Ceferino Hernández era un cotilla, un mirón, lo que se dice un auténtico voyeur.
Siempre andaba espiando por la mirilla de la puerta o pegando la oreja al tabique que le separaba de los vecinos.
Las nuevas tecnologías le facilitaron su afición al fisgoneo.
Se aficionó a leer lo que algunos publicaban en prestigiosas publicaciones digitales como La Charca Literaria o La Ignorancia. Disfrutaba con las agudezas, las mentiras y los disparates de sus colaboradores. Decidió abrir un blog y también una página en Facebook para cotillear sobre la vida y los pensamientos de los demás, parapetado tras la pantalla del ordenador, en la oscuridad, con la impunidad que da observar sin ser visto, como cuando se contempla el mundo tras el visillo de la ventana.
Como quería pasar desapercibido, aunque leía con delectación lo que los otros escribían, rara vez daba su opinión. No comentaba nunca nada, ni siquiera utilizaba un tímido “me gusta”.
Prefería leer a ser leído, observar a ser observado.
Un día se dio cuenta de la dificultad de mantener ese juego.
La gente se fue cansando de su mutismo. Le relegaron a un segundo plano.
Dejaron poco a poco de seguirle. Alguno lo eliminó. Los más decidieron marginarle y no permitir que viera sus publicaciones.
Pronto no tuvo Ceferino dónde cotillear.
Un día decidió darse de baja de las redes sociales.
Pero no pudo. O no supo.
En este mundo hay dos cosas especialmente complicadas: darte de baja de la compañía telefónica y del Facebook.
Desesperado, se compró en el Mercadona cuatro cajas de botellas de whisky del malo y, así, abotargado por el alcohol y derrotado sobre el sillón de la sala de estar, se hizo teleadicto de todos los programas basura y de cotilleo barato de la tele.
Al final se murió. No sabemos si lo mató la cirrosis, el aburrimiento o una sobredosis de porquería.
Entre todos le mataron y él solo se murió. El escrito más visitado de todos en mi bloc es de 2009, como darse de baja de Facebook. 4.770 visitas,
ResponderEliminarSaludos
Ostras, qué bueno.
EliminarEs casi imposible darse de baja del caralibro; la solución es hacer como Ceferino, si puede ser que el whisky no sea DYC
ResponderEliminarSaludos
El Dyc es una maravilla comparado con otros. Yo los uso para cocinar.
EliminarSaludos.
Sí que cayó muy bajo. Un beso
ResponderEliminarYa te digo.
EliminarSaludos.
Un relato interesante, al final quizás murió feliz.
ResponderEliminarSaludo.
Sí. Todo el día colocado.
EliminarSaludos.
Moriria con las botas puestas,desde su cierro parapetado,mirando sin ser visto.
ResponderEliminarSaludos
Con las botas y los calcetines de tres semanas.
EliminarSaludos.
Hay mucho Ceferino por el mundo. Tienes toda la razón, es casi imposible darse de baja de las redes. Al menos Blogger lo permite. Una isla en mitad del océano. Un abrazo
ResponderEliminarSí. Esto es un relato grotesco y algo exagerado, pero Ceferinos hay muchos.
EliminarUn abrazo, Arantza.
No supo seguir a las personas indicadas porque hay mucho narciso por ahí suelto al que le encanta ser (ad-)mirado. Ha decaído a todos los niveles.
ResponderEliminarUna modesta parodia sobre los usuarios de las redes sociales.
EliminarSaludos.
"Ceferino Hernández: Vivió tras el visillo, murió ante la pantalla. Ni supo darse de baja, ni supo dar la talla. Se fue sin comentar, pero harto de observar."
ResponderEliminarUn mironcillo o un mironcete.
EliminarSaludos, Joselu.
Un galeno seguro que diría que la causa del fallecimiento es achacable a in "tuto revolutum".
ResponderEliminarUn abrazo.
En secreto, os digo el mejor sistema para darse de baja en una red social: olvidar la contraseña. Eso hice yo hace muuuchos años en Facebook y me va de lujo.
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