Analizamos en primer lugar las
causas o factores que hicieron posible dicha revolución.
Máquina de vapor, 1784 (James Watt, versión mejorada de la máquina de Newcomen)
A mediados del siglo XVIII Inglaterra aparece encabezando la Revolución Industrial.
¿Por qué se dio la Revolución Industrial primeramente en Inglaterra y en otras partes no se dio o se hizo de forma incompleta?
¿Qué factores o causas posibilitaron dicha revolución? Entre otras muchas podemos destacar:
- La demografía a favor: la población creció considerablemente debido a la reducción de las tasas de mortalidad ordinaria y catastrófica y a mantenerse elevada la natalidad. Atrás quedaron las grandes hambrunas y los episodios de epidemias que causaban una mortalidad extraordinaria. La desaparición hacia 1720 de la rata negra, portadora de pulgas, fue un hecho muy significativo. Más población significa aquí más mano de obra disponible y más consumidores de los nuevos productos industriales (textiles fundamentalmente).
- Las mejoras en la agricultura: Inglaterra consiguió una gran productividad agraria gracias a la introducción de una serie de innovaciones: método Norfolk, selección de semillas, estabulación del ganado, etc. Mayor productividad equivale a mayores rentas procedentes del campo que pueden ser invertidas en otras actividades, como por ejemplo la industria.
- Un comercio en expansión: posibilitado por medios de transporte adecuados, canales navegables, puertos y carreteras, más tarde el ferrocarril, y un mercado colonial de donde obtener materias primas baratas y donde colocar los productos industriales.
- Recursos naturales: energía hidráulica, abundantes materias primas como carbón, hierro, algodón traído de las colonias, etc.
- La ausencia de graves conflictos en el país: paz interior casi plena, ausencia de revoluciones. Y en el exterior, la insularidad protege al país como si se tratara de una barrera. Todo ello posibilitó la confianza de los inversores en el sistema, dando una gran estabilidad a los negocios.
- Progreso tecnológico: nuevos artilugios que multiplicaron la productividad, como la máquina de hilar, el telar mecánico y la máquina de vapor.
Máquina de hilar (la "spinning jenny") de James Hargreaves, 1770. Nueve años más tarde, Crompton ideó un modelo superior, la "spinning mule."
Telar mecánico de Crompton, 1779. Posteriormente, Edmund Cartwright (1743 - 1823) patentó su telar mecánico en 1785, una versión mejorada de la anterior
- Un sistema político adecuado en este momento: el liberalismo político, una monarquía parlamentaria que favoreció las inversiones de una burguesía estable y emprendedora. En este sentido, las monarquías absolutistas de otros países como España, con su política errónea de favorecer a la nobleza y a sus privilegios, supusieron un freno para el progreso y el desarrollo industrial.
ANIMACIONES INTERESANTES.
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A continuación, hacemos un repaso acerca de uno de los costes más importantes de la Revolución Industrial :
la explotación infantil
¿Qué expresan esas miradas?
Una de las miserias más grandes de la Revolución Industrial inglesa fue la referente al empleo masivo de mano de obra infantil en el proceso de producción.
Algo muy provechoso para empresarios y fabricantes porque el salario de los niños era dos o tres veces inferior al de los adultos.
Así, chicos de 10 ó 12 años, e incluso menores, eran empleados en las minas, la industria textil o la siderurgia. Su horario de trabajo, de 10 a 12 horas diarias, incluso sábados.
Esto se aceptaba como algo normal dada la mentalidad de la época y dadas las necesidades de las familias obreras.
El escritor británico Charles Dickens, en su novela "Tiempos difíciles" supo plasmar las dificultades de estos chicos explotados a los que se les arrebató la infancia en un mundo despiadado de adultos, convirtiéndose así en testigo excepcional de su tiempo.
Traigo aquí un par de textos que he encontrado en esta interesante
dirección:
"Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a escuela los domingos y aprendo a leer. (...) Me enseñan a rezar (...) He oído hablar de Jesucristo muchas veces. No sé por qué vino a la tierra y no sé por qué murió, pero sé que descansaba su cabeza sobre piedras. Prefiero, de lejos, ir a la escuela que estar en la mina."
Declaraciones de la niña Sarah Gooder, de ocho años de edad. Testimonio recogido por la Comisión Ashley para el estudio de la situación en las minas, 1842.
“En esta fábrica trabajan mil quinientas personas, y más de la mitad tienen menos de quince años. La mayoría de los niños están descalzos. El trabajo comienza a las cinco y media de la mañana y termina a las siete de las tarde, con altos de media hora para el desayuno y una hora para la comida. Los mecánicos tienen media hora para la merienda, pero no los niños ni los otros obreros (...).
Cuando estuve en Oxford Road, Manchester, observé la salida de los trabajadores cuando abandonaban la fábrica a las doce de la mañana. Los niños, en su casi totalidad, tenían aspecto enfermizo; eran pequeños, enclenques e iban descalzos. Muchos parecían no tener más de siete años. Los hombres en su mayoría de dieciséis a veinticuatro años, estaban casi tan pálidos y delgados como los niños. Las mujeres eran las de apariencia más saludable, aunque no vi ninguna de aspecto lozano (...). Aquí vi, o creí ver, una raza degenerada, seres humanos achaparrados, debilitados y depravados, hombres y mujeres que no llegarán a ancianos, niños que nunca serán adultos sanos. Era un espectáculo lúgubre (...)”
Charles Turner Thackrah. Los efectos de los oficios, trabajos y profesiones, y de las situaciones civiles y formas de vida, sobre la salud y la longevidad. 1832.
- Un vídeo muy interesante sobre la explotación del trabajo infantil en la Revolución Industrial. Dura diez minutos escasos y merece la pena.