comentario aceptable. El compañero Enrique argumentó por escrito que los datos estaban falseados en su origen porque no se conservaban registros legales en toda la localidad dado que se había producido en tal año un incendio pavoroso y todos los archivos habían quedado destruidos.
Cuando el profesor, totalmente perplejo, hubo leído su trabajo, comentó en clase:
“Usted, señor Fraguas, me ha hecho un comentario exótico. No sé si suspenderle o ponerle un sobresaliente.” (*)


Para dar más relumbrón a sus exámenes solía rematarlos con una bibliografía, muchas veces imaginaria, con unos títulos llamativos. Tenía un autor preferido, creo recordar, que se llamaba Helmut “Noséqué”, de la Editorial La Palmera, Buenos Aires, 1960, y citaba entre comillas párrafos enteros de tal autor. Lo maloes que tal práctica creó escuela. Le salió un discípulo aventajado: un servidor. Aprovechando que la profesora de Arte medieval nos habló de un libro fabuloso en texto y en imágenes, escrito en alemán, que estaba en la biblioteca del Departamento, donde se hacía una fabulosa descripción de unas esculturas del Gótico tardío, obras de Claus Sluter y de un tal Tilman Riemenschneider, y teniendo en cuenta las pocas posibilidades de que dicha profesora supiese alemán en aquellos tiempos en los que los de letras estudiábamos francés, tuve ocasión en un examen de aprovechar ese material no leído para comentar una diapositiva de tal autor, inventándome todo lo que pude, atribuyendo indirectamente párrafos de ocho o diez líneas a un autor de cuyo libro no conocía ni el forro, hablando de la teatralidad del grupo escultórico, de la escenografía, de la voluntad narrativa y descriptiva, de la composición, de la incidencia de la luz al mediodía y al atardecer, del ropaje… qué sé yo. Literatura pura y dura. Como resultado obtuve un sobresaliente en la prueba. El comentario del amigo Enrique cuando le conté la hazaña fue un lacónico: “Ésta no te la perdono.

En su cuarto, en una pared, tenía clavados, si la memoria no me traiciona, un bonete de obispo, una gorra militar, una boina, una garrota y un tricornio de la guardia civil. "¿Y esto?" Le preguntaba yo. Y él contestaba: "Estos son los poderes de la nación".
Tiempo atrás, una vez que Forges andaba apurado de tiempo, permitió que su hermano le echara una mano con “La historia del botijo” que publicaba entonces creo en el diario Informaciones. La dirección del periódico le llamó la atención. Antonio replicó diciendo que no se enfadara, porque gracias a sus dibujos se vendían más ejemplares del periódico. Y era verdad. Forges ya empezaba a ser conocido. Luego vendrían las colaboraciones en la revista satírica “Hermano Lobo” y en otras publicaciones.

Forges del siglo XXI


Un día en que estábamos Pilar y yo en la habitación de Enrique, con la puerta entreabierta , vimos pasar a Antonio. Pilar dijo a Enrique: “Anda, si es Forges. ¿Nos lo presentas?” La respuesta de Enrique fue: “Ahora mismo lo llamo para que os rinda pleitesía.” Dicho y hecho. “Mira, Antonio, éstos son unos compañeros de la Facultad”. La respuesta de él fue tan original como sus chistes: “Conque conspirando, ¿eh?”
Comentaba Enrique en una ocasión que, tiempo atrás, su padre fue amenazado con la excomunión, ignoro ahora el motivo, por el que fuera arzobispo y cardenal José María Bueno Monreal. El caso llegó a oídos del Papa -por aquellas fechas a las que se refería debía tratarse de Juan XXIII- y que el propio Papa desautorizó al prelado diciendo que "una cosa es tener celo religioso y otra cosa es la esclerosis mental". Cosas del amigo Fraguas.
Otro día fue la madre la que entró en el cuarto donde pasábamos la tarde y dirigiéndose a Enrique dijo: “Confidencial: Arias Navarro dimite.” Ningún medio de comunicación se hacía eco ese día de ese rumor. Al día siguiente, Arias presentó la dimisión y en su lugar fue elegido por el rey como Presidente del Gobierno, un político joven que se llamaba Adolfo Suárez. Comenzaba la transición española.


(*) La anécdota del “examen exótico” me la contaron unos compañeros.
El profesor aludido pudiera ser Emilio Sola, egregio poeta e historiador de pro, enemigo declarado de la civilización occidental, aquél que en su día juró por escrito no cruzar nunca los Pirineos, maestro y compañero de copas y rimas, cofundador de La Vaquería, aquella especie de bar y centro cultural que algunos solíamos frecuentar, lugar de reunión de gentes con inquietudes sociales, literarias y artísticas, que fue objetivo de la extrema derecha unos meses después de fallecido el dictador: en la madrugada del 8 de junio de 1976 unos terroristas, pertenecientes al parecer a los Guerrilleros de Cristo Rey, pusieron una bomba a base de goma-2 reventando la puerta del local y causando numerosos destrozos. Afortunadamente no había nadie en su interior.
En mi memoria siempre guardo un pequeño rincón para La Vaquería, en la calle Libertad 8, lugar de encuentro de artistas, poetas, músicos, jóvenes de actitudes liberales y libertarias, donde se hacían exposiciones de fotografías o dibujos, donde se podía uno tomar una copa y oír buena música o leer un poema escrito por algunos de nosotros colocado bajo el cristal de la mesa. Una "isla"- como el título de un emblemático libro de poemas de Emilio- de originalidad creativa en medio de una realidad anodina. Un sitio diferente. Aquello fue el prólogo, el anticipo de lo que luego vivo en llamarse “la movida madrileña.” Las cosas estaban cambiando y mucho en España.