miércoles, 31 de mayo de 2017

Una reunión inesperada ( y 8)


"No es cosa baladí acabar mejor que se empezó. Y ahorrar amarguras de viejo, que bastante tiene uno con los achaques propios de la edad. Tristezas, las justas. Y ya puestos- apunta Cervantes-, mi buen Sancho Panza, que era un sabio y un filósofo a pesar de ser duro de mollera, bien recomendó a su señor Don Quijote cuando le dijo aquellas sensatas palabras: “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.”

Continuó diciendo Cervantes: 

"Amigos míos: ha sido un placer conocerles, que el mucho andar por la vida y recorrer tierras y frecuentar gentes hacen a los hombres, no solo sabios, sino también discretos. 
Como todos deben saber, yo fui quien les convocó y les invité a venir a esta reunión. Aunque la mayoría de ustedes aceptó de buen grado, algunos, los menos, rechazaron la invitación. Sus razones tendrán. En todo caso, perdónenme el atrevimiento, pero creo que era una cuestión de justicia permitirles a todos que pudieran ofrecer una explicación de sus actos y un justo desahogo que la historia muchas veces les negó. 
Ahora ya es tarde. La clepsidra sigue marcando inexorablemente el tiempo. Y vendrán para los que quedan en este mundo días gratos y noches oscuras, que a las penas no hay que llamarlas, que saben venir solas. Y hablando de tiempo, el nuestro terminó en su día, que todo pasa y a todos nos llega nuestra hora. Y hay que descansar, pues después de tan largas andaduras bien merecen nuestros cuerpos y, con mayor motivo, nuestras almas reposar largamente. Y para siempre. 
Como decía Quevedo, todos queremos llegar a viejos; pero todos lo negamos cuando hemos llegado. 
Espero que la historia nos juzgue con benevolencia y ponga a cada uno en el sitio que se merece. Por las obras nos reconocerán. Queda dicho. Ahora vayámonos a dormir, que tenemos ganado nuestro descanso. No olvidemos que ”El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos.” 
Y aquí paz y después gloria. "

 Y ahora sí, por fin, termina esta historia.

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"En la frontera" es un libro en pdf de descarga gratuita al que puedes acceder pinchando en el enlace. 

miércoles, 24 de mayo de 2017

Una reunión inesperada (7)


El Vaquero Anónimo aprovecha que la intervención del jefe sioux ha tenido lugar justo antes del comentario del morisco español, para contar algo de sí mismo:

-La vida es dura en este lado de la frontera. Sueldo escaso. Trabajo agotador con el ganado. Lugar de paso de gente de poco fiar, demasiados buscavidas y pendencieros, indios que te la tienen jurada porque invadimos sus tierras con engaños, calor sofocante… Muchas veces es difícil encontrar a alguien que esté dispuesto a ponerse la estrella de sheriff.  La gente llega con sus carretas esperando establecerse y echar raíces, pero prosperar es complicado en una tierra reseca donde no es fácil que crezca el cereal y donde abundan los escorpiones. Por eso es frecuente que, hartos y desesperanzados, se vayan marchando en busca de oportunidades a otro lugar, a tierras menos inhóspitas. Y empezar allí de nuevo. Lo peor de todo es cuando el poblado solo está habitado por fantasmas y lo único que te acompaña es el viento, el zumbido de las moscas o el aullido del coyote. Llegados a este punto hay que largarse de allí, al galope, sin mirar atrás, porque si la tierra está maldita tú puedes convertirte en una nueva víctima y acabar formando parte del decorado de un pueblo fantasma.

Luis de Córdoba, vestido con sus mejores ropas: casaca y golilla, calzas a media pierna y medias, pelo largo, perilla y bigotes atusados, sostiene su sombrero entre las manos, toma el turno de palabra:



-Yo llegué a pensar que era el más desgraciado de los hombres por haber nacido más pequeño que los demás. Lo cual me imposibilitaba para hacer muchas cosas, entre otras la de poder alistarme en los tercios para servir a mi país. Y ganar prestigio y honores. Un orgullo muy grande para un súbdito del rey. Tampoco podía dedicarme al oficio de mi padre, porque aparte de las dificultades para manejar con soltura el arado, las caballerías o la guadaña, no soportaría como otros estar siempre bajo la maldición de las plagas, la sequía y los impuestos. Lo tenía pues complicado. Pero después de oír aquí las penalidades por las que muchos de los presentes habéis tenido que sufrir, creo que lo mío era una nimiedad.  Y que en el fondo fui un hombre afortunado. No obstante yo también tuve lo mío, sobre todo al principio, y tuve que aguantar las burlas y las imposiciones de la gente que me tenía a su servicio, incluyendo los antojos de una niña malcriada que luego me abandonó en un rincón como quien se cansa de su muñeco.



-Es lo que tiene ser bufón- bromeó Espronceda, quien pensaba que un poco de humor podría venir bien para rebajar el tono grave que estaba adoptando aquella reunión-; pero seguro que también hay secretos de alcoba de ciertas damas encaprichadas con su juguete preferido que los mantienes en sitio oculto, pero que, dado el tiempo que ha pasado, y teniendo en cuenta que nadie se va a molestar a estas alturas, no tendrías reparo alguno en hacernos partícipes de ellos. Siempre he tenido curiosidad por saber qué esconden ciertas señoras debajo del “guardainfantes”. Seguro que muchas no pasaban frío en las largas noches de invierno si tenían a mano a un complaciente amigo.

-Aunque pequeño de tamaño, y no por ello de inferior hombría, siempre he sido grande como caballero y de mis labios jamás salieron ni saldrán palabras que puedan poner en entredicho el honor de las damas a las que serví- replicó cortésmente con una sonrisa Luis de Córdoba-. En todo caso, no me puedo quejar en este sentido- guiñó el ojo con picardía-. Ni en ninguno en general. Y, volviendo a lo anterior, que no es bueno salirse del comedimiento del que suelo hacer gala, en líneas generales he de decir que todo terminó mejor que empezó: abandonar mi casa para irme a otras a servir de entretenimiento a los demás a costa de mi pequeñez no fue un plato de gusto; pero… ¿podría dedicarme en aquellos tiempos a otra cosa? Y debo reconocer que el oficio que tomé me permitió vivir con tranquilidad y sin privaciones los últimos años de mi vida.


Fragmento del epílogo de "En la frontera"


lunes, 22 de mayo de 2017

Un actor malogrado



Nueva colaboración en La Charca Literaria

Cuando vivía en Carabanchel, tenía un vecino al que todos llamábamos “el garrapata”. El alias se lo pusimos nosotros. En realidad, la culpa la tuvo un desafortunado comentario que el propio Sebas, que era así como realmente se llamaba, hizo una vez que andábamos jugando en un herbazal: “Me pica mucho la pierna. Seguro que he pillado una garrapata.” Y de ahí le vino el mote.

-¿Está “el garrapata”? ¿Sale “el garrapata”?- preguntábamos a su madre indistintamente cuando unos u otros llamábamos a su puerta.

- Está muy feo eso de que los chicos os pongáis motes- decía siempre la madre con cierto enojo.

Un tipo peculiar: nervioso, intranquilo… Hoy diríamos que hiperactivo, algo que no se estilaba en aquellos tiempos.

Y hubo un día memorable en su currículum: cuando él solito se cargó una obra de teatro que habían montado y adaptado en su centro de FP, el Virgen de la Paloma, con sumo cuidado y dedicación. Logró un milagro que ningún dramaturgo consiguió hacer en vida: convertir un drama en una comedia de final hilarante.
Nada más y nada menos que “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca. Teníamos a Segismundo, a Rosaura, al rey Basilio, a la torre, donde, encadenado injustamente, el príncipe se quejaba del trato recibido, de su perra vida, de la falta de libertad…

 “Nace el pez, que no respira, 
aborto de ovas y lamas, 
y apenas, bajel de escamas, 
 sobre las ondas se mira, 
cuando a todas partes gira, 
midiendo la inmensidad 
de tanta capacidad 
como le da el centro frío; 
 ¿y yo, con más albedrío, 
tengo menos libertad?” 

 Y todo porque los adivinos habían vaticinado que destronaría a su padre y sería un rey despótico y cruel.
Sólo faltaba Clarín y para ese personaje, los de La Paloma pensaron en Sebas. Su papel, adaptado para la ocasión, era breve. Apenas una decena de intervenciones…
El caso es que la obra iba bien. Cada uno en su sitio. Un trabajo digno para estar hecho por chavales. Segismundo lo bordaba. Muy histriónico, como corresponde a un príncipe encadenado, castigado duramente…

 “¡Ay mísero de mí, ay, infelice!” 

 La obra estaba terminando. Todo marchaba sobre ruedas… Hasta llegar al desenlace. Hay un motín contra Basilio, el rey de Polonia que mandó encadenar a su primogénito. El pueblo logra liberar de las cadenas a Segismundo, a su amado príncipe. Todo se va resolviendo. El padre se da cuenta de su error y no le quedará más remedio que afrontar la realidad. Y en esto, llega el momento crucial: un disparo acaba con la vida de Clarín, el criado fiel de Rosaura, quien da con su cuerpo en tierra.
Se supone que tenía que quedarse quieto en el suelo haciéndose el muerto los últimos minutos de la obra, pero la ingrata fortuna hizo que, al caer, su ropaje quedara enganchado de la cabeza de un clavo mal clavado o tal vez de alguna tabla del escenario.
El amigo Sebas, puro nervio, en vez de apaciguarse y esperar unos minutos a que terminara todo y bajara el telón, pensando que al estar en el suelo nadie repararía en él, en lugar de quedarse quieto, como debe estar un muerto, empezó a hacer aspavientos tirando sin disimulo repetidas veces de la manga de su camisa para librarse, sin éxito, del impedimento que le enganchaba contra las tablas.
Y claro, la gente comenzó a reír, porque eso de que resucite un muerto da alegría, pero en este caso no estaba previsto que eso ocurriera.
La última imagen que tengo de la obra es la cara de estupefacción que tenían los personajes que de pie recitaban sus últimas líneas de texto, mientras bajaba el telón y el público se reía y aplaudía a rabiar.
Ya digo, un drama convertido en comedia. Y un actor frustrado que no volvió a pisar un escenario en su vida. Que yo sepa.

-Joder, la culpa no es mía. Es que me enganché. Me he hecho un siete en la manga. Hasta creo que tengo un arañazo en el brazo.

Historia verídica. Personaje real, aunque con nombre y mote inventados.

domingo, 21 de mayo de 2017

Nota informativa

Problemas con Blogger.
Últimamente me cuesta mucho acceder a mi blog y a los de los amigos cuyo servidor sea Blogger. No hay problemas de acceso a la parte de administración, a la "trastienda "para poner entradas nuevas o publicar comentarios de los amigos, sino que el problema reside en poder llegar al blog mismo, propio o ajeno, y dejar comentarios. Ni siquiera puedo acceder a través del móvil.
No sé si este problema es compartido por los demás, por mal funcionamiento de Blogger o es una cuestión que solamente me atañe a mí.
Espero encontrarle una solución.
De momento dejaré el blog en "espera".
Un saludo.