lunes, 7 de noviembre de 2016

Katia (y 2)



Al principio pensaste que te morías, que no ibas a ser capaz de aguantarlo. Luego te tragaste las lágrimas y haciendo de tripas corazón intentaste sobreponerte y no caer en la desesperación. Debías mantener la cabeza fría y pensar en una manera de salir de allí. Te lo propusiste como un objetivo para no perder la calma. Sólo de esa manera era posible conservar la cordura en aquella situación tan injusta y demencial. Te habían secuestrado y tu meta a partir de ahora era buscar una salida a ese problema.
Pero el tiempo pasaba y no atisbabas ningún  resquicio para acabar con todo aquello. Estabas asqueada de todo, de la vida, de tu mala suerte, de los clientes babosos, esa turba de borrachos malolientes y sudorosos que se decidían al final a ir donde se les ofreciera carne fresca y joven, parapetados en la osadía que proporciona el dinero y el ir atiborrados de alcohol hasta las cejas, con esas solicitudes de servicios sexuales especiales que hacían que se te revolviera el estómago sólo de pensar en lo que te tocaba hacer. Y, ay de ti, si el cliente se quejaba del servicio. Había que aguantar la falta de aseo, la mala educación, los insultos, las humillaciones… Si el cliente no quedaba conforme  te imponían una multa, con lo que tu deuda se iba incrementando, haciendo cada vez más difícil que pudieras amortizarla. Luego estaba la droga. Ellos intentaban por todos los medios que os engancharais a la cocaína para que vuestra dependencia hacia esos matones fuera cada vez mayor y teneros así más controladas, manejables y obedientes.
Cuando ya estabas al borde de la desesperación y no atisbabas por ningún lado la salida de ese oscuro túnel, se obró el milagro: la denuncia de un cliente y el inicio de la investigación policial.
Casi no podías creer que la pesadilla estuviera llegando a su término.
Todo fue muy rápido. Entraron a saco en el local y les pillaron con un montón de dinero y con droga. Los empapelaron a base de bien.

Libre al fin tras la detención de toda la cúpula que operaba en España, y por haberte atrevido en el juicio a declarar en contra de los que te explotaron, no terminas de creer que vuelves a ser una persona libre tras obtener la residencia temporal por circunstancias excepcionales, gracias a tu colaboración para desmantelar esa red mafiosa, aunque lo más seguro es que acabes por regresar a tu país por lo menos para ver a los tuyos y contarles tu odisea. Y luego, a  seguir buscando de nuevo una salida digna que te aleje de la miseria, procurar mejorar tu suerte, aunque sea lejos de casa, en otras fronteras.


Fragmento de un capítulo de "En la frontera". Un pdf de descarga gratuita.

26 comentarios:

  1. Hubo de enfrentarlos (miedos y realidades, los primeros no se excluyen de los segundos), para superarlos...De lo contrario, se mantendría en la misma frontera, esperando que alguien la cruce por ella

    Extraordinario relato.

    Saludos Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es. Sin esperanza y lucha no se puede mejorar la suerte.
      Un saludo, Manuel.

      Eliminar
  2. Al menos esta vez la historia termina bien. Son muchas las que encuentran un final distinto. Aunque eb realidad lo de Katia solo es final de un capítulo, pero habrá de seguir enfrentándose a otros que tampoco serán fáciles.

    Feliz comienzo de semana.

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La realidad es muchas veces peor. Como bien dices, no siempre las historias de este tipo acaban bien.
      Buena semana igualmente, madame.

      Eliminar
  3. La historia de tu relato acaba bien pero imagino que por una que finaliza hay cien que empiezan. Esperanzas que se truncan y un cruel sometimiento a muchas vejaciones para el enriquecimiento de unos pocos.
    Un abrazo Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En efecto, Ambar, la mayoría de estas historias suelen acabar mal. Es la triste realidad.
      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Esta vez, la historia acaba bien. Hay niños y niñas, jóvenes y adultos que aun están esperando este final feliz. Curioso animal, el homo sapiens sapiens (cuando pienso en cosas como las que narras, nunca acabo de entender lo de dos veces sapiens).

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, es para pensárselo un rato que siendo tan "sapiens" hayamos evolucionado en esto tan poco.
      Un saludo, Carlos.

      Eliminar
  5. Respuestas
    1. Había que acabar la historia dando un poquito de esperanza. La realidad es todavía peor.
      Un abrazo, Rodericus.

      Eliminar
  6. Se me parte el corazón cada vez que tomo conciencia de aquellos sectores de la sociedad que resultan tan dolorosos. Se me ocurre una solución radical que pondría patas arriba la sociedad que hemos creado: acabar con la demanda.....¿imposible? ..... podría ser ..... aún falta demasiado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que es muy difícil erradicar un problema que viene arrastrándose desde que el homo sapiens se organizó en sociedad; pero limitarlo o controlarlo (prostitución sin mafias ni secuestros) entraría en los límites de lo posible. Un tema para debate.
      Saludos, Emejota.

      Eliminar
  7. Me duele esta historia, sé que sucede con frecuencia, cada poco en las noticias se producen detenciones de este tipo y siempre pienso en todas esas chicas engañadas y esclavizadas cuando intentaban abrirse camino en un mundo mejor.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, es dolorosa la historia, porque al hecho triste de tener que emigrar e ir a un país distinto al tuyo, se une la explotación sexual y la esclavitud. Muy fuerte.
      Un saludo, Valverde de Lucerna.

      Eliminar
  8. Hago mío el comentario de Diana de Meridoor: a menudo la historia tiene otro final, incluso cuando parece que todo se haya solucionado bien. La vuelta a su país de origen no es facil tampoco.
    Un gran relato. De los que te ponen los pelos de punta. De los necesarios.
    Saludos, Cayetano.

    ResponderEliminar
  9. Lo malo es que para algunas chicas la pesadilla no se acaba nunca. Esa entrada espectacular de la policía salvadora no se produce y tampoco la irrupción redentora de un príncipe azul que las salve de la condena de la prostitución. Un mundo sórdido muy cercano a nuestro paraíso odiado.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es lo que tiene la magia del relato, que puedes dar un final feliz a situaciones que, por desgracia, no lo suelen tener.
      Un saludo, Carmen.

      Eliminar
  10. Se parece tanto a la realidad esta historia, que ojalá fuera ficticia.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mejor que sea real porque acaba bien.
      Un abrazo, DLT.

      Eliminar
  11. Buen final el de esta mujer, cosa que otras no tienen.
    Este tipo de tráfico de mujeres desaparecería si no hubiese consumidores de sus servicios sexuales. Terminar con los clientes es la única solución.
    Saludos Cayetano.
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre habrá gente dispuesta a consumir aunque el consumo sea ilegal. Sería más efectivo acabar con las mafias que promueven este consumo.
      Un saludo, Puri.

      Eliminar
  12. En esas circunstancias, no todos terminan bien como ella. Una de nuestras peores lacras sociales son las mafias y por supuesto, la trata (en todo el mundo).

    Ya de regreso d emi viajes, retomo los blogs amigos y el mio. Mil gracias, Cayetano por tus comentarios en las entradas que había dejado programadas.

    ¿Ya estás completamente instalado en la casa nueva?

    Un gran abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Decidí un final feliz, ante tanta amargura.
      Y sí, totalmente instalado, aunque siempre hay cosillas.
      Un abrazo, Myriam.

      Eliminar
  13. Tienes arte para narrar... un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Xurxo. Tú sí que tienes arte para dibujar.
      Un abrazo.

      Eliminar