domingo, 13 de junio de 2010

Musas de ayer y de hoy.



Andrea Mantegna: El Parnaso, 1497. El Louvre, París.

De esta obra siempre me ha hecho muchísima gracia el gesto del hombrecillo de la izquierda al fondo, se trata de Hefesto o Vulcano, señalando a los adúlteros: nada menos que su esposa Afrodita o Venus que anda acaramelada en compañía de Ares o Marte. Debajo, en actitud alegre, las musas emprenden una danza; aunque hay quien dice que no son las musas sino unas ninfas que bailan en homenaje al amor de Afrodita y Ares.




"Dime, oh Musa, del héroe ingenioso
que, después de arrasar la sagrada ciudad de Troya,
anduvo tanto tiempo peregrino,
viendo muchas ciudades, y costumbres
sin cuento conociendo."

Así empieza la Odisea, con una petición de su autor, probablemente Homero, a una “Musa” para que le ilumine el camino del entendimiento y pueda llevar a cabo el relato de la historia de Ulises en su vuelta a Ítaca.

De todos es sabido que los griegos de la época antigua eran expertos creadores de mitos. Y esos mitos estaban poblados de dioses y aventuras.

De esta forma, inventaron unas divinidades protectoras de las distintas artes a las que llamaron musas.

Estas diosas, según Hesíodo, eran hijas de Zeus y Mnemósine (la memoria), aunque sobre la paternidad y la maternidad hay otras opiniones al respecto. Su número también está en cuestión, según épocas y lugares.

Habitantes habituales del Olimpo para deleite de Zeus y otros dioses, doncellas hermosas y jóvenes, dotadas de gran belleza, a veces bajan a la Tierra y con sus destrezas inspiran a los mortales. Es en ese momento cuando tiene lugar el milagro de la creación artística. Esa sacudida mágica que acelera el corazón y agudiza los sentidos y que como toda gestación, tras el derroche de creatividad inicial al engendrar la criatura, culmina en un esplendoroso parto, lleno de luz y felicidad para el artista. La inspiración como obra de los dioses. No podía ser de otra manera, porque el poeta o el músico en ese momento se convierte en algo parecido a un dios creador.

La propia palabra “música” deriva de musa. Los poetas las invocan en el acto creativo para que les sean propicias: “Dime, oh Musa, del héroe ingenioso…”, decía Homero.

Aunque su número puede variar, las más comúnmente aceptadas como musas eran nueve:

Talía (musa del teatro, de la comedia).

Euterpe (de la música).

Erato (de la poesía amorosa).

Calíope (de la poesía épica).

Uranía (de la astronomía).

Terpsícore (de la danza) No confundir con “Esther Pícore” (Vídeo).

Clío (de historia, la de un servidor).

Melpómene (del teatro, de la tragedia).

Polimnia (de la mímica).

A veces, aunque se hace la invocación a las musas, éstas no acuden a la llamada.

Como decía Serrat en una canción:

No hago otra cosa que pensar en ti...
Por halagarte y para que se sepa,
tomé papel y lápiz, y esparcí
las prendas de tu amor sobre la mesa.

Buscaba una canción y me perdí
en un montón de palabras gastadas.
No hago otra cosa que pensar en ti
y no se me ocurre nada.

(…)

No hago otra cosa que pensar en ti... / Nada me gusta más que hacer canciones, / pero hoy las musas han "pasao" de mí. / Andarán de vacaciones…

También este divertido vídeo habla algo sobre las musas, entre otras cosas...



38 comentarios:

  1. Pobre Hefesto. Encima todo el mundo alrededor jaleando a los amantes, y él se queda solo con su denuncia y su indignacion.

    Vaya nombrecitos tenían las musas. Pero claro, esto de los nombres es cuestion de modas. En su tiempo serían lo ultimo de lo ultimo ponerle a una niña Melpomene.

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  2. Cayetano: siempre me ha hecho gracia los líos que se traían por el Olimpo, todos liados con todos jajaja

    En cuanto a las musas qué decir, es así en la vida humana, ¿qué le puede dar más inspiración a un hombre que la belleza de una mujer?

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Sí, llamar Melpómene a una niña más que una buena idea es una venganza.
    Un saludo, masame.

    ResponderEliminar
  4. Menos Hefesto. Como no se liara con el yunque de la fragua...
    Un saludo, Carolvs.

    ResponderEliminar
  5. Oh,cruel Terpsícore,me has abandonado al nacer ,alguien me dijo que mi calidad de bailarín era similar a las estatuas
    Euterpe me ha negado también la voz ,similar a un ladrido en el canto.
    Un saludo cordial

    ResponderEliminar
  6. Las musas también han pasado de mí. Sólo Clío de vez en cuando me inspira.
    Saludos, Nando.

    ResponderEliminar
  7. Es que Hefesto era muy feo, y celoso, encima. Ares tendría su caracter pero era mucho mejor mozo, donde va a parar :)


    Que grandes LES LUTHIERS


    Feliz domingo, Cayetano.

    ResponderEliminar
  8. ¡Cómo no va a ser celoso Hefesto con lo feo que era y el pedazo de mujer con la que lo casaron!
    Un saludo, Almalaire.

    ResponderEliminar
  9. Cómo se nota que las civilizaciones griega y romana estaban dominadas por hombres... Las musas de los hombres somos mujeres, ¿¿¿¿y las de las mujeres hombres???? No sé, no sé...

    Cuántas revistas del corazón bhubiesen mantenido los lios amorosos de los dioses del Olimpo, jejej

    Saludos

    ResponderEliminar
  10. Eran civilizaciones muy machistas, Carmen. Ahora bien, las musas tienen que ser mujeres porque si no serían "musos" y suena muy feo. Jejeje.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  11. Me he reido con Les luthiers Cayetano. Ya los he visto en el teatro y son geniales.

    En cuanto a las musas, pues ahora haría falta una para el cine o para la televisión.

    No es por nada, ni por criticar, pero que le vio Venus a Hefesto????. No se yo si el hombre, con su yunque hizo mucho dinero ;D

    Saludos

    ResponderEliminar
  12. El fragmento pertenece a un clásico del grupo argentino. Son geniales. No me pierdo una actuación de ellos desde hace tiempo.
    Lo de Afrodita y su marido feo y cojo no creo que fuera una historia de amor y lo de las musas del cine y la tele, no sé, aunque buena falta les hace por la ausencia de ideas.
    Un saludo, Manuel.

    ResponderEliminar
  13. Creo que Erato pasa de mí olimpicamente.
    Besos

    ResponderEliminar
  14. Siempre me ha gustado el nombre de Calíope, aunque esa musa no haya pisado mi casa en la vida... pero bueno, siempre resulta más cómodo echarle la culpa a las musas cuando nos falta inspiración para algo.
    Hoy día en vez de 9 tendrían que ser un ejército.
    Buen inicio de semana Cayetano.
    Saludos

    ResponderEliminar
  15. Ese encanto de algunos nombres griegos, que lo mismo pueden ser de personas o de enfermedades graves.

    Yo me quedo con Urania, que por lo menos da pistas de la disciplina que rige y es de la que primero me acuerdo siempre después de Clío.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  16. En Efaistos, Afrodita se la pegó al marido; En eso a cabban los matrimonios de conveniencia, porque, vamos, eso es lo que fue la boda de la diosa de la hermosura femenina y el amor con el herrero cojo y feo que fabricaba las corazas de los dioses, por muy dios de los volcanes que fuera el mozo.
    Claro, que a mí esa afrodita ya me dio mala espina desde aquello de la manzana de la discordia, el primer concurso de belleza y el soborno que la tal ofreció al príncipe Paris para que la eligiera a ella. No es por malmeter, pero tanto ella como las otras dos eran igual de corruptas...
    Historias tiene la Illiada, Historias tiene la Eneida,
    Musas tienen los artistas,
    Musas tienen los poetas.
    Y si Hefestos traga tanto,
    es porque halló la respuesta:
    Mejor un bombón pá todos,
    que pá mi solo una...cerda.

    ResponderEliminar
  17. Amiga Arantza, Erato se ha vendido por un plato de lentejas: se dedica a hacer malas letras para las canciones de eurovisión y para los del pop latino. ¡Qué lástima!

    ResponderEliminar
  18. Sí, Nikkita, algunos nombres son bonitos como Calíope o Uranía, pero Melpómene...
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  19. Sí, algunas suenan a antibióticos o analgésicos. Jejeje.
    Buena semana, Reinas del Garito.

    ResponderEliminar
  20. Claro, Rosa, un matrimonio de conveniencia. ¿Cómo iba a salir bien? Sí, Afrodita no era trigo limpio. Ya tuvo un asqueroso origen y un negro currículum. Luego se casó sin querer al cojo del marido, así que...consejos para Hefesto:

    "Cuando entres por tu casa
    y pases por la puerta,
    si no quieres dañarla
    ladea tu cabeza.
    Si olvidas mi consejo
    tendrás serios problemas
    al mover como un toro
    tu egregia cornamenta."

    Saludos, amiga Rosa.

    ResponderEliminar
  21. Ya sabes que me gusta venir a leerte porque aquí siempre se aprenden muchas cosas. Hoy me llevo las musas a ver sí se me pega algo...je,je...
    El próximo domingo voy a ver a Serrat que viene por esta tierra.Debía haber venido en febrero pero la enfermedad se lo impidió...Estoy emocionada...
    Besicos.

    ResponderEliminar
  22. Pobrecillo Serrat. A ver si se recupera de lo suyo. Es buena gente.
    Un saludo, Cabopá.

    ResponderEliminar
  23. Ay qué poquitas veces me visitan a mí las musas estas jejejeje. Me gusta mucho la mitología en general.

    ResponderEliminar
  24. A uno que yo me sé, la única musa que le visita es la musa...raña.
    Un saludo, Kassiopea.

    ResponderEliminar
  25. De todas las musas, como es natural, me quedo con Clío, por razones obvias. A mí siempre me encantó el cuadro de Mantegna, ese que tú has colocado en la cabecera; describe perfectamente lo que es el Renacimiento: orden, elegancia, equilibrio, belleza y desnudos, aunque hay un grabado de Guerin, "la danza de las musas" donde aparecen todas las musas (9) danzando muy interesante. Un saludo, Cayetano.

    ResponderEliminar
  26. La mitología griega se nutrió de los poetas y artistas, ya que al estar estos inspirados por las musas se consideraba que transmitían los mensajes de los dioses... mmm escritura de inspiración divina ¿donde he oído yo esto? y si cambiamos musa por espíritu santo?...

    ResponderEliminar
  27. Yo me quedo con Clío, protectora de la historia. Qué sería de nosotros si no existiese...

    Un saludo, Don Cayetano!

    ResponderEliminar
  28. Sabía, Paco, que el cuadro de cabecera te iba a gustar. Todo un clásico.
    Un saludo y gracias por los correos interesantes que me mandas.

    ResponderEliminar
  29. Eso de la inspiración como obra de los dioses nos quita todo el mérito a los "artistas". Entonces, los que somos agnósticos o ateos apañados vamos. Jejeje.
    Un saludo, José Luis.

    ResponderEliminar
  30. Pues sí, amigo Pablo, sin Clío... cierro el blog y me dedico a la horticultura.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  31. Tanto encontrarte por blogs ajenos, he decidido seguirte y volver a repasar antiguos asuntos, que mi memoria va siendo cada vez mas floja, y tener un profe cerquita, que además versifica, resulta muy agradable. En su día tuve la mitología al día. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  32. Hefaistos, o sea, Vulcano,
    Afrodita, o sea, Venus,
    son de tal palo las astillas,
    porque su padre fue Zeus,
    que las gastaba bien pardas,
    de lluvia con Danae, el fresco,
    con disfraz de cisne, en Leda,
    o como toro europeo,
    quiero decir, con Europa,
    doncella que fue y sin tiento
    se montó en el lomo blanco
    de ese novillo tan bello,
    sin pensar que los peligros
    vienen sin venir a cuento.
    Aunque el cuento vino de eso,
    del rapto, del putiferio
    que se marcaban los dioses
    en el Olimpo y el Erebo,
    que el sitio no hacía al caso,
    en cuestiones de adulterio.

    ResponderEliminar
  33. Gracias, Emejota, por pasarte por aquí y comentar.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  34. El señor del Olimpo no hacía ascos a nada.
    El caso era tener a su esposa y compañera -Hera-
    casi siempre mosqueada.

    Este Zeus, amiga Rosa,
    era un poco rijosillo,
    un dictador algo pillo.
    ¡Se ligaba cada cosa!

    ResponderEliminar
  35. Como dices, Cayetano,
    el dios Zeus era un rijoso,
    un tio salido de libro,
    y ademmás un mentiroso.

    Hera, que ya estaba mosca,
    lo vigilaba de cerca,
    pero no podía evitar
    que tales cosas hiciera.

    Le gustaban las mortales,
    le enloquecían las eternas,
    le gustaba toda carne
    con tal que estuviera tierna.

    Dejó poblado el Olimpo
    y también la Grecia entera
    con la prole que engendró
    con aventuras someras.

    La Mitología así
    se enriqueció en tal manera
    que los cuentistas la usan
    como inspiración primera.

    ResponderEliminar
  36. Jejeje. Muy bueno, Rosa, estás en plena etapa de fuerte inspiración. Yo, entre los exámenes y un posible cargo que me va a caer por imperativo legal en mi centro, ando poco inspirado últimamente.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  37. que bueno que le guste Les Luthiers, don Cayetano... con decirle que hasta aparecen en los libros que nos dan en clase. Grandes en verdad.

    Le sigo desde ayer y le invito a conocer mi blog "Cafe Stereo" del que ya habrá escuchado, por la Orden de Mathias

    Saludos

    ResponderEliminar
  38. Grandes Les Luthiers. Los sigo desde finales de los 70.
    Gracias, Mathias, por el comentario. Me acercaré a su blog.
    Un saludo.

    ResponderEliminar