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miércoles, 1 de junio de 2011

Hermano Lobo y el final del franquismo.



HERMANO LOBO

“Semanario de humor dentro de lo que cabe.”
Esta revista fue la sucesora natural de La Codorniz. Fundada en 1972 por el humorista Chumy Chúmez. Sus dibujantes principales fueron Perich, Forges, OPS (El Roto), Gila y Summers y como colaboradores literarios se encontraban Francisco Umbral, Manuel Vicent y Manuel Vázquez Montalbán.
Testigo de los últimos años del franquismo y los primeros meses de la transición, se hizo famosa entre los jóvenes de entonces por sus famosas “Preguntas al lobo”. “¿Para cuándo la democracia en España?” “¿Para cuándo el final de la censura?” “¿Para cuándo la amnistía?” Y siempre con la invariable respuesta del lobo “Para el año que viene si Dios quiere”.


El momento histórico en el que surgió la revista fue un momento crítico del final del franquismo. Tras una modesta apertura en los años anteriores, el régimen se replegó, cerró filas y, como el espíritu intransigente que derivó del Concilio de Trento, experimentó una involución volviéndose más integrista, más represor y más “franquista”, como en los viejos tiempos. Era la época de las últimas ejecuciones de Franco, la época del proceso 1001 contra los dirigentes de Comisiones Obreras, la época en que se recrudeció la lucha estudiantil contra el sistema. Ni que decir tiene que el semanario tuvo problemas con la censura, se cerró algún número y hubo expedientes sancionadores. Con el fin de la dictadura la revista dejó de tener sentido y finalizó su andadura el 6 de junio de 1976.


“Fue una fulgurante irrupción. Hermano Lobo, sin aviso previo, sin campaña de lanzamiento, sin miramientos, hasta con descaro, invadió los quioscos españoles. Sus ejemplares aparecieron súbitamente como briosos pasquines que arrollaron revistas del corazón, semanarios, fascículos y toda clase de etcéteras de papel. Desde su morada hornacina en la portada, el hierático torero de Ops ofició como atrayente e inquietante enigma para que, al divisarlo, cuantos pasaban por allí se precipitaran al inmediato puesto de periódicos y, seducidos, sin pensarlo más, arrebataran los ejemplares de aquella revista de título tan extraño como inesperado. Y tan oportuno. Cuando, sedientos de humor, fueron descubriendo el sorprendente contenido de sus páginas, no solo se habían convertido ya en sus fieles lectores, sino en entusiastas prosélitos que utilizaron el directo boca-oreja para expandir la buena nueva.” (1)



Un semanario irreverente, ácido, crítico con el poder, sin abandonar nunca el humor corrosivo de grueso calibre. Los jóvenes, en nuestra lógica rebeldía adolescente, nos sentíamos identificados con esos dibujantes y esos articulistas que exhibían una mentalidad educadamente irrespetuosa hacia un sistema caduco impuesto a la fuerza y asumíamos como parte de nuestro lenguaje cotidiano muchas de la expresiones de los chistes de Forges o de los “Casettes Mc Macarra”.

El número 213 fue el último. Franco había muerto hacía más de seis meses. En la portada, Chumy Chúmez dibujó una playa donde un personaje le dice al otro «Hay veranos que duran cuarenta años» y el otro le responde: «O más».

(1) http://www.hermanolobodigital.com/