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jueves, 20 de noviembre de 2014

Reivindicando a Diógenes


Ya sabemos que era un poco impresentable, un tipo incluso algo grosero, pero… qué caramba, decía lo que pensaba, no tenía pelos en la lengua, no se casaba con los poderosos y vivía con poco. 
No necesitaba mucho para vivir, si acaso una buena dosis de cinismo. 
Recuerdo aquella vez, cuando un conocido que servía al rey, viendo a Diógenes comiendo un plato de lentejas a la puerta de su tinaja, le dijo “Si tú trabajaras para el rey no necesitarías comer lentejas.” A lo que el filósofo replicó: “Si tú pudieras comer lentejas no tendrías que trabajar para el rey.” 
Cuenta de él el historiador Diógenes Laercio: "Viendo en cierta ocasión cómo los sacerdotes custodios del templo conducían a uno que había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, comentó: «Los ladrones grandes llevan preso al pequeño.» 
En estos tiempos que corren, tan dados a la corrupción y a la gente insaciable, viene al pelo reivindicar esta figura que sirvió para dar nombre a mi blog, hace ya cerca de seis años. 
Haciendo honor al síndrome que lleva su nombre bien podría haber escrito esto: 

“Acumula experiencias. 
No tires ningún pensamiento que pueda serte útil. 
Hazte rico en memoria. Atesora recuerdos: 
momentos buenos para alegrarte, malos momentos para aprender de ellos. 
No te inclines ante el poderoso. 
No aceptes sus migajas. No te vendas. 
Desea pocas cosas. Cuantas menos tengas, menos sufrirás si las pierdes. 
Recuerda que tu nación eres tú; tu templo, tu tinaja. 
Ciudadano del mundo, apátrida y escéptico, 
cree solo en lo que te dicte la razón. 
Tu bandera es el sol. Tu himno, el viento. 
Sigue buscando con tu lámpara al hombre honrado.”

Firmado: un Diógenes del siglo XXI.


Más en "Noticias de Diógenes":

sábado, 5 de octubre de 2013

Cacharros


La historia de la humanidad se escribe gracias a  los artilugios que los grupos humanos han sido capaces de fabricar en cada momento.
Es decir, gracias a sus “cacharros”.
Las hachas de piedra talladas a golpes o pulimentadas, las puntas de flecha de piedra, los arpones de hueso, el arado, el molino de mano, la rueda, la cestería, la cerámica, el telar, la máquina de vapor, los ordenadores…
Inventos que marcan cada época.
Todo ello sumamente necesario para el progreso de la humanidad.
No podríamos entender la historia sin sus inventos.
Útiles, utillaje, utensilios, herramientas, enseres y aperos que nos acompañan a través de los tiempos.

Pero en pleno siglo XXI tengo mis dudas sobre la verdadera “utilidad” de muchos “inventos” modernos…
Sí, esas cosas a las que denominamos cacharros, trastos, cachivaches, cascajos, chismes, armatostes, achiperres…
La cantidad y el uso que hagamos de ellos son los parámetros usados que marcan la diferencia entre lo realmente necesario y lo superfluo.
El consumismo de la sociedad actual ha hecho que amontonemos en armarios, desvanes y trasteros muchas cosas que realmente no necesitamos o que hemos utilizado a lo sumo un par de veces en nuestra vida:

La yogurtera que nos regaló la tía Visitación cuando hizo honor a su nombre y se nos presentó inesperadamente y a comer con el artilugio que nos iba a proporcionar una fuente inagotable de vitaminas y de bienestar. No sé si llegué a comerme tres o cuatro de esos yogures.
La Fondue que usamos dos veces en cenas de amigos, con la que estuvimos a punto de achicharrarnos y de paso prender fuego a toda la casa. Aparte de la indigestión de tanto queso untado en pan, que actuó a modo de engrudo en nuestros estómagos.
El microondas viejo pero utilizable que guardamos por si el nuevo se estropeara.
El “cinexin” de los nenes con viejas películas que nadie pone.
El vídeo betamax y sus cintas correspondientes con películas grabadas de la tele  por si hubiera que volver a los tiempos de las cavernas.
Esa acuarela que nos regaló la amiga aprendiz de pintora y que jamás pondremos en pared alguna. Horrible para más señas.
Una impresora averiada.
La vieja guitarra a la que le falta una clavija, una cuerda y las demás están ya “sordas” y las de metal hasta crían verdín.
Carpetas donde guardamos viejos apuntes de la Universidad, periódicos antiguos y amarillos que no volveremos a mirar aunque en uno de ella venga la noticia de la muerte de Franco.

¿No me creen? Ahí va...



Bolsas con cables, viejos enchufes, casquillos, cinta aislante caducada, botes de pintura seca…
Un grifo que quitamos y sustituimos por otro y que no tiramos por si hubiera alguna pieza que nos sirviera más adelante.
Unas cuantas cacerolas de esas antiguas de porcelana que arrinconamos por las de acero inoxidable, pero que no nos atrevimos a tirar por si nos hicieran falta algún día.
La barbacoa eléctrica con una bandeja para el agua y que hacía las chuletas casi igual de ricas que la tradicional de carbón. La humareda que desprendía sí que era similar. Eso al menos pude comprobar las cuatro veces que la usé. Es matemático y no falla: el humo siempre va en dirección al ojo del que hace la barbacoa. Se ponga donde se ponga.
El reloj despertador del año la Tana y que dejó de funcionar.
El “superglú” con el que pegamos aquel juguete –y de paso dos dedos- hace ya más de veinte años.
El traje del Real Madrid del “niño” que ahora tiene más de 30 años (el traje y también el "niño")

Afortunadamente la lavadora vieja no nos cabe en el trastero…


Luego hablarán de Diógenes y de su síndrome de acaparador compulsivo.

viernes, 24 de junio de 2011

Diógenes como motivo estético y algo más.

Diógenes, filósofo que nació en Sínope, en la actual Turquía, en el año 413 a.C.
Inspirador y colaborador virtual de este blog, si no en cuerpo sí en espíritu.
Que hasta ha dado lugar a un "síndrome" curioso que consiste en guardar y no tirar (Algo así pasa con los banqueros)
Ha sido motivo frecuente de artistas de distintas épocas.
He aquí una pequeña selección que pretende servir de homenaje a ese hombre excéntrico que nunca aduló a los poderosos.


Archiconocida versión de Watherhouse.




También muy conocida la de Jean-Léon Gérôme.



Rafael Sanzio supo retratarle en La Escuela de Atenas.



El Diógenes de Ivan Tupylev.



Paisaje con Diógenes de Nicolas Poussin.



Versión de Sebastiano Ricci



Diógenes y Alejandro, de Giovanni Battista Langetti.




De Matvei Ivanovich Puchinov.



Tengo predilección por esta versión de Jules Bastien-Lepage.




Una versión muy singular de José de Ribera.
Una de mis preferidas. Con esa doble luz que disipa las tinieblas: la de la lámpara y la de la mirada.
A partir de hoy adopto esta imagen como "avatar" del blog.



Una versión moderna, el Diógenes de Morales de los Ríos,
con su tinaja -en este caso, tonel- bien acondicionada.


Y un discípulo real aventajado de nuestros días...

Miroslav Tichý
El "Diógenes checo", que se construía sus propias cámaras
con materiales de la basura.
Fallecido hace unos meses.


domingo, 3 de mayo de 2009

Diógenes apócrifo


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Foto: Gisleno

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De todos es sabido que en la antigüedad clásica la gente ya tenía la costumbre de decorar las paredes con graffitis, frases y dibujos obscenos.
He traído aquí algo de mejor gusto: un conocido que ha estado allí me trae un poema anónimo, aparecido escrito en el muro de un templo de Atenas.
Aunque no es seguro, algunos expertos afirman que lo escribió Diógenes de Sínope o que se lo dedicaron a él.
-->Otros dicen que su verdadero autor no es de esa época.
¡Quién sabe!

El síndrome de Diógenes

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Recoge, almacena, no tires nada...

Acumula experiencias.
No tires ningún pensamiento que pueda serte útil.
Hazte rico en memoria.
Atesora recuerdos:
momentos buenos para alegrarte,
malos momentos para aprender de ellos.
No te inclines ante el poderoso.
No aceptes sus migajas. No te vendas.
Desea pocas cosas.
Cuantas menos tengas, menos sufrirás si las pierdes.
Recuerda que tu nación eres tú; tu templo, tu tinaja.
Ciudadano del mundo: sé apátrida y escéptico.
Sólo creas en lo que te dicte la razón.
Tu bandera es el sol. El viento, tu estandarte.
Sigue buscando con tu lámpara al hombre honrado.”



viernes, 24 de abril de 2009

Noticias de Diógenes

Foto: Patas Arriba

Diógenes está en casa. Dentro hay luz.


Encontró el camino de regreso y ha vuelto.

Os contaré algo sobre él.

Diógenes era un filósofo que nació en Sínope, en la actual Turquía, en el año 413 a.C. No sabemos a ciencia cierta por qué fue desterrado de su ciudad natal, sí parece que se lo tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.» De esta manera se explica que anduviera por Esparta, Atenas y otros lugares

En una ocasión, gritó: « ¡Hombres a mí!» Al acudir una gran multitud les despachó gritándoles: «Hombres he dicho, no basura».

Un día estaba tan tranquilo comiendo un plato de lentejas. Pasó por allí otro filósofo, el cual trabajaba para el rey, y le dijo: “Si tú trabajaras para el rey no necesitarías comer lentejas.Diógenes replicó: “Si tú pudieras comer lentejas no tendrías que trabajar para el rey



Foto: Chodaboy

viernes, 3 de abril de 2009

Tinaja vacía



Diógenes no está. Se ha marchado unos días. Creo que volverá pronto.

No creo que haya ido a Sínope, su ciudad natal. Allí no le quieren.


Cuenta de él el historiador Diógenes Laercio:

"Viendo en cierta ocasión cómo los sacerdotes custodios del templo conducían a uno que había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, comentó: «Los ladrones grandes llevan preso al pequeño.»”


lunes, 2 de marzo de 2009

La tinaja de Diógenes















Diógenes, el gran filósofo y vagabundo que vivió en Atenas, alejado del lujo y la ostentación, ciudadano del mundo, apátrida, siempre distante de los poderosos, siempre con su lámpara a plena luz del día, buscando un hombre honesto, sin más riqueza que su pobre habitáculo.
Al igual que la tinaja de Diógenes, este blog pretende ser un modesto recipiente donde tenga cabida todo tipo de opiniones, textos, vídeos, trabajos, direcciones, etc. relacionados con las Ciencias Sociales en general y con la Historia pasada y actual en particular; lugar de encuentro de amigos, estudiosos, estudiantes, docentes y demás colectivos interesados por nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro; tinaja donde compartir nuestros trabajos y nuestras opiniones, sin más guía que la lámpara de Diógenes en busca de la verdad.