lunes, 8 de enero de 2018

Comida familiar de Año Nuevo




El primo Humbertito, traje de marca y melenita neoliberal cuidada, se empeñó en que fuéramos a celebrar la comida de año nuevo a un famosísimo restaurante de esos de un sinfín de tenedores, recomendado por grandes gourmets nacionales. Por supuesto, pagando a escote. Su hermana Gertrudis aplaudió la idea. Y los demás aceptamos resignados, con esa cara que se te queda cuando te acaban de marcar un gol por toda la escuadra. Nadie tuvo el valor de oponerse. Y el que calla otorga.
Y llegó el gran día. Hasta las quince treinta no teníamos mesa y eso que la reservamos con dos semanas de antelación.
—Aquí no servimos comidas— nos dijo el maître que nos atendió amablemente nada más llegar—. Nuestra propuesta gastronómica es arte. Tenemos como objetivo tratar con delicadeza los paladares de nuestros clientes, que disfruten de nuestros platos como se disfruta ante la contemplación de un buen cuadro. Cada plato es una joya.
Nos ofrecieron la carta de vinos. Todos carísimos de la muerte. Elegimos un Ribera del Duero, cosecha de  2011, por decisión de nuestro primo el entendido.
Primero nos pusieron una minúscula porción de algo marrón adornado con brotes verdes que vino a llamarse  fraternidad de hortalizas tiernas sobre tempura de yuca tailandesa.
Luego vino una deconstrucción de patata pochada con secreto de cebolla y huevo semicuajado, que no era otra cosa que un trocito de algo parecido a una tortilla de patatas.  Calculo que de una tortilla entera de cuatro huevos sacarían unas veinte porciones.
Después, unos arrugados forúnculos que resultaron uvas estofadas al azafrán con reducción de Pedro Ximénez.
A continuación, el plato fuerte de la comida: una especie de sarpullido de carne picada cruda con  acompañamiento lateral de un pegote viscoso verde que parecía vómito y no guarnición, y que no recuerdo ahora su denominación dentro de la cocina creativa.
No pusieron pan, sino una especie de ridículos colines que comimos con avidez entre plato y plato.


Luego, un poco de humo servido en unos vasos largos metálicos tapados con una suerte de cierres herméticos. Era, según dijeron, el enlace perfecto para llegar al final.
Para acabar, un surtido de postres, tal vez lo mejor de la comida, consistente en una macedonia de pera y frambuesas flotando en una especie de agua azucarada que pretendía ser almíbar, unas obleas diminutas con hilillos finos de chocolate estilo chapapote y unas minúsculas rodajitas de plátano frito con un poco de miel (una rodaja por cabeza).
Y acabó el ágape.
Tenía más hambre que cuando empecé. Estuve a punto de pedirme un par de huevos fritos con patatas y pan, pero no lo estimé oportuno.
Dije de broma:
—El aperitivo ha estado bien, veremos ahora la comida qué tal cuando nos la traigan.
La prima Gertrudis me miró con la intención de desintegrarme con el rayo fulminante que salió de sus ojos. El primo Humbertito hizo como si no me oyera. Pensó de mí que era un paleto.
Pedimos la cuenta, que pagamos a escote: ciento cincuenta euros cada uno.

A la salida del restaurante, Humbertito no tomó la precaución de mirar hacia el suelo, distraído como estaba en comentar a los acompañantes las excelencias de lo que acabábamos de degustar, y no reparó en una humeante boñiga, tamaño descomunal, que algún perro de dueño desaprensivo e insolidario había depositado recientemente sobre la acera. No sé qué extraña relación hay entre la suela de los zapatos de marca y las mierdas urbanas,  que es imposible que puedan vivir separadas.

*****
Cuento  publicado en La Charca Literaria

29 comentarios:

  1. :) :) Que cosas, hay que tener cuidado donde se mete uno. Hay que enseñarle al primo Humbertito que se come mejor (y sobre todo, más) en los bares de toda la vida. Nos toman por tontos, tanta excelencia y, perdóneme la expresión, gilipollez elevada al cuadrado.
    Con 150€ se compra uno diez libros y se queda con el estómago igual.
    Feliz año nuevo, Cayetano!

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    1. Ya te digo. Hay mucho gilipuertas en esto del arte culinario.
      Un abrazo, Félix. Y feliz año, igualmente.

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  2. Algo muy parecido me pasó hace un par de años, con la salvedad de que el que pisó la caca fui yo mismo... :-)
    Me he reído a gusto... genial

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    1. Solo espero que comieras mejor.
      Un saludo y gracias, Ovetus.

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  3. Estoy convencido que el perro cagón no había comido en este restaurante y mucho menos el menú de diseño. De haberlo hecho la cagada no sería descomunal, sería, sin duda una mierdecica deconstruía.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Sin duda alguna, una mierdecilla lacia y ridícula, amigo Francesc.
      Saludos.

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  4. Me ha gustado mucho el relato, pero definitivamente me gustó más el menú que tomamos cuando ns reunimos con Myriam en Madrid...:D
    Saludos Cayetano. muy bueno como siempre

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    1. Estuvo muy bien y salió mucho más barato.
      Gracias, Manuel. Un saludo.

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  5. Muy ingenioso relato! Como paleta libertaria jamás accedí a hacer el panoli con la manduca, que ya lo hago con y sin conciencia en otros muchos sectores!

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  6. Buen relato que retrata la papanateria gastronómica que se ha apoderado de este país.

    Pero mira, resulta que alguno de estos restaurantes tiene una lista de espera de tres o cuatro meses.

    Un abrazo.

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    1. Hay gente "pa tó". Y tontos del haba que no les importa que les engañen.
      Un abrazo, Rodericus.

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  7. Muy divertido el relato Cayetano, hay muchos primos Humbertitos por ahí queriendo destacar, lo que más me llama la atención de estos restaurantesss... yo los llamaría "PIJOS" es los nombres que les dan a sus "obras de arte" ya pueden ser huevos, cebollas, patatas etc.

    Abrazos de Espíritu Sin Nombre

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    1. Chorradas para gente snob y ,como tú dices, pija.
      Un abrazo, Conchi.

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  8. Donde hay cien tontos esperando a ser engañados, siempre aparece un listo que les complace. Habrá que releer el cuento del rey desnudo, pero algunos son inmunes a estas historias. En fin, que la estupidez se paga, y muy cara. Me descubro ante los listos que se aprovechan de la tontuna ajena de los que se creen aun mas listos.

    Un saludo, Cayetano.

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    1. Sí. Los listos se aprovechan de la estupidez de esta gentecilla que piensa que así se diferencian del resto. Hay que ser tontos de remate.
      Un saludo, Carlos.

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  9. Con 150 euros se come un mes en casa... Con 20 euros salgo rodando de cualquier fonda... Esos inventos no son para mí ;)

    Muy bien relatado Cayetano, pude sentir el hambre y la decepción.

    Un abrazo.

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    1. Lo importante es no pisar el "truño" al salir. Jejeje.
      Un abrazo, Xurxo.

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  10. Que divertido Cayetano. Hoy en día existen muchos Humbertitos deseando darte clases de lo que es comer bien ( normalmente porque no han comido bien nunca), intentando educarte o más bien estropearte el paladar y demostrando su absoluta estupidez.
    Un abrazo Cayetano

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    1. Una pequeña venganza que la naturaleza supo disponer en forma de truño urbano.
      Un abrazo, Ambar.

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  11. Como dice mi pareja, eso no es comer. Se queda uno con hambre y encima te pegan el sablazo del siglo. Él se contenta con una buena paella o unos macarrones y un buen pescado. Y, ¡ojo!, esto no quiere decir que coma cualquier cosa, que para encontrar buena pasta y un decente pescado hay que recorrerse muchos restaurantes y no siempre económicos.
    Un saludo

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    1. La comida tradicional bien hecha es un lujo.
      Saludos, Carmen.

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  12. jajajajaja ¡Excelente cuento! me he reído un montón.

    Abrazos

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  13. Digamos que Humbertito recibió
    al final un golpe de realidad
    en forma de boñiga perruna.

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    1. Una dulce venganza la mía en forma de truño urbano.
      Un abrazo, Myriam.

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  14. Uff, a esto se le llama de diseño...-El minimalismo esta haciendo furia en todos los aspectos...jajaja.-Comer no habrás comido. pero si que le has sacado jugo al momento...


    El pobre y eso que pesar con esas raciones no pesaba mucho más pero a veces se sale con mal pie...

    Me ha encantado esta vivencia culinaria, veo que el nuevo año ha reforzado tu sentido del humor.

    Un abrazo:)

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    1. Simplemente, una pequeña venganza por mi parte.
      Un abrazo, Bertha.

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  15. Esas son las comidas donde se paga mucho y se come poco. Tiene su gracia la relación entre las mierdas de perro y los zapatos de marca, los que llevan esos zapatos no saben por donde pisan no hay duda.
    Graciosa forma de empezar el año.
    Un abrazo Cayetano
    Puri

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    1. Una metáfora, la del zurullo, para definir la comida: cara, pero de mierda.
      Un abrazo, Puri.

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