Éramos
muchos. Tal vez demasiados corredores para una prueba de velocidad
como aquella. Al principio sobre todo. Pero no resultaba fácil
llegar a la meta, muchos se quedarían por el camino.
Habíamos
estado concentrados desde mucho antes del inicio de la competición,
preparándonos, mentalizándonos. Allí reunidos en un espacio
relativamente pequeño, acumulando fuerzas para el gran día que ya
se avecinaba.
Y
de pronto, alguien dio la salida.
Partimos
de allí a la carrera, con mucho ímpetu, en tromba. Íbamos frescos,
descansados, con brío, ilusionados, entusiasmados por llegar a
nuestro destino, por conseguir el triunfo. Nos jugábamos mucho en
ello. Resultaba crucial en nuestra trayectoria profesional. Era un
recorrido que demostraría la rapidez desarrollada por cada
participante. No era un maratón de esos larguísimos donde lo que
cuenta es la resistencia, el saber dosificar las energías para no
gastarlas enseguida. Aquí lo importante era la capacidad de
desplegar al cien por cien la aptitud de cada uno, imprimir la
potencia máxima desde el inicio, sin mirar hacia atrás, pendientes
tan solo de llegar en primer lugar. Aquí no valía llegar el segundo
o el tercero. Solo había premio para uno, el que primero llegara a
su destino. Y la meta estaba ahí, muy cerca…
Avanzábamos
con denuedo por un camino estrecho. Ya quedaba poco. Luego, lo
angosto del trayecto se modificó de repente y apareció ante
nosotros uno más amplio, como si corriéramos en tropel dentro de un
túnel recto y oscuro. El recorrido llegó a su fin cuando, dejando a
los demás fuera, fui capaz de entrar dentro del óvulo para
fecundarlo. La victoria fue mía.
Relato registrado en Safe Creative, bajo licencia

¡Campeón! La pena es la cantidad de soldaditos que se quedan en el camino en el transcurso de nuestras vidas :) ¡Sólo puede quedar uno!
ResponderEliminarUn abrazo
Y a veces el que llega no es para tirar cohetes. Imagínate el resto del pelotón.
EliminarUn abrazo, Félix.
Si soy uno de esos...Y no será diferente durante nuestra vida...
ResponderEliminarSaludos Cayetano. Muy bueno como siempre
Consuela saber que somos los mejores de los que salieron a correr.
EliminarUn saludo, Manuel. Siempre tan amable.
Cuando veo a según qué personas, pienso cómo serían los que no llegaron los primeros... Creo que en mucha gente todos eran un poco modorros, como que no ponían interés en correr.
ResponderEliminarUn saludo, Cayetano
Pues sí. Cómo serían los "perdedores".
EliminarUn saludo, Carlos.
Me pasa lo mismo cuando voy a coger el metro...
ResponderEliminarEs un sin vivir...Al picar el tiquet ya vamos con prisa...Hay que posicionarse en primera fila, intentar no dejar salir a quien quiere hacerlo y arrinconar al que intenta pasarte para joderte el asiento.
Los viejos somos expertos...
Cuando la cosa se pone fea y se te lo van a anexinar, unas cuantas toser al aire, de aquellas de carraspera con reflujos,, hacen que el enemigo que aceha la silla abandone el intento...pero las corredizas son realmente olímpicas...
joo, eso si que es un maratón...
En el fondo es volver a los inicios: la lucha por la silla o el óvulo. Parece una condena, como la de Sísifo o la de Prometeo. El día de la marmota, que dicen ahora.
EliminarUn abrazo, Miquel.
Sí, Cayetano, ya desde el principio, todos a correr para llegar al final del túnel.
ResponderEliminarBuen texto, amigo mío.
Salud
Frencesc Cornadó
Desde antes de nacer ya andamos estresados. Siempre con prisas. Esto es un sinvivir.
EliminarUn abrazo, Francesc.
Yo gane...
ResponderEliminarNacer y... vivir para contarlo. Jejeje.
EliminarSaludos, José Manuel.
Para cuando un monumento al espermatozoo desconocido ?
ResponderEliminarBuena idea. Habrá que abrir una suscripción popular para hacer la erección del monumento.
EliminarSaludos, Rodericus.
Nunca he llegado el primero a nada. Estoy acostumbrado a perder. Yo creo que si mi espermatozoide llegó, fue por pura carambola. Como dijo Goucho ..... Surgiendo de la nada hemos alcanzado las mas altas cimas de la miseria ....... jejejeje
ResponderEliminarLos que se quedaron atrás no sabían pintar. Seguro.
EliminarSaludos, Manuel.
Muy bueno el relato, y lo digo con una sonrisa divertida de punta a punta. Ese único y esforzado ganador será premiado con una encarnación pactada, aunque él no lo sabrá nunca. De los que quedaron por el camino habría que decir aquello de Vae, victis. Conclusión: que como todo en la vida son muchos más los que caen que los que llegan a alguna parte. Saludo.
ResponderEliminarY, teniendo en cuenta la calidad de los ganadores que llegan a puestos de responsabilidad, nos lleva a reflexionar sobre los que se quedaron en el camino y a dar gracias porque no sobrevivieron.
EliminarUn saludo, Fackel.
Olé, Cayetano. Felicidades. No es cosa menor ganar la gran maratón, ser el mejor de millones de participantes. Y además seguro que como en cualquier competición habrás tenido que defenderte de los hijoepu que pondrán zancadillas, darán cabezazos y si pueden, morderán y escupirán a los demás participantes. Y sin Var ni tarjetas.
ResponderEliminarEnhorabuena.
Y algunos hasta dopados.
EliminarGracias, Ana.
Un abrazo.
Una carrera que significaba la muerte para aquellos que no llegaran los primeros, ¡qué crueldad!
ResponderEliminarUn saludo
Sí; pero, gracias a esa crueldad, estamos vivos. Somos los espermatozoides más astutos.
EliminarSaludos, Carmen.
Ainsss qué bonito. Por un lado me ha resultado encantador, y por otra totalmente imaginativa y acertada, es la carrera más importante crucial y trascendente que existe, una carrera para crear vida.
ResponderEliminarMe quito el sombrero.
Me alegra saber que el texto te ha gustado.
EliminarMuchas gracias.
Un saludo, Manuela.
Hay quienes dirán que no es un triunfo traer una nueva vida al mundo en el estado en que se encuentra la sociedad.
ResponderEliminarEs más fácil eso que pretender cambiar lo que ya se encuentra plagado de desperfectos.
Saludos,
J.
Así es. En todo caso, el triunfo no es nuestro sino de ese espermatozoide veloz que llega a la meta.
EliminarSaludos, J. A. García.
Muy bueno Cayetano, el final sorprendente no me lo imaginaba.
ResponderEliminarEs una carrera contra reloj ,donde como tú dices, vencerá el mejor o el más espabilado.
Te quedó genial te felicito.
Un abrazo
Puri
Es una técnica que empleo mucho: el quiebro al final del relato.
EliminarGracias por tu amable comentario.
Un abrazo, Puri.
Conociéndote como te conozco, no esperaba menos de ti jajajaja
ResponderEliminarEs lo que tengo,que soy previsible.
EliminarUn abrazo, Myriam.
¡Y vaya producto final!
ResponderEliminarMenos mal que ganamos la carrera. Jejeje.
EliminarUn abrazo.