miércoles, 2 de septiembre de 2026

Nueva identidad

 

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Me llamo Antonio Mollinedo, pero no sé bien quién soy.
Mi cuerpo ya no me pertenece. Me di cuenta enseguida aquella fatídica mañana cuando fui al baño. Es sabido que todos tenemos nuestro olor característico. Al asearme me percaté de que los efluvios que emanaban de mis sobacos no eran los de siempre. Hasta ese día, mi olor corporal era un leve aroma, poco concentrado, suave, nada molesto. Ahora era muy distinto: mucho más rancio, más agrio y fuerte. No era el mío.
Mi cuerpo parecía estar siendo suplantado por un intruso invisible.
Me sentía mal. Una especie de vacío existencial se fue apoderando de mí.
Las dudas se convirtieron en certeza cuando me vi desayunar. No era yo el que desayunaba, sino un hombre hambriento, grosero y desaforado que engullía a toda velocidad tazas de café y montañas de tostadas con mantequilla y mermelada.
El chorretón generoso de brandy en el último café, que me serví maquinalmente como si se tratara de un ritual cotidiano, vino a confirmar mi sospecha: yo era abstemio, por lo tanto alguien se había apoderado de mi cuerpo y lo manejaba a su antojo. Cogí el periódico de la mañana y no entendí el gesto mío al saltarme las noticias importantes del día para ver los resultados de los partidos del fin de semana, la quiniela ganadora y la foto de la chica ligera de ropa que solía venir en la penúltima página, sin percatarme de que aquel no era un diario deportivo.
Luego me dispuse a salir a la calle. Entré en el ascensor y pegué el chicle en el botón del bajo. Cogí el coche y me dediqué a insultar a todo el que se me ponía por delante. Aparqué de cualquier manera en el parking, ocupando dos sitios en vez de uno.  Antes de bajar, vacié el contenido del cenicero en el suelo. En el trabajo discutí de fútbol con todo el mundo. Yo, que siempre odié el fútbol. Esa misma mañana, por un comentario que no me gustó, me cagué en el padre del jefe y le tiré los informes a la cara. “¡Está usted despedido!” Le oí gritar mientras, levantándome enfurecido del sillón, pegaba una patada a la papelera que se interpuso en mi camino.
Me quedé sin trabajo y mi mujer me abandonó.
Caminaba hacia el abismo.
¿Quién era yo? ¿En qué me había convertido?
Acudí al médico, al psicólogo, al psiquiatra. No encontraron solución a mi problema. Sólo se empeñaban en inflarme a pastillas o en torturarme haciéndome preguntas, indagando en mi pasado las posibles causas del trastorno que me aquejaba. Recurrí a la cartomancia, a la quiromancia, visité incluso a un sacerdote experto en exorcismos que no logró expulsar al diablo que, según él, habitaba en mí.
Estaba desesperado.
Decidí poner fin a mi vida, una vida que no me pertenecía. Me dirigí una noche al barrio de peor fama de la ciudad y desafié al grupo de matones que fumaban porros en la puerta de aquel tugurio. Después de pegarle un cabezazo en la nariz al más grande de todos, les dije: “Yo, desarmado, y vosotros no tenéis ninguno cojones de acabar conmigo.”
Me nombraron jefe de la banda.

Una nueva vida se abría ante mí, la que realmente me correspondía.

26 comentarios:

  1. Cayetano:
    ¡lo que no sabemos es a cuánto cotiza el alma en estos momentos en el IBEX del Infierno!

    Por cierto, ayer, al cruzar un parque en dirección a mi morada oí a un padre llamar a su hija: Cayetana. Con todas la letras, Ca-ye-ta-na. (Me sorprendió porque hacía muchísimo tiempo que no escuchaba el nombre).

    Salu2.

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    1. Sí. Mi nombre ahora está de moda, sobre todo entre el pijerío.
      Saludos.

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  2. Como recurso a tantos problemas mejor ser jefe, aunque sea de una banda.
    saludos.

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  3. Bien, bien, bien... De esto sé un poco. Mi sugerencia (que no, consejo) será que lo integraras del todo a tu vida. Vivir compartiendo existencia con un alterego es lo más apasionante que puede haber. Yo le di nombre -Okanu- y vive día y noche conmigo. (Ojo, de noche puede llegar a ser muy pesado).
    P.D. Muchas gracias por tu feedback en mi sitio. Allí somos pocos, pero creo que somos una selección digna de una camiseta.

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    1. Me gusta mucho eso de ponerme en la piel de algún personaje: una esquizofrenia inofensiva.
      Saludos.

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  4. No sé qué arreglo tiene tu problema, cuando ya has pasado por todos los especialistas, incluido sacerdotes. No me gustaría estar en tu pellejo.
    Has probado hacer el camino de Santiago, dicen que el agotamiento y la meditación, lo cura todo.Vuelves de vacaciones, peor que te fuistes
    Saludos

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    1. No se casa la chica con el chico, pero acaba como debía.
      Salud.

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  6. Pues ya nos cuentas cómo te va de jefe de la banda y si pagan bien.

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  7. Se cansó de ser buenos, educado, respetuoso con todas las normas y lo mandó todo adonde todos sabemos.
    Un poco de envidia da ¿ No?. Aunque le huela el sobaco, jajaja
    Saludos.

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  8. Muy sorprendente desenlace. Y es que hay metamorfosis del animal que portamos dentro que nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar. Se abre delante del protagonista una larga vida de pendencias que le van a suicidar antes o después.

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    1. Juguete del destino.
      Todos tenemos un lado oscuro.
      Saludos, Fackel.

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  9. He soltado una carcajada cuando he leído el desenlace. No te veo siendo jefe de la banda Cayetano.

    Un abrazo.

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    1. Salvo que sea una banda de rock, yo tampoco.
      Un abrazo, Conchi.

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