miércoles, 18 de febrero de 2026

Alta alcurnia


Miguel Expósito de Dios prosperó en la vida gracias al negocio de ultramarinos que, como hijo único que era, heredó de sus padres. Aunque no tenía completados los estudios primarios, hacía ostentación ante los demás de poderío económico, estilo refinado y nivel cultural. Entre otras medidas, forró la librería del salón con varios metros de libros encuadernados en piel roja y marrón, colocó en el centro de su jardín una fuente rodeada de los enanos de Blancanieves y mandó poner en la fachada de su chalet de seiscientos metros construidos el blasón familiar.

El escudo se lo mandó hacer de encargo a una de esas empresas que se dedican a la heráldica de pago y que dicen indagar en el origen de los apellidos. Y que todas coinciden en que los solicitantes de sus servicios tienen un origen nobiliario o ilustre, cuando todo el mundo sabe que el noventa por ciento de la población medieval española eran destripaterrones, campesinos sin tierra o siervos analfabetos y muertos de hambre que trabajaban de sol a sol para los señoritos de entonces. Nobles había, pero pocos.

De esta forma, fue citado por la empresa de heráldica para informarle de cómo iban las investigaciones sobre el origen de sus apellidos.

Señor Expósito. El trabajo nuestro está casi a punto. Solo queda que nos dé el visto bueno para ultimarlo. Aquí tiene el boceto de cómo quedaría el escudo: sobre campo de gules, una torre flanqueada a izquierda y derecha por un árbol y un león rampante, símbolos inequívocos de la grandeza de sus apellidos. La torre o castillo viene a ser la versión medieval de su casa, esa espléndida mansión que según usted mismo nos contó se hizo construir en su localidad; el león es el símbolo de la fuerza, de la determinación y del arrojo, como corresponde en justicia a su familia por su carácter emprendedor; y el árbol, una especie de metáfora sobre la semilla de la fortuna que crece y se convierte en árbol frondoso si sabemos ser constantes en lo nuestro.

Así que poco después, para envidia de paseantes y vecinos, la fachada de su mansión lucía el escudo familiar.

Lo que ignoraba Miguel era que, lejos de su pretendido origen medieval, sus apellidos debían su existencia al hecho de que sus abuelos varones, tanto el paterno como el materno, se criaron sin padres en sendos orfanatos.

Un día que estaba aburrido de ver tanto la televisión, se acercó por primera vez a la librería del salón con ánimo lector, escogió un volumen sobre etimologías y decidió echarle un vistazo.

Mientras cogía el libro, se decía para sus adentros que los apellidos familiares eran sonoros y contundentes y con mucho significado. "Expósito" vendría de persona que se expone al peligro, a los retos que plantea la vida. "De Dios" expresaría la solidez de sus ideas cristianas. Él era un hombre de orden, de misa semanal, temeroso de Dios.

¡Joder, mira que suenan bien! Me encantan mis apellidos. Voy a ver qué pone aquí sobre ellos.

Abrió por fin el tomo aquel cuyo título era "Antroponimia y onomástica", se sentó en el sillón de lectura que nunca usaba. Mientras leía, su semblante se ensombreció. Después tiró el libro y decidió no volver a consultar ningún otro en su vida.




14 comentarios:

  1. Poca cultura tenía el tendero, si no sabía el origen etimológico de sus apellidos.
    Saludos.

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    1. Cero en cultura, típico de los garrulos con dinero.
      Salud.

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  2. Recuerdo un maestro, de apellido Expósito, largo en la regla, pegando. Se ve que su formación, venía del Hospicio donde las monjitas lo habían criado, con mano dura. Hay que decir, que en su clase, no se oía ni el vuelo de una mosca.
    Saludos

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    1. Ya sabes lo que dicen de los que se adaptan al sistema. Peores que sus amos.
      Salud.

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  3. . ¡Ay que ver con los insignificantes márgenes comerciales! a este Expósito, los ultramarinos le daban para mucho.
    Salud.

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  4. Las palabras esconden cosas que no son imprescindibles para sentirse ufanos y hasta jactanciosos. ¡Qué importan los recovecos ante la apariencia!
    Un abrazo.

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  5. Cayetano:
    ¡si es que para leer algo que no nos gusta, mejor no leer nada! Jajaja.
    Salu2.

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    1. Este no leía ni el libro de las fiestas de su pueblo.
      Salud.

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