Obra de Nicolae Grigorescu
Se llamaba Covadonga, pero todos la llamaban Covi. Cuando el coronavirus irrumpió en nuestras vidas pasó a ser identificada como Covi Diecinueve, porque era tóxica y complicada como persona. Sí, Covadonga era mala gente. Su situación se agravaba porque empinaba el codo de mala manera. Y cuando bebía —o sea, casi siempre— perdía el control y la vergüenza. Se juntó con otro borracho y compartieron su afición por el trago. Empezaban a beber nada más levantarse: copa de aguardiente con el café, varias cervezas a lo largo de la mañana, vino para comer, copa tras el postre, más cervezas por la tarde, vino para cenar y algún cubata tras la cena. Mientras compartían sus vicios todo iba medianamente bien. Alguna vez hasta tuvieron sexo. Se reían mucho cuando estaban cocidos, sobre todo de los demás. Les encantaba encontrar en los otros algún defecto. Si aquella estaba gorda, si aquella era flaca, si qué feo es ese señor, si aquel pedía una cocacola y no un coñac... Y se lo pasaban en grande buscando motes a los que entraban en el bar: el gafotas, el mariquita, la bollera, etc. Un día, saliendo del garito que frecuentaban, casi pisan una mierda de perro que estaba reciente en la acera.
—Miiira, una mieeeerda —decía él señalando con el dedo y con la voz pastosa típica del que va hasta arriba de morapio.
—Qué va a ser una mierda, hombre —respondía ella, también con la dicción perezosa del borracho.
—Que sí, mujer, que es una miiiierda.
—Que no —insistía ella y cogió un palo del suelo con el que empezó a hurgar en el truño, todavía humeante. Y con el palo, como si jugara al golf, empezó a golpear de refilón el zurullo perruno aquel salpicando de particulas fecales a todo el que pasara a menos de cinco metros, incluidos ellos.
—¿Lo ves?
—Joder —dijo ella, oliendo un fragmento que se le había adherido a la manga del jersey—. Pues es verdad. ¡Menos mal que no la hemos pisao!
Cuando él desapareció por culpa de la cirrosis hepática que se lo llevó al otro barrio, ella se quedó sola y se reconvirtió en bebedora solitaria. Y la soledad la llevó a la amargura, a odiar a los demás, a las peleas en los tugurios que frecuentaba. Le faltaban no sé cuántos dientes, algunos perdidos por sus aficiones etílicas y la falta de higiene; los más, por las trifulcas que mantuvo con otros borrachos y borrachas de su nivel. Una tía con mal rollo. Mejor no toparte con ella. Los que la conocían la llamaban así: Covi Diecinueve. Un bicho. Un virus de los peores.

Pues si, un virus muy etílico, buen trabajo.
ResponderEliminarSaludos.
Basado en unos hechos reales.
EliminarSaludos, Matías.
¡Qué encanto de moza!
ResponderEliminarSalu2, Cayetano.
Una maravilla.
EliminarSaludos, Dyhego.
Esa pareja tendría sexo etílico, por lo que se ve. Y ya en serio: hay individuos de esa calaña, no es broma.
ResponderEliminarY tan en serio. Esto está basado en hechos reales.
EliminarSaludos, Fackel.
He conocido dos casos como el que describes, es terrible ver lo bajo que pueden caer algunas personas. Hay un tercero que aún deambula por el barrio, le decia el otro dia uno que le conocia: parece mentira con con lo que habias sido, con la pasta que tenias, y hay que ver como has acabado, eres una ruina humana.
ResponderEliminarSaludos
El alcohol destruye vidas y familias. Una droga dura.
EliminarSaludos.
Una historia terrible. Un beso
ResponderEliminarBasada en hechos reales.
EliminarSaludos, Susana.
Dicen,que pisar una caca de perro,trae suerte.Estos desgraciados fue al contrario uno murió del Covid seguramente y la chica quedó con secuelas y sin dientes.Triste,muy triste,el próximo si puede ser,alegre.
ResponderEliminarSaludos
Te haré caso, el próximo por lo menos que sea divertido. Saludos.
EliminarQue dioz lo tenga en zu goloria y a ella (la 19) que la espere con beneviolencia. :))
ResponderEliminarSí. ¡Híps!
EliminarUn sadulo.
Baco , por lo visto, no les protegió ¡
ResponderEliminarSalut
Y Neptuno los ahogó en un charco de vino peleón.
EliminarSaludos.
Pues terminará como él, con una cirrosis de primera si no antes se la cargan de una paliza. Un abrazo
ResponderEliminarSeguramente.
EliminarUn abrazo, Arantza.
Confieso que el nombre me sabe original, pero en cambio me suena; aunque lo que más me suena es esa cantinela de quienes les da por beber y acaban perdiendo el control y la sensatez. ¡Qué desastre!
ResponderEliminarUn abrazo, Cayetano.
Existieron esas personas.
EliminarPor desgracia para ellos y para los que tuvieron la desgracia de aguantarlos.
Un abrazo, Paco.
Parece que la toxicidad ya la llevan algunos en el nombre. No sabía de la afición al golf de los borrachos, procuraré no asistir a ninguna competición de golf de estos.
ResponderEliminarSalud.
Sí. Hay que mantenerse lejos. Por muchas razones.
EliminarSalud.
El alcohol es una droga como otras, en la que algunos caen voluntariamente y otros por circunstancias diversas. En este caso, parece que lo buscaron.
ResponderEliminarLo buscaron y ya no pudieron dejarlo.
EliminarUn saludo.
No tengo palabras, hay autodestrucciones más rápidas y estéticas.
ResponderEliminarSaludos
Sí. Esta es cochambrosa y cutre como la vida de sus protagonistas.
EliminarSaludos, Marga.