lunes, 12 de enero de 2026

Ruidos 1

Lo normal eran los crujidos. Aquella vieja mansión de techos altos, destartalada y fría, comprada a destiempo y sin reformar, de vez en cuando se quejaba. Y el lamento solía proceder de los goznes de las puertas, de las cañerías, de las baldosas de la cocina o del baño, de las tablas que formaban la tarima del suelo, de alguna teja movida por el viento…


A veces, en medio de la noche, un golpe seco, como de rotura, partía en dos el silencio que hasta ese momento nos acompañaba. Aquello nos sobrecogía al principio, aunque luego nos íbamos acostumbrando. Es más, yo diría que pasó a formar parte de nuestra existencia, suavizando y dando un toque de color a una relación en la que la rutina y la falta de comunicación se habían erigido como condimentos únicos de un aliño inevitable tras más de cincuenta años de convivencia.

Sí, ya sé que lo suyo hubiera sido invertir treinta o cuarenta mil euros en hacer ciertas reformas, pero la falta de ganas por un lado y las escasas perspectivas de futuro que se tienen cuando se van a cumplir ochenta años no contribuían a emprender acción alguna. Por esa misma razón fue por la que eché con cajas destempladas al mozalbete aquel que se presentó en mi casa empecinado en instalar en el tejado placas fotovoltaicas.

—En diez años puede usted recuperar el dinero invertido.
—A saber dónde estaré yo para entonces.

Y le cerré la puerta en las narices.

Sea como fuere, el caso es que, debido a la edad de la edificación, los achaques propios de una casa casi centenaria habían decidido instalarse y compartir sus quejidos junto a nosotros.

—Parece que crujen las lamas de madera del somier —me decía Elisa una mañana de invierno según nos levantábamos de la cama.
—Son mis huesos, cabrona, que ya vamos también teniendo una edad.


10 comentarios:

  1. jejejejeje, los huesos también crujen..jajaja y tanto

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    1. Ya te digo. Los huesos crujen y las casas viejas tienen achaques como las personas mayores. Todo un concierto.

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  2. Los huesos crujen y en general se quejan demasiado a partir de cierta edad.

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  3. Las reformas a ciertas edades no son lo mas recomendable, tampoco los caserones con escaleras antiguas. Mejor un apartamento con ascensor en suelo urbano.
    Saludo.

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  4. Ya tus comentaristas han dicho lo esencial, la correspondencia entre los crujidos de la casa y los de los huesos por la edad. Afortunado relato que refiere una gran verdad. A los ochenta años, salvo que seas Trump que los roza, ya no se tienen ganas de iniciar reformas o cambios demasiado grandes -a veces ni pequeños-.

    En cuanto a placas solares, hay que decir que han sido un pésimo negocio. No se amortizan ni en diez ni en veinte años. Yo las puse hace cuatro años. Actualmente, el precio de venta de la electricidad es bajísimo por lo que los excedentes no compensan nada. Y lo peor es que la electricidad es muy barata durante el día y muy cara por la noche cuando no sirven las placas solares. Me arrepiento de su instalación. Nos engañaron, no hubo subvenciones, y ahora son inútiles. Fue dinero perdido.

    Saludos.

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    1. Yo ya no me quiero meter en reformas. Siempre les tuve pánico. Ahora más. Mis suelos porcelánicos crujen de vez en cuando por la dilatación debido al suelo radiante. Me han dicho que con el tiempo se levantarán las placas. Temblando estoy.
      Un saludo, Joselu.

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