martes, 2 de abril de 2013

El piojo, protagonista.




En las pasadas contiendas, incluida nuestra guerra civil, los soldados empleaban más tiempo en combatir a los piojos que a los enemigos del bando contrario. Eliminar estos parásitos era algo trascendental, no sólo para evitar las molestias y los picores que ocasionaban, sino porque estos indeseables “huéspedes” eran transmisores de importantes enfermedades como el tifus o la “fiebre de las trincheras”, en realidad una infección ocasionada por las heces del piojo al entrar en contacto con una herida. La responsable era una bacteria (la “bartonella quintana”) y los síntomas eran fiebres altas  y dolores articulares y musculares.  La falta de higiene era un estupendo caldo de cultivo para la proliferación de esta enfermedad.
No hay que echarle demasiada imaginación para entender cómo eran las condiciones higiénicas en el frente de combate. Gente sin asearse durante días y días, con la misma ropa, llenos de polvo y de suciedad, rodeados de basuras, de barro y de cadáveres. Un ambiente propicio para la proliferación de ratas y de piojos que encuentran en la porquería su particular paraíso.  Y en este inmundo lugar, los piojos lo tienen fácil, saltando de prenda en prenda, de catre en catre, de cabeza en cabeza. Y al poco, los soldados comienzan a notar que debajo del casco algo se mueve produciendo al principio un ligero cosquilleo que luego se va convirtiendo en desazón y en picor que se va agudizando y haciéndose insoportable y desquiciante. Con el tiempo, de tanto rascarse, el soldado se va haciendo una herida. El siguiente paso es la infección.

“Con los rojos, hambre y piojos”, se decía, lógicamente en el bando contrario.

Cuentan los abuelos que durante nuestra Guerra Civil una manera de entretener el tiempo entre refriega y refriega era organizar carreras de piojos. Cada participante competía con uno de los suyos frente a los de los demás. Los soldados apostaban alguna cosa, generalmente cigarrillos. Y así mataban el tiempo.
Siempre se ha achacado la proliferación de parásitos a la miseria y a la falta de higiene propias de épocas pasadas, sobre todo durante la guerra y la posguerra. Lo que resulta increíble es que en la situación actual se produzcan de vez en cuando brotes de piojos. Normalmente el foco suele ser la escuela. Dicen que las cabezas más limpias resultan precisamente más atractivas para el contagio. Luego cuando los niños llegan a casa, los parásitos saltan de cabeza en cabeza hasta que toda la familia queda infestada. La siguiente escena es la visita a la farmacia para comprar potingues. Luego viene el lavado de cabeza, la loción o el vinagre y la toalla en plan turbante. Dicen las malas lenguas que son precisamente los fabricantes de los champús antipiojos los que cultivan cepas de estos bichos, los crían y los sueltan en centros comerciales, colegios, grandes superficies frecuentadas por multitudes. Pero esto sólo es una leyenda urbana sin verificar. 

Si después de leer estas líneas os pica la cabeza, no os debéis asustar. Siempre que se habla de piojos suele ocurrir.

43 comentarios:

  1. Francisco: la culpa es sólo mía. Se me olvidó poner el enlace. Copio a continuación tu comentario.
    Un saludo.
    "No he podido encontrar el enlace para comentar en tu entrada de hoy. Te comento. Estando de soldado en un cuartel de Torremolinos, "Campamento Benítez", en el momento que Amstrong pisaba la luna, 1969, había tal cantidad de chinches en los jergones de aquellas literas que era imposible dormir. Me compré un bote de ZZ y espolvoreaba el jergón y el de mi vecino de litera para poder dormir, no sé si con las chinches muertas o nosotros drogados. Ya se habían cumplidos los 25 años de paz, no estábamos en las trincheras. Finalmente vino un destacamento de Sanidad de Granada e hicieron una desinfección a fondo en todas las compañías y nos libraron de vecinos molestos.

    Un abrazo."

    Y es que teníamos cada ronchón...

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  2. Entretenida esta entrada; sí, debía ser un gran problema el combatir los piojos en el frente, en ese estado de suciedad y poca higiene. Incluso, después en la posguerra, erradicar los piojos fue un gran problema. Me ha gustado conocer esa refrán que cantaban los nacionales, no lo conocía. Saludos cordiales.

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  3. Hasta hace un rato no se podían publicar comentarios, me alegro que ya se pueda.

    Como continuación al comentario de Francisco, citar otros bichitos como los chinches y garrapatas que siguen a sus anchas pese a la teórica mejora del higiene que ahora disfrutamos. Por no hablar del que aloje ladillas por frecuentar antros no recomendables.

    Y volviendo a aquellos años en blanco y negro, recordar los tiempos de la tuberculosis que parece que está volviendo con fuerza renovada

    Saludos, Cayetano

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  4. Yo no tengo problema, porque tengo tres pelos. Mi Fuensanta tiene que andar con cuidao, porque ella luce un buen moño.

    En la actualidad una guerra no está claro que favoreciera a los piojos. Con esto de las nucleares, una de dos: o habría desinfección total, o aparecerían piojos de tres kilos debido a las mutaciones.

    Saludos.

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  5. Nunca había relacionado a los "piojos sucios" de las trincheras con los "piojos limpios" de los colegios, tan lógicos los primeros como ilógicos los segundos.

    Aunque induces a que nos pique la cabeza, nos ha encantado tu entrada.

    Un abrazo fuerte de tus amigos anónimos.

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  6. Estaba terminando de leer tu publicación, y ya estaba rascándome la cabeza cuando ví tu advertencia:"si después de leer estas líneas os pica la cabeza..." Je! Eres genial! Estás en todas Cayetano! Muy interesante post, desconocía muchas de las anécdotas que incluyes en él. Abrazoooooo

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  7. Aún después de todas las medidas higiénicaas que existen, los piojos pupulan. Esa teoría de las cepas implantadas no es descabellada...o más bien despiojada ;D.

    Son menos frecuente que antaño, pero por ahí siguen estando

    Saliudos Cayetano

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  8. Cayetano, he tenido suerte, jamás me he contagiado de piojos, ni de pequeña ni ahora, no sé si será la clase de pelo o el champú...
    Mis tres hijas tampoco han tenido "visitantes", menos mal porque...
    ¡Me dan un asco!
    Un abrazo amigo.

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  9. Paco: el tema de los piojos ha sido frecuente en nuestra historia pasada, no tan lejana.
    Un saludo.

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  10. Carolus: por la crisis volverán enfermedades que hasta ahora considerábamos erradicadas.
    Un saludo.

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  11. La Fuensanta y el Antón: el problema de la guerra nuclear es que los únicos que van a sobrevivir no serán los piojos sino las cucarachas, algunas se van a poner como centollos por las mutaciones esas.
    Un saludo.

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  12. Anónimo Castellano: según escribía este "divertimento piojoso", a mí también me estaba picando la cabeza.
    Un saludo.

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  13. Patzy: por eso escribé esa coletilla final, porque a mí ya me estaban entrando picores.
    Un saludo.

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  14. Manuel: hay gente interesada en vender sus productos para piojos, igual que hay otros que quieren vender sus lavadores. Si duraran siempre, no habría ventas. Por eso no es "descabellado" lo de las cepas.
    Un saludo.

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  15. Rosario: nosotros en casa los pillamos los cuatro a la vez. Claro, íbamos al mismo cole: dos profes, dos alumnos. En cuanto los pilla uno, el contagio está garantizado para todos. Vamos, la cosa no fue muy trágica: champú, loción, toalla en la cabeza... Luego, secándome el pelo con fuerza, cayó al lavabo un piojo como un centollo. ¡Puaj!
    Un saludo.

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  16. Con esta entrada me has recordado lo que me contaba mi padre. Durante la guerra civil mi padre era un niño y contaba con sólo 6 u 9 años. Él y sus amigos se dedicaban al inocente pasatiempo de coleccionar casquillos de bala que recogían del campo o de la calle (eran frecuentes los paseíllos o los fusilamientos junto a la tapia del cementerio o de la plaza). Su lugar preferido era el Palacio Ducal, entonces Cuartel, al que iban por hablar con los soldados que encontraban allí. En más de una ocasión volvieron con la cabeza llena de piojos, claro.
    Un saludo

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  17. Carmen: "el general piojo", un enemigo muy peligroso durante la guerra y la posguerra. El inocente juego de buscar casquillos usados a veces era peligroso, sobre todo cuando se encontraban balas sin utilizar.
    Un saludo.

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  18. Ja, ja, pues esa leyenda urbana no debe estar demasiado lejos de la realidad. Por otra parte, ¿hay una imagen más entrañable que la de una mamá chimpancé despiojando a su hijito? Besazos.

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  19. Tienes toda la razón en tu entrada, querido Cayetano; a mí sólo de pensar en ellos me da prurito. Y lo increíble, como bien dices, es la plaga en los colegios actualmente.
    Mil bicos.

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  20. Afortunadamente todos los días me rapo la cabeza, pero mi hijo no, y cuando iba a la guardería apareció con ellos. Sin duda van a las cabezas limpias, los muy jo...

    Saludos.

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  21. Me ha divertido tu entrada y debo reconocer que sí, que me ha llegado a picar la cabeza.Limpios o sucios sigue habiendo piojos.
    Un saludo

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  22. No termino de entender como es posible que haya piojos en esta época con tanta limpieza y todos los años se reproducen en la escuela, además cuantos más potingues se echan en la cabeza más desprotegidos quedan para la siguiente oleada. Es comprensible que en tiempos de guerra proliferen todo tipo de parásitos, pero ahora habrá que buscar otras explicaciones.
    Un abrazo.

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  23. Leches que si que me pica, a ver a ver si mutan y son capaces de viajar por las ondas...
    Saludos.

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  24. Efectivamente, me ha acabado picando la cabeza. De las guerras siempre hay alguien que saca tajada (aunque se suela recurrir al manido "no hay vencedores, sólo vencidos"). Los piojos también se ven beneficiados de los enfrentamientos bélicos.

    Sobre la leyenda urbana de soltar piojos... tiene un sospechoso parecido con lo que se dice de los antivirus de los ordenadores. ¿Serán verdad ambas cosas?

    Un saludo

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  25. parece difícil acabar con los parásitos. Los piojos son resistentes y, en efecto, perfectamente capaces de alcanzar las cabezas más limpias. Llama la atención que se ceben tanto con los niños. A ver si va a ser verdad la leyenda urbana!

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  26. Mira que no habré quitado piojos, liendres y demás miembros de la especie de las cabecitas de mis tiernos infantes. Lo de los fabricantes tiene sentido habida cuenta que en nuestros tiempos, hasta donde tengo noticia, no visitaban los colegios tanto como en los del bienestar social. Bss.

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  27. Isabel: los chimpancés a veces nos dan lecciones de lo "monos" que son.
    Un saludo.

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  28. Profedegriego: intereses inconfesables puede haber detrás de esos brotes inesperados.
    Un saludo.

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  29. Dissortat: así ya puedes, con la cabeza rapada no tienen donde esconderse los muy sinvergüenzas.
    Un saludo.

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  30. Ambar: según iba escribiendo ya me iba picando la cocorota.
    Un saludo.

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  31. Valver de Lucerna: ya te digo, intereses inconfesables de los que ganan con esto.
    Un saludo.

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  32. Eduardo: como decía mi suegro. Al hablar de piojos entran picores. Al hablar de pedos, entra la risa. Matemático.
    Un saludo.

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  33. Allegra García: como se dice coloquialmente... Piensa mal y acertarás.
    Un saludo.

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  34. Madame: o cada vez son más resistentes y es que los fabrican a mansalva.
    Un saludo.

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  35. Emejota: yo la única vez que los pillé fue en un cole privado en los años 80.
    Un saludo.

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  36. Y hablando de parásitos, cuantos hay, no en nuestras cabezas, sino en nuestros bolsillos.
    Un saludo.

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  37. DLT: es encender la tele y llenarse la casa de parásitos. Prefiero los piojos. Con ellos sé a qué atenerme.
    Un saludo.

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  38. Aun hay plaga en estos días, y parece ser se sacan la lengua unos a otros en el congreso, ya no hacen carreras como antaño, ahora se dedican al arte del descrédito , "como siempre sin hacer nada" solo molestar...
    Un saludo.
    elperroverde

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  39. Pedro: prefiero los piojos de antaño. Los que tú dices son más bien sanguijuelas.
    Un saludo.

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  40. Una ingeniosa y gratísima entrada. Pura intrahistoria.

    Saludos.

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  41. Retablo: da un poco de picor la lectura, pero creo que quedó simpática.
    Un saludo.

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  42. Y las temidas ladillas, que tanto y tanto protagonismo tuvieron en época de paz o guerra.

    Un abrazo

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  43. Senovilla: temibles también, sí señor. ¿Para cuándo una entrada con ellas? También tienen derecho, ¿no?
    Un saludo.

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