lunes, 14 de noviembre de 2016

El chivo de Azazel



Aquello se había convertido en una ratonera. 
La vida era difícil, pero escapar de ella lo era todavía más. 
¿Cómo se había llegado hasta esa situación insoportable? ¿Qué habíamos hecho nosotros para merecer ese castigo? 
La respuesta era muy sencilla: se hacía necesario buscar un colectivo que contara con pocas simpatías y que cargara con las culpas de todo lo malo que estaba pasando en Alemania: la crisis económica, la afrenta de Versalles tras la guerra anterior, la ruina de muchos alemanes, el desempleo, la prostitución, la pornografía, el comunismo, el capitalismo, el arte moderno… Éramos el chivo de Azazel, el sacrificio necesario para aplacar la ira del demonio, encarnado terrenalmente por lo peor de un pueblo humillado, irritado y deseoso de venganza. 
El método empleado: la bola de nieve que rueda por la ladera y se va haciendo cada vez más grande hasta convertirse en un alud poderoso capaz de sepultarnos para siempre. De eso sabía mucho el ministro de propaganda del Reich, el doctor Goebbels… Un experto en el arte de la manipulación colectiva. 
El proceso que se siguió fue el siguiente: 
El primer paso fue el boicot a nuestros trabajos, actividades y negocios con el fin de arrinconarnos, arruinarnos, segregarnos y expulsarnos desde el punto de vista económico, social y espacial. 



En 1934, todos los establecimientos judíos fueron marcados con la estrella de David amarilla o señalados con la palabra "Jude" bien visible en los escaparates. En las puertas de acceso, matones de las SA, con su atuendo paramilitar, exhibían una actitud chulesca para disuadir a posibles compradores. Muchos alemanes optaron por no entrar en esos establecimientos, bien por no complicarse la vida, bien porque estaban de acuerdo con el boicot. Y eso suponía la ruina para muchos propietarios. En los transportes públicos y en los bancos de los parques, los judíos debíamos sentarnos en los asientos marcados para nosotros. Si alguien no lo hacía era increpado por cualquier usuario. En algunas tiendas y farmacias se nos negaba la compra de alimentos y medicinas. A nuestros médicos, docentes y abogados se les hizo el boicot, alentando a los alemanes a no usar sus servicios. En consecuencia, muchos maestros y otros empleados públicos fueron despedidos. En las escuelas, a los niños se les inculcaban ideas antisemitas, delante de los niños judíos que reiteradamente eran ridiculizados sin miramiento alguno por sus propios profesores. En los patios de recreo, el acoso de los niños judíos por parte de sus compañeros quedaba en la más absoluta impunidad. Maneras de conseguir que estos abandonaran la escuela y después acusarles de indolentes y perezosos. 
En 1935 se promulgan las Leyes de Nuremberg de pureza racial, por las que los judíos dejábamos de ser considerados ciudadanos alemanes y se prohibió el matrimonio entre judíos y no judíos… 

 “Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes del 15 de septiembre de 1935 
 Artículo 1° Quedan prohibidos los matrimonios entre judíos y ciudadanos de sangre alemana. Artículo 2° Queda prohibido el comercio carnal extramatrimonial entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín. 
 Artículo 3° Los judíos no podrán emplear en su hogar a ciudadanas de sangre alemana o afín menores a los 45 años.” 

 Así, poco a poco, nos fuimos convirtiendo en los “subhumanos”, los seres inferiores, los “untermensch”. 
El siguiente paso era expulsarnos definitivamente, echarnos de Alemania. 
La noche de los cristales rotos, del 9 al 10 de noviembre de 1938, con el asalto a los domicilios, sinagogas y propiedades de los judíos, fue un gran salto cualitativo, una maniobra perfecta para deshacerse de nosotros. 



¿Qué hicimos mal, ¡oh, Jahvé!, para merecer ese castigo? ¿Acaso era una prueba más a la que nos sometiste para comprobar la solidez de nuestra fidelidad hacia ti? 

Contaba mi sobrina Edith que aquella noche se oían gritos en la calle. Asustada se asomó por la ventana de su habitación y vio una turbamulta de gente enloquecida que corría en grupos de un lado para otro. Sacaron de un establecimiento a un hombre ya mayor y la emprendieron a golpes con él, derribándolo al suelo y pateándolo, mientras le chillaban, le escupían y le increpaban. 
Luego, con el corazón en un puño latiendo sobresaltado, vio desde esa misma ventana cómo ardía la sinagoga que estaba en frente de su casa, mientras algunos viandantes aplaudían. 
Ella tan sólo tenía diez años y aquellas imágenes se le quedaron grabadas en la mente para toda la vida. Seguía contando que posteriormente un grupo de gente vociferante y violenta entró en la casa vaciando los armarios y la despensa, tirándolo todo por el suelo. Y pisoteándolo. También tiraron libros y cuadros a la calle por el balcón. Y que luego se llevaron a su padre, a mi hermano… 
No lo volvimos a ver. A mi sobrina finalmente la pude sacar del país. 
Después que pasó todo, ella misma contaba que tuvo durante mucho tiempo miedo a quedarse sola y que por la noche tenía pesadillas, gente gritando aporreando la puerta, fuego y humo por todos lados…

Continúa...

Fragmento de un capítulo de EN LA FRONTERA
Un libro en formato pdf de descarga gratuita. 



40 comentarios:

  1. La mejor respuesta que se me ocurre es la siguiente:

    ELLOS VINIERON.

    “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,
    porque yo no era comunista,
    Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
    guardé silencio,
    porque yo no era socialdemócrata
    Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
    no protesté,
    porque yo no era sindicalista,
    Cuando vinieron a buscar a los judíos,
    no pronuncié palabra,
    porque yo no era judío,
    Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
    no había nadie más que pudiera protestar.”

    Pastor, Martin Niemöller

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto. No damos importancia a las cosas hasta que descubrimos que son más terribles de lo que creíamos.
      Un saludo, Paco.

      Eliminar
  2. Y aquí está el quit de la cuestión, en la Ley.
    Desde marzo del 33, en que se aprobaron una cantidad de leyes en el congreso alemán, todas contra el pueblo judío, se dio por sentado de que la Ley era la que se había de cumplir. Y que si lo decía la Ley y esta emanaba de los congresistas y los congresistas eran elegidos democraticamente, la Ley era democrática.
    Y la Ley es la que se ha de cumplir y sino derogar.
    Y aquí versa el problema de fondo alemán, del que nos habla Anna Harent y del que incluso el mismo Heidegger jamás abjuró. Si lo dice la Ley es que está aceptado, luego los judíos (o quienes no fueran arios) son una raza inferior.
    Debemos saber a quien ponemos en el poder, la capacidad de mandar no siempre recae en quien está capacitado. Y esa es la lección que tenemos que tener presente.
    Salut

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una lección que parece que todavía no hemos aprendido. Mira lo que está pasando en EEUU.
      Un saludo, Miquel.

      Eliminar
  3. Un pasaje que resulta muy oportuno rescatar en estos días. El mundo lleva un rumbo que pronto tendremos que preguntarle a Jahvé qué hemos hecho. Es terrible oír a los niños gritar "build that wall", señal del veneno que les están inoculando.

    Feliz lunes

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La humanidad no aprende nada de los errores pasados.Una lástima.
      Un abrazo, madame.

      Eliminar
  4. No hay que olvidar que el régimen nazi "sólo" perfeccionó los métodos de una persecución contra un pueblo que llevaba años, siglos produciéndose, incluyendo los escritos de Lutero o el libelo de los Protocolos de los sabios de Sion. Una infamia de la que tal vez no estamos tan alejados como nos gustaría.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las persecuciones de judíos se remontan, en efecto, a muchos siglos atrás. La peste de 1348 fue obra de ellos, según muchos exaltados de la época.
      Un saludo, Xibelius.

      Eliminar
  5. El chivo de Azazel revive de tanto en tanto en diversos puntos geográficos, cubierto por sus sacrificadores con pieles diferentes según convenga a los intereses del organizador.. La primera de esas pieles será siempre la mentira, la calumnia, el denigrar a la víctima para dejarla debilitada e indefensa sin argumentos de denuncia.
    El observador atento reconoce la acción al primer toque.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Algunos aprenden de la historia, otros casi nada.
      Un saludo, Ana María.

      Eliminar
  6. Las primeras fases de esta campaña están sucediendo en algunas regiones de España desde hace años contra todo lo que suene a español. El mundo está lleno de casualidades y de repeticiones. Ya veremos hasta donde llega la "limpieza" de sangre, por ahora, no se les está poniendo freno.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando tengamos el problema encima, se habrá perdido un tiempo precioso.
      En EEUU parece que ya van a empezar con el tema de las deportaciones.
      Un saludo, Carlos.

      Eliminar
  7. Una entrada muy oportuna ahora que se cumple el primer aniversario de los atentados de París. No importa cuál sea el origen de la sinrazón, da igual que sean las diferencias religiosas o el racismo, lo que verdaderamente importa es que seguimos sin aprender y que la sinrazón sigue existiendo.
    Un abrazo Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y me temo que muchos no aprendieron la lección y podríamos repetir los mismos errores que antaño.
      Un abrazo, Ambar.

      Eliminar
  8. Ya ves...Nos toca de lejos (el ébola por ejemplo o la guerra del coltán), pero no nos interesa hasta que lo vemos cerca...Y sucede lo del poeta...Ya nadie estará ahí.

    Saludos Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, Manuel. Parece que no aprendemos de la historia.
      Un saludo.

      Eliminar
  9. Claro, la cuestión es encontrar un chivo expiatorio. No andamos ahora lejos de esa situación, vivimos momentos convulsos y no sé que nos deparará el futuro. Espero que no veamos situaciones parecidas. Me ha producido escalofríos leer la entrada.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seguramente no hayamos aprendido nada del pasado y volvamos a tropezar - a "trumpezar"- en la misma piedra.
      Un saludo, Valverde de Lucerna.

      Eliminar
  10. Lo peor de la naturaleza humana nunca muere de puro arraigo disfrazado de supervivencia. Lo que desde luego muere es nuestra frágil memoria colectiva que se muestra a los añosos como harto perezosa. De poco parecen servir los documentos a quienes no tienen interés en aprender.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No hay interés en aprender. Dudo que algunos ciudadanos tengan capacidad para ello. Nos movemos por intereses a corto plazo y las vísceras suelen sustituir a la razón.
      Saludos, Emejota.

      Eliminar
  11. Y lo malo es que se está volviendo a ese deseo de "limpieza" en Europa y en EEUU, ese achacar los males a un colectivo considerado "extraño", a los otros, los que vienen de lejos, bien sean mexicanos o sirios o sudaneses o inmigrantes ilegales. ¿Nunca aprenderemos de nuestros errores?
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que estamos condenados a repetir una y otra vez los mismos errores. Esta humanidad nuestra está entrando de nuevo en una dinámica que no me gusta nada. Se ve que la historia pasada sirve de poco.
      Un saludo, Carmen.

      Eliminar
  12. Aunque muchos piensan que nada parecido a lo expuesto en tu entrada yo tengo mis dudas,en estos tiempos de conflictos raciales y religiosos basta con una chispa para encender una mecha que ya se está viendo en algunos sitios.
    Conviene recordar la historia como esta que nos narras para no tropezar en la misma piedra.
    Estaré atenta a la continuación.
    Un saludo Cayetano.
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso pienso yo. Hay que aprender de los errores cometidos en el pasado para no volver a caer en los mismos excesos. Y parece que hay gente que no aprende.
      Un saludo, Puri.

      Eliminar
  13. Respuestas
    1. Tenebrosos, grises y horribles. Una pesadilla.
      Un saludo, Retablo.

      Eliminar
  14. La pasividad del pueblo alemán no es reprochable. ¿Quién en defensa de los suyos no seguiría las doctrinas anti-semitas abordadas por los jerifaltes nazis? Hay que verse en la tesitura... Cierto es que muchos fueron cómplices en todo aquello, pero el infierno les espera, o una reencarnación a la baja...
    Saludos, Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mucho alemanes pensaban que el asunto no iba a llegar tan lejos como llegó, con aquellos campos de exterminio. En todo caso, fueron corresponsables de alimentar monstruos mesiánicos como los que alimentaron. Ya sé que las circunstancias del momento fueron los verdaderos factores que auparon en el poder a esa panda de psicópatas. A ver si la historia nos sirve de algo a los ciudadanos para evitar de nuevo que se repita, aunque tengo serias dudas.
      Un abrazo, Félix.

      Eliminar
  15. Angustiosa situación, brutal humanidad capaz de infligir tanto daño a otra parte de la humanidad. Y el caso es que la historia sigue, y sigue, y sigue...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y por lo que estamos viendo, parece que no nos sirve de enseñanza. Vamos mal.
      Un abrazo, Isabel.

      Eliminar
  16. Disculpa que entre en tu casa sin llamar.

    ¿De verdad que la pasividad del pueblo alemán no es reprochable? Me pregunto por qué.

    España está llena de monumentos franquistas y sus cunetas llenas de cadáveres y a muchos tampoco parece importarles. También me pregunto por qué.

    La señora Ángela Merkel ha aceptado un millón de refugiados y eso le puede costar perder las próximas elecciones. Y me vuelvo a preguntar por qué.

    Saludos y gracias por dejarme entrar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Encantado de compartir esta humilde morada con tus comentarios, amigo El peletero, asiduo del blog del señor Cartisano.
      Opino, al igual que tú lo haces, que nunca debemos minimizar las responsabilidades de los ciudadanos, sobre todo si estos tienen la facultad del derecho al voto, como pasó en diversas ocasiones y pasa en la actualidad (caso Trump). Podemos decir que la gente está harta, que si la crisis, que si tal o que si cual, pero la responsabilidad es de todos que para eso ya somos mayores de edad.
      Un saludo cordial.

      Eliminar
  17. Esta entrada me daría para explayarme, pues es uno de los temas y períodos de la Historia que más me interesan, pero me centraré en aclamar el enfoque que le das: si bien es cierto que la maquinaia propagandística ideada por el Doktor funcionaba a las mil maravillas, no lo es menos que esto se debiera en gran parte a la connivencia del pueblo alemán en todos los estratos sociales -como ocurre con los populismos al alza en todo el mundo hoy en día-, como bien reflejas: profesores, médicos, viandantes, niños, todos participaban, y no todos con una pistola en la cabeza, sino por su propia voluntad. Dicho todo esto, obviamente la mayor responsabilidad la tienen aquellas mentes que idearon todo el horror que aconteció. Me vienen recuerdos de mi visita al campo de concentración de Terezín, cerca de Praga, un par de años ha; una visita que me marcó por el sobrecogedor silencio y peculiar olor, atmósfera y color marrón, hasta del río, por las calles del pueblo modélico de vida judía según la película que rodaron para exponerla ante el mundo entero.

    Gran entrada, Cayetano; me quedan pendientes las de Katia, que he estado de viaje en Escocia, en cuanto tenga un rato tranquilo las leeré con gusto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si la humanidad fuera capaz de aprender algo de los horrores vividos, ya habríamos ganado mucho; pero tengo mis dudas.
      Un saludo, Pedro.

      Eliminar
  18. Oir, ver y callar.
    Todos sordos, ciegos y mudos.
    El mundo no ha aprendido nada.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si no hemos aprendido nada o es por incultura o porque preferimos no ver lo que está pasando. Vamos encaminados a más de lo mismo.
      Un abrazo, Arantza.

      Eliminar
  19. Espero impaciente la continuación Cayetano. La segunda guerra fue muy cruel y con demasiados muertos. Lo malo es que las guerras continúan y parece no importarnos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aprendemos demasiado poco de los errores del pasado.
      Un abrazo, Conchi.

      Eliminar
  20. Ni las sociedades actuales, occidentales o no, aprenden, ni lo hicieron las anteriores como la alemana de la que nos hablas aprendió. Así llevamos desde tiempos de Nerón, por poner un ejemplo bien conocido.
    Soy pesimista, pero quizá algún día, un mundo global y justo, hoy utópico, lo logre.
    Saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca hay que perder la esperanza. A corto plazo, parece que no hemos aprendido nada.
      Un saludo, DLT.

      Eliminar