sábado, 6 de noviembre de 2010

Aniversario del nacimiento de Carlos II

Hace 349 años, tal día como hoy, venía al mundo Carlos II.

Desde Juana la Loca y Felipe el Hermoso se vino desarrollando una estrategia dinástica que consistía básicamente en casamientos entre parientes de las distintas casas reales, ello dio lugar a una endogamia con alto grado de consanguinidad, la cual fue aumentando peligrosamente con cada nueva unión de los herederos: Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV... Cuando apareció el infante Carlos, el problema era ya muy grave. Su madre era nada menos que la sobrina carnal de su padre. El resultado fue una muerte sin descendencia y la llegada de una nueva dinastía: los Borbones.

Carlos II fue la víctima final de la decadencia de los Austrias. Su padre Felipe, rijoso y putero empedernido, después de su largo reinado, con un montón de amantes y prostitutas de toda condición, después de tan intenso currículum, sólo pudo tener un heredero legal, un ser pequeño y enfermizo.

Se cuenta que aprendió a caminar muy tarde y que fue torpe para aprender a leer y a escribir. Su imagen no le beneficiaba. Era débil, enfermizo y feo. Su tez, pálida; sus ojos, tristes y apagados; su nariz, alargada tocando la boca. Su prognatismo, de herencia familiar, era muy acusado, lo que le causaba serios problemas para masticar los alimentos convenientemente. También causó algún problema a sus nodrizas con su larga lactancia provocándoles lesiones en sus pezones.

Cuentan que el sobrenombre de "El hechizado" le vino porque de pequeño alguien le hizo beber chocolate caliente donde habían desleído los sesos de un cadáver y este bebedizo lo condenó para siempre. Cosas que se dicen.

Y ya de mayor no pudo tener descendencia, a pesar de que se casó dos veces. El problema lo tenía él: era incapaz de engendrar nada. Era estéril y además parece ser que sufría de eyaculación precoz.
Ni María Luisa de Orleáns ni después Mariana de Neoburgo pudieron tener descendencia con el rey. Una copla popular decía:

“Tres vírgenes hay en Madrid: /la Almudena, la de Atocha,/ y la Reina Nuestra Señora.”

Mientras España seguía sin tener un descendiente, Francia e Inglaterra acechaban para tomar el relevo de la hegemonía europea.
Y todo porque no había un heredero legal que continuara la saga.
¿Habría sido distinta la historia de nuestro país si hubieran seguido los Austrias? Posiblemente nos habríamos evitado algunas guerras y no habríamos tenido la desgracia de padecer la pesadilla de Fernando VII. Y quién sabe cuántas cosas más.
Pero la historia fue la que fue. Y no hay vuelta de hoja.
El 1 de noviembre de 1700, con 39 años escasos, moría el último Austria español después de una vida enferma y triste, muy diferente a la de aquel otro Carlos que inauguró esta dinastía.

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Se me olvidaba decir que esta entrada forma parte de un proyecto colectivo, según una iniciativa del amigo bloguero Carolvs desde su página dedicada al estudio de la época de Carlos II.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El pollo que cruzó la carretera

Importantes personajes de la política, la ciencia y la cultura han dado su respuesta a esta enigmática y sesuda pregunta filosófica:

¿Por qué el pollo cruzó la carretera? (*)



MAESTRO DE PRIMARIA:

Porque quería llegar al otro lado.



PROFESOR DE SECUNDARIA:

Aunque lo explique, queridas bestias, no podrán entenderlo.


PROFESOR DE FACULTAD:

Para saber por qué el pollo cruzó la carretera (tema que se incluirá en el parcial de mañana) lean los apuntes desde la página 2 a la 250.


PLATÓN:

Por su bien. Al otro lado de la carretera se encuentra la verdad.


ARISTÓTELES:

Está en la naturaleza del pollo el cruzar las carreteras.



KARL MARX:

Era históricamente inevitable.



HIPÓCRATES:

Ha cruzado la carretera por culpa de un exceso de secreciones en el páncreas.



MARTIN LUTHER KING:

He tenido un sueño donde todos los pollos eran libres de cruzar una carretera sin tener que justificar sus actos.



MOISÉS:

Y Dios descendió del paraíso y le dijo al pollo: 'cruza la carretera'. Y el pollo cruzó y Él vio que esto era bueno.



RICHARD NIXON:

El pollo no cruzó la carretera, repito, el pollo no cruzó nunca la carretera.



NICOLÁS MAQUIAVELO:

Lo importante es que el pollo cruzó la carretera. ¿A quién importa el porqué? Sólamente el fin de atravesar la carretera ya justifica cualquier motivo que hubiera tenido.



SIGMUND FREUD:


El hecho de que te preocupe por qué el pollo cruzó la carretera ya revela tu fuerte sentimiento de inseguridad sexual latente.



BILL GATES:

Precisamente acabamos de terminar el nuevo programa 'Office Pollo 2011' que, además de cruzar las carreteras, será capaz de incubar huevos, archivar los documentos importantes, etc...



BUDA:

Preguntarse tal cosa (por qué el pollo cruzó la carretera) es renegar de tu propia naturaleza de pollo.



GALILEO:

Y sin embargo, cruza.



ACEBES Y ZAPLANA:

El pollo cruzó la carretera para reunirse con los de ETA.



JOSEMARI AZNAR:

Mire usted, el pollo iba en misión humanitaria.



MARIANO RAJOY:

El pollo cruzó la carretera manipulado por el PSOE, para ir a manifestarse en contra del PP.



ZAPATERO:

¿Los pollos votan? El Estado destinará una ayuda de 4000 € para aquellos pollos que crucen carreteras. Esa cantidad se irá suministrando sólo a los pollos que paguen IRPF a razón de 2 granos de maíz al trimestre.




GARZÓN:

Me considero competente para investigar todos los pollos que han sido atropellados en la carretera por conductores franquistas y averiguar dónde fueron enterrados.



BIBIANA AÍDO:

¿Y por qué no se habla de las pollas que cruzan por carreteros y caminas?



LA IGLESIA DE LA CIENCIOLOGIA:

La razón está en vosotros, pero no la conocéis todavía. Mediante un módico pago de 1.500$, más el alquiler de un detector de mentiras, le haremos un análisis psicológico que nos permitirá descubrir la razón.



BILL CLINTON:

Juro sobre la constitución que no ha pasado nada entre el pollo y yo.




EINSTEIN:

El hecho de que sea el pollo el que cruce la carretera o que sea la carretera la que se mueva bajo el pollo, depende. Es relativo al referencial.



ZEN:

El pollo puede cruzar la carretera en vano, solo el Maestro conoce el ruido de su sombra detrás de la pared.



STALIN:

Hay que fusilar al pollo inmediatamente, y también a los testigos de la escena y a 10 personas más escogidas al azar por no haber impedido este acto subversivo.



GEORGE W. BUSH:

El hecho de que el pollo haya cruzado la carretera a pesar de las resoluciones de la ONU representa un grave ataque a la democracia, la justicia y la libertad. Esto prueba sin ninguna duda que teníamos que haber bombardeado esta carretera hace tiempo. En este nuevo país de justicia, paz y libertad, podemos asegurarles que nunca más un pollo intentará cruzar una carretera, por la simple razón que no habrá más carreteras y que los pollos no tendrán patas. Que Dios bendiga a América.



JUAN CARLOS I:

¿Por qué no te callas?


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(*) De un correo que recibí hace unos días

miércoles, 27 de octubre de 2010

Cuando Fernando VII usaba paletó.


Fernando VII
El rey de las tres efes: fofo, feo y felón.
Cuando Fernando VII usaba “paletó”. Una canción infantil que cantábamos los chicos jugando con las vocales, primero sólo con la “a”, luego con la “e” y así sucesivamente:
“Canda Farnanda Sáptama asaba palatá…”, etc. 
 Paletó: Del francés “paletot”, prenda de vestir, especie de chaqueta o gabán de paño grueso que llegaba hasta la mitad del muslo, muy usada en Francia y que después se generalizó por otros países. 
La copla tenía mala uva porque se refería al tiempo que Fernando VII pasó en Francia soñando con volver a España y una vez desbancado su padre ser él el rey, lo que pasa es que le salió mal la jugada de momento porque Napoleón prefería que fuera su hermano José Bonaparte el que ocupara el trono de España. En las “Abdicaciones de Bayona” le salió a Fernando el tiro por la culata. Pensó que él iba a ser rey en lugar de su padre. No sabía de las jugadas maestras de Napoleón y desconocía que el lugar de Carlos IV no lo ocuparía él, sino “Pepe Plazuelas” o también llamado “Pepe Botella”, por su presunta afición al trago, injustamente bautizado así porque al parecer el hombre no bebía, pero claro era extranjero. 
Personaje detestable, el Rey Felón. También llamado “El Deseado”, “Tigrekán” (al estilo de los déspotas de oriente). Y otras lindezas por el estilo. 
Aparte del poder tenía otras aficiones, como por ejemplo jugar al billar. Los que echaban una partida con él procuraban siempre facilitarle las cosas para que ganara su majestad. De ahí viene el dicho: "Así se las ponían a Fernando VII".  
Otra de sus aficiones era el matrimonio. Se casó repetidas veces. Primero contrajo matrimonio con una prima suya, María Antonia de las Dos Sicilias, que tras sufrir dos abortos murió sin descendencia. Luego con Isabel de Braganza, una sobrina que murió en el parto junto a su hija por una cesárea mal hecha. Más tarde se casó con María Teresa de Sajonia, con la que no tuvo descendencia. Y ya por último, con otra sobrina, María Cristina, de la que sí tuvo descendencia: dos niñas, Isabel y Luisa Fernanda. La primera daría mucho de qué hablar.  
También era aficionado a los toros, a la comida y al tabaco. Tendente a la obesidad y a sufrir ataques de gota. 
Según leemos en la wikipedia “padecía macrosomía genital, y sus médicos hubieron de fabricarle una almohadilla circular con un agujero central para que pudiera yacer con la Reina sin hacerle daño.” 
La cosa del poder le gustaba bastante. Ya en Aranjuez también había intentado hacerse con la corona. El motín contra Godoy era en realidad contra su progenitor. Un golpe de Estado. Otro más en una andadura que empezó allá por 1807 cuando conspiró por primera vez contra su padre dando lugar a un proceso que se vino a llamar el “Proceso del Escorial” donde fue juzgado. No pasó a mayores porque el felón denunció a sus colaboradores y acto seguido pidió perdón a sus padres. Además, parece ser que el Tribunal estaba en manos de “gente de confianza” y todos los acusados fueron absueltos. 
Ahora, cuando la jugada de Bayona, la fruta no estaba todavía madura. Había que esperar todavía un poco de tiempo. Lo malo es que en este compás de espera y con el vacío de poder que se había creado con la doble abdicación y con la guerra contra los invasores franceses, los españoles habían empezado a organizarse en Juntas de defensa y proclamado una constitución liberal en Cádiz, “La Pepa”, llamada así porque se promulgó el día de San José. Otros dicen que por fastidiar al otro “Pepe”, al Bonaparte. Cuando regresó, una vez derrotadas las tropas francesas, y con apoyo del clero y de la nobleza, el nuevo rey instauró el absolutismo, derogando la Constitución de 1812, porque eso de las libertades era cosa del enemigo o sea de los franceses a los que no había que imitar en su etapa revolucionaria. Así que ahora tocaba decir aquello de “vivan las caenas”. 
No todo el mundo se resignó a que este rey sumiera al país en el atraso y en el oscurantismo, Inquisición incluida. Durante su mandato hubo pronunciamientos liberales, como el de Riego o el de Torrijos, ahogados tarde o temprano en sangre. 
Cuando este rey falleció en 1833, España había perdido demasiado tiempo para modernizarse y ponerse al día como buena parte de las naciones europeas. El tren del progreso había pasado por la puerta y los españoles no pudieron cogerlo. Mientras, muchos países habían comenzado o consolidado su revolución industrial en brazos del liberalismo. Aquí las prebendas de nobleza y clero, la cerrazón ideológica y el absolutismo monárquico imposibilitaron cualquier asomo de modernización política o económica. Una desgracia para España y para los españoles. Fernando VII: tal vez el peor rey que hemos tenido nunca. Fue nefasto incluso con sus últimas actuaciones: promulgar la Pragmática Sanción en detrimento de la Ley Sálica que impedía a las mujeres reinar y así favorecer a su hija mayor, luego derogarla y más tarde vuelta a su aprobación, con lo que su heredera quedó en entredicho, movilizando a los partidarios de don Carlos y dando lugar a las Guerras Carlistas.

domingo, 24 de octubre de 2010

El revolucionario invento del jabón


Ducha "grecorromana".
Douglas Wright


Parece ser que el origen del jabón, - no de su nombre, que esa es otra historia, pues hay quien dice que proviene de la localidad de “Savona” y otros de un lugar de la antigua Roma junto al Tíber, el monte Sapo, lugar de sacrificios a los dioses, donde la grasa de los animales se mezclaba con las cenizas del ritual y esa mezcla suavizaba y limpiaba las manos y las ropas de cuantos anduvieran en esos menesteres- , bueno, pues a lo que íbamos, que parece que el origen del jabón, o al menos su precursor más remoto, procede de la antigua Mesopotamia, concretamente de la civilización sumeria, donde al parecer hay alguna alusión en algunas tablillas de arcilla. Parece ser también que los egipcios en algún papiro hacen mención a cierta sustancia utilizada para lavar el lino con el que confeccionaban sus ropas.
Los franceses se atribuyen su descubrimiento al insistir en que fueron sus druidas los que fabricaban un ungüento protector y limpiador a partir de grasa de carnero y cenizas, pero sin duda fueron los romanos los que se dedicaron a fabricarlo de forma cotidiana, al mezclar grasa o aceite con arena y luego utilizar un rascador a modo de “piling” casero. De todos es sabido el gusto de este pueblo por las termas y los baños públicos, una afición higiénica que además fomentaba los vínculos sociales. Cuando en el siglo V de nuestra era sobrevino la caída del Imperio romano, también decayó la higiene. La Iglesia se encargó de prohibir los baños públicos por considerarlos pecaminosos y con esta medida también se vino abajo el interés por el aseo personal. Bárbara época –nunca mejor dicho- ésta de principios del medievo.
¿Qué estará fabricando el druida Panorámix?

A partir del siglo VIII resurge la fabricación del jabón, sobre todo en algunas localidades italianas, como Venecia y en otros puntos de Francia y España. Aquí hay quien sostiene que fueron los árabes los que lo trajeron cuando conquistaron Al Andalus. En todo caso, su fabricación era reducida porque se consideraba un artículo de lujo, con lo que derivó en un artículo de consumo minoritario al alcance sólo de unos pocos afortunados. Venecia, Génova, Savona y Marsella se convertirán en centros importantes del negocio de la jabonería.
Durante la Baja Edad Media y coincidiendo con el terrible ciclo de las epidemias, decayó mucho el tema de los baños porque se pensaba que el agua era un vehículo idóneo para la propagación de las peste bubónica, algo que contribuyó la Iglesia a propagar porque veía allí ocasión para el pecado. Luego, durante el Renacimiento, la gente era más partidaria del perfume, es decir, de disimular los malos olores, que de los baños, con lo que la fabricación del jabón no experimentó apenas desarrollo y se estancó.
Jabón casero

Y llegamos a finales del siglo XVIII, coincidiendo con la Revolución Francesa y, en consecuencia, con el fin de los Monopolios Reales que encarecían ciertos productos, entre ellos el jabón, cuando tiene lugar el revolucionario invento del francés Leblanc quien descubrió el método para obtener el carbonato sódico (sosa) a partir de la sal, con lo que los artesanos jaboneros pudieron fabricar el jabón a gran escala y de una forma mucho más económica. A partir de este hecho, la industria jabonera se extendió por toda Europa multiplicándose el número de fábricas. El producto llegó a todos los hogares porque se abarató de una forma ostensible. De esta forma, comenzaron a reducirse las enfermedades gastrointestinales y las que afectaban a la piel, disminuyendo fuertemente las tasas de mortalidad, en especial la infantil.
Se puede afirmar que, con la ayuda del jabón, la población europea llegó a triplicarse en poco más de un siglo, con lo que a todas luces fue un invento revolucionario.