lunes, 28 de noviembre de 2016

Quinto Sertorio

Quinto Sertorio

72 a de C. 

En aquel tiempo, Roma había consolidado su dominio en toda la cuenca occidental del Mediterráneo. Las conquistas habían reportado grandes beneficios al estado y a las clases pudientes. No ocurría lo mismo con las clases menos favorecidas, quienes agrupadas en las ciudades amenazaban con desestabilizar el orden social. 

“Me llamo Quinto Sertorio. Fui acusado de alta traición a Roma y por eso mandaron asesinarme. 
¡Qué fácil resulta insultarme, calificarme de aventurero y de traidor a mi patria cuando fueron precisamente algunos de sus gobernantes los que traicionaron al pueblo romano, y a mí me arrinconaron en el desván de los olvidados, mandándome lejos donde no estorbara, cuando precisamente lo di todo por ella! ¡Hasta un ojo! ¡Sí, un ojo, como Aníbal. Pero por Roma, no contra ella! Otra cosa es que yo consintiera apoyar los turbios manejos de ambiciosos y siniestros personajes como Sila. Ese déspota, ese tirano, ese asesino. Por ahí no pasé. Y lo pagué caro. 
En la guerra de Yugurta contra los númidas me involucré sin importarme el riesgo. Luego, alcancé cierto prestigio a raíz de mis valerosas intervenciones militares en las batallas de Arausio (105 a de C), Vercelae (102 a de C), contra los cimbrios y los teutones, a las órdenes de Cneo Malio Máximo y Cayo Mario respectivamente. Logré en ese año infiltrarme en el territorio de los cimbrios para conocer sus movimientos aprovechando mis conocimientos de la lengua de los bárbaros. Crucé el Ródano a nado a pesar del peso de mi escudo y de mi coraza. Y me hice pasar por uno de ellos. Luego, ya nombrado Tribuno militar destinado en Hispania, aborté una conspiración contra Roma (93 a de C). Tres años después combatí en la guerra social contra Sila apoyando a los demócratas. Yo venía de una familia modesta, por eso nunca entendí la ambición desmedida de muchos patricios como los partidarios de Sila. Soy hijo de un pequeño propietario rural del centro de la península itálica. Pronto enviudó mi madre. De ella aprendí a ser humano y generoso con los demás. Nunca vi tratar a los esclavos domésticos como perros; antes, al contrario, compartían la mesa, el pan y la casa con nosotros. 
Tras una azarosa vida militar, me convertí en uno de los más destacados generales del partido popular romano durante las guerras civiles que sacudieron mi país. El partido popular (*) estaba acaudillado por Mario, del que yo era lugarteniente, y luchaba contra el partido patricio, liderado por Sila, quien con el tiempo llegaría a dictador. La guerra entre ambas facciones, en realidad una lucha de clases, originó masacres como nunca había conocido Roma. Para que os hagáis una idea os diré que la dictadura patricia representó el exterminio programado de sus contrincantes de un modo sin parangón hasta entonces en la historia de occidente. Muchos partidarios de los populares perseguidos por aquel régimen de terror hubieron de exiliarse para salvar la vida. Por eso jamás reconocí al sanguinario “optimate”, al aristócrata, al conservador, al usurpador, al que mató a Mario, al que asesinó al defensor de los humildes. 


Lucio Cornelio Sila

Más daño que la guerra hace al hombre la ambición, un sentimiento que anida en el corazón de muchos, pues tanto el hombre virtuoso como el perverso aspiran legítimamente al honor y a la riqueza. La diferencia estriba en que mientras el hombre bueno intenta alcanzar su objetivo por caminos honrados, el malo lo hace con argucias y malas artes. La ambición entonces se convierte en avaricia, un veneno que convierte al que lo prueba en un ser egoísta e insaciable. Y en ese camino, una vez emprendido, el perverso no duda en apartar a la gente honrada que le estorba. Y para ello recurre a la traición, al robo, a la mentira, a la violencia, al asesinato. Ese fue el camino iniciado por Sila, el optimate, el aristócrata, engreído y vanidoso, quien para conseguir sus fines de gloria no dudó en apartar de él todo obstáculo que se interpusiera a su paso. Ese fue el método y ese también el nefasto ejemplo que el dictador ofreció a sus soldados, quienes, del mismo modo que su general, se dejaron llevar por la degeneración y se entregaron a la brutalidad, al pillaje, a la embriaguez, a la incontinencia, al robo… Desde el mismo momento en que la codicia y la mala voluntad se instalan entre las personas, el vicio sustituye a la virtud, la soberbia ocupa el lugar de la templanza y se olvida la piedad frente al enemigo que cae, no teniendo compasión de los vencidos. 
Así no se construye un imperio. Los territorios que han engrandecido Roma quieren mirarse en ella, admirar sus obras, asimilarse a su cultura, romanizarse en paz; pero el vicio y la avaricia no son buenos espejos. El egoísmo y la soberbia, además de frágiles y caducos, producen desconfianza y distanciamiento; sólo la virtud de la moderación es duradera, porque queda apartada de los abusos y de la crueldad. Sila, ensimismado en su poder, no quiso nunca entender cuál era el verdadero camino a seguir."

Continúa...

(*) Para entendernos: la izquierda.


Fragmento de un capítulo de 
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37 comentarios:

  1. Alguien que entendió que había que convencer y no vencer, para ganarse la lealtad de los gobernados.

    ¿ Que habría sido de la República Romana si Sertorio hubiese derrotado con contundencia a Sila ?.

    Un abrazo.

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    1. Un romanizador consecuente.
      Me imagino que aunque hubiera perdido Sila, al final se cargarían igual a la República. La sucesión de Monarquía, República e Imperio parece formar parte de un ciclo histórico que lo mismo se dio en Roma, que en la Grecia antigua o en la Francia contemporánea (de Luis XVI a Napoleón, pasando por la revolución). Cosas de la historia.
      Un abrazo, Rodericus.

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  2. En poco tasaron el ojo de Quinto Sertorio, al parecer. No debieron de quedarle ganas de ofrecer el otro.

    De nuevo por aquí, ya de regreso, monsieur.

    Feliz comienzo de semana.

    Bisous

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    1. Ya veo que todo fue bien por Bormujos.
      Un abrazo.

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  3. Cuando entró Pompeyo en acción la balanza se inclinó del lado de los conservadores. Atinada tu observación en el comentario, los ciclos de las formas de gobierno parecen repetirse, como casi todo en la historia.
    Saludos, Cayetano¡

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    1. Algo así como si las sociedades fueran organismos vivos y, como estos, tienen un ciclo vital: nacimiento, desarrollo o apogeo y decadencia o muerte. También es cierto que la humanidad tiende a tropezar siempre en la misma piedra. De ahí que las cosas se repitan.
      Un saludo, Félix.

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  4. La historia de los pueblos se repite de una manera cíclica y constante. Los hombres siguen siendo igual de degenerados o igual de virtuosos que hace siglos. Nada nuevo bajo el sol.
    Besos Cayetano

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    1. ES el único consuelo que nos queda: saber que ayer éramos tan corruptos y villanos como hoy. Como bien dices: nada nuevo bajo el sol.
      Un abrazo, Ambar.

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  5. Quinto Sertorio afirma que “así no se construye un imperio”. Son de loar sus buenas intenciones, pero está completamente equivocado. Así, precisamente así, se construye un imperio. Así y de otras formas también, pero enumerarlas todas sería irnos demasiado lejos, además, ya no quedan cimbrios para darnos también su opinión, hubiese sido interesante conocerla.

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    1. Bueno, en el fondo, más que Quinto Sertorio, el que lo dice soy yo. Cosas de los relatos. Una licencia literaria. Basándome en alguna documentación, pretendí dar una imagen de un romano distinto (dentro del margen de lo que en aquella época se podía uno permitir). Es cierto que tenía un talante más abierto que otros coetáneos suyos, pero siempre con la mentalidad "imperante" en su tiempo. Lo contrario sería como pretender que Quevedo no fuera xenófobo en el siglo XVII.
      Un saludo, El peletero.

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    2. Naturalmente que lo has escrito tú, si lo hubiera hecho él mi comenrario estaria fuera de lugar. Mi referencia a su persona, como debes de haber adivinado, era solamente retòrica.

      Entiendo lo que quieres decir, pero, por poner un ejemplo, Bartolomé de las Casas no era precisamente xenòfobo, creo. Ni tampoco, permíteme la ironia, los reyes que se casaban con extranjeras aunque en algunos casos fueran primas. hermanas.

      Saludos, Cayetano.

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    3. Efectivamente, la xenofobia de tiempos modernos era generalmente selectiva: extranjeros no cristianos, o sea "infieles" que se decía entonces (exceptuamos a Bartolomé de las Casas que era un ser excepcional que debía remar contracorriente). A Quinto Sertorio lo elegí para los personajes "de frontera" porque fue una "mosca cojonera" que le salió a Sila y compañía. Otra cosa es que fuera un santo varón. Y como se trata de un relato en primera persona, el personaje es poco objetivo y relata solo aquello que le interesa.
      Nuevo saludo, El Peletero.

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  6. Quizás el paso de los años nos haga enfocar la realidad de distinta manera a los soñadores. Dejan de ilusionarse y se encuentran con la rudeza de la crueldad humana que unos cuantos personifican y tantos "neutros" secundan si la cuestión conviene a sus intereses.

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    1. Los años hacen que cambiemos o que saquemos esas facetas que andan por ahí escondidas dentro de cada uno.
      Un saludo, Emejota.

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  7. Además de un gran idealista en aquellos tiempos tan revueltos, fue un excelente militar que además de lo que narras, en Hispania le dió las del pulpo y una mas a un joven Pompeyo que mandaron para ver si acababan con él. Lástima que su guerra en esta tierra de conejos (Iberia) estaba perdida antes de empezarla. Roma perdió a un hombre excepcional, comparable a Pompeyo o al mismo Julio César. Es lo que tiene las guerras civiles, que ambos bandos (por lo tanto, el propio país) suele perder a su mejores personas.

    Un saludo, Cayetano.

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    1. Cierto. Un gran personaje frustrado de la historia.
      Saludos, Carlos.

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  8. Espero la continuación. Hay mucha actualidad en lo que escribes y haces un excelente rescate de esta voz.

    Finalmente pudieron parar al tirano de Sila. Pero luego Julio Cesar quien fuera partidario de Mario, fue también asesinado al cegarse por la ambición y el poder, lejos ya del camino de la virtud.

    Un abrazo

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    1. Julio César picó demasiado alto y subestimó a sus posibles enemigos. Lo pagó caro.
      Un abrazo.

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  9. Aclaro: Julio Cesar, partidario de Mario por ser familiar.

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  10. No hemos aprendido nada...Todo sigue igual. Por eso, la política no cambia...Todo entra en el sistema tarde o temprano...Y aunque hayan quienes lo quieran desetabilizar (Matrix por ejemplo), cambios sutiles hacen que dejen de luchar...

    Saludos Cayetano.

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    1. Las miserias y las grandezas humanas son siempre las mismas: la ambición desmedida, la envidia... no traen nada bueno.
      Un saludo, Manuel.

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  11. La trastienda de aquella gran civilización tenía sus cloacas, a menudo salvadas por la milicia antes de que aparecieran los Silas corruptores que trastocarían la historia. Porque al contrario del descontento general, que empieza de abajo arriba, la malversación siempre se inicia de arriba abajo.

    Y cuando el de arriba roba…

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    1. Creo que desde entonces hemos avanzado poco en estos asuntos.
      Un saludo, Ana Mª.

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  12. Y a pesar del paso del tiempo la injusticia con Sertorio nos parece tan de actualidad... Lo mismo le ocurrió con el gran Escipión o con Mario o con Pompeyo, todos traidores a Roma después de decenas de años dedicados a perder sangre, sudor y lágrimas. En juego, el pretigio, el poder, el dinero, el dominio de la república. Demasiado en juego y demasiados peones con deseos de ser reyes en el tablero.
    Un saludo

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    1. Ese es el problema. Demasiada competencia, rivalidad, envidia... Al final cada uno era un estorbo para los planes de otro.
      Un saludo, Carmen.

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  13. Mi comentario se acerca al de emejota: parece que los "sertorios" se desaniman antes frente a la acumulación de adversidades, mientras los "silas" están dispuestos a todo con tal de imponer su interés. Y sí, así es como se acaban constituyendo los imperios.
    Saludos, Cayetano

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    1. Sertorio era un idealista, dentro de los márgenes de su época.
      Pero siempre hay un "Sila" que se impone, en efecto.
      Un saludo, Xibelius.

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  14. Me recuerda también a Escisión el Africano, dieron la vida por Roma pero Roma los consideró traidores. Por desgracia suele pasar con cierta frecuencia.
    Un saludo.*

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    1. Detrás de todo esto siempre hay mucha envidia y mucha inquina por apartar del poder a quien estorba a otros.
      Un saludo.

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  15. La condición humana no es siempre perversa, ni virtuosa; pero parece que la de los primeros acaba por imponerse. La fuerza y la autoridad desmedida y las malas artes son sus armas. Sucedió entonces y ocurre hoy.
    Un saludo.

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    1. La condición humana es la que es, independientemente de la época y de sus valores. En esto hemos cambiado poco.
      Un saludo, DLT.

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  16. La historia se repite en toda época Cayetano. Una entrada muy interesante de la cual aprendo mucho.

    Un abrazo.

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    1. En efecto, Conchi. Hemos cambiado poco.
      Un abrazo.

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  17. Por lo que nos cuentas este hombre fue un gran militar y estratega pero eso no le sirvió para ganarse al admiración de resto. Las cosas no cambian a pesar de los siglos transcurridos.
    Un abrazo Cayetano.
    Puri

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    1. Admirado por muchos y envidiado por otros. No hay cosa peor.
      Un abrazo, Puri.

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