Esta entrada está basada en otra que hice allá por
diciembre de 2010
1984 es el título de una novela de historia ficción de George Orwell, una “distopía” o “antiutopía” (porque las "utopías" suponen una alternativa feliz), producto de la guerra fría, de la psicosis nuclear y del miedo al totalitarismo estalinista.
La novela se escribió al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial. Se puede decir que para los que sobrevivieron a esta, ese año de 1984 quedaba muy lejos y se podía allí fijar una fecha para un futuro amenazante e incierto.
La novela se sitúa en una futura Inglaterra, donde el Partido Único promueve una feroz represión organizando la vida de sus ciudadanos de una forma tiránica, ejerciendo un absoluto control de sus acciones y pensamientos. El protagonista de la obra trabaja en un departamento cuyo objetivo es reescribir la historia, algo muy típico de las dictaduras. La labor que lleva a cabo “El Ministerio de la Verdad”, destruyendo todos los documentos que desmienten la historia oficial recuerda también a otra gran obra de historia ficción, Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.
Y es en esta obra donde aparece el “Gran Hermano”. Algunos creen que esto es una invención original de absurdos y degradantes programas morbosos y horteras de TV. El Gran Hermano te vigila. Ese símbolo de ojo que ves y que todo lo ve, instalado en cada minivivienda, especie de celda interactiva bajo control del omnipotente televisor. Símbolo del poder absoluto en una sociedad dirigida donde está prohibida la intimidad y la libertad individual. Una sociedad donde son canalizadas y controladas todas las actividades, todas las emociones… para crear gente con gustos e intereses muy parecidos, porque el objetivo que se persigue es el de consolidar el pensamiento único, y que todos los individuos caminen en la misma dirección…
La verdad es que aterra pensar que esto pueda ocurrir, pero este mundo tan globalizado dominado por los mercados, donde lo que interesa no es la cultura ni la originalidad ni la felicidad del individuo sino el aborregamiento de las masas productoras/consumidoras, con esas modas tan iguales en todas partes –en el vestir, en el comer, en el ocio- y esos programas tan reiterativos y soeces en todas las cadenas -precisamente aquí viene al pelo lo de "Gran Hermano"-, va encaminado hacia esa aberración del pensamiento único donde lo más importante no es la libertad individual ni la creatividad, sino seguir las líneas trazadas, acatar el orden establecido por los mercados que, al fin y al cabo, son los que mandan.



