No
hace falta subir al Himalaya, ni atravesar los océanos, ni recorrer de cabo a
rabo la muralla china, para comprender que en cualquier recodo cercano podemos
dejarnos jirones de piel o del alma en el intento, por el mero hecho de existir.
La vida es peligrosa por ser vida.
Desde el momento en que sales de casa
-incluso si no sales- estás en grave riesgo de ir perdiendo por el
camino pedazos de ti. Es un viaje peligroso. De él nadie saldrá vivo.
Caminas despreocupado, sin darte
cuenta de que en cada meandro, en cada recoveco, en cada ocasión que se
presente, nos vamos dejando por el camino fragmentos de los que somos y de lo
que fuimos, retales de vida, jirones de nuestra existencia… Tan frágil siempre.
Y esos pedazos perdidos jamás se
recuperarán.
Y de esta forma, segundo tras
segundo, día tras día, se irán por el sumidero del tiempo, como el agua
desaparece por el desagüe, girando alocadamente como en un torbellino, recortes
de nuestro yo, hasta acabar desapareciendo.


Y así, cuando la Parca venga a cobrarse lo que es suyo, al tener cuerpo y alma llenos de cicatrices, sabrás que has vivido.
ResponderEliminarPena me dan los que devuelven lo prestado sin haberlo usado, a los dioses no les gusta este desprecio.
Un saludo, Cayetano
Cierto. La vida hay que usarla a pesar de todo.
EliminarUn saludo, Carlos.
Grande Cayetano, tienes un nuevo seguidor desde Cantabria. Felices fiestas!!!
ResponderEliminarGracias, Germán.
EliminarSaludos y felices fiestas.
E incluso el sumidero, ese agujero por donde se escapan todas las cosas, está oxidado. Así que vayámonos haciendo a la idea.
ResponderEliminarSalut
Pues sí. Los finales no suelen ser agradables.
EliminarSaludos, Miquel.
Vivir es eso, un cuerpo que palpita, que siente el vacío del tiempo, un tiempo que cada vez es menos suyo.
ResponderEliminarSaludos
Y nos aferramos a él como lapas.
EliminarSaludos, F. Puigcarbó.
Y pensar que algunos dicen que lo que "mola" es vivir peligrosamente.
ResponderEliminarAbrazos
Cornadó
Allá ellos. Tranquilidad ante todo y buenos alimentos.
EliminarUn abrazo, Francesc.
Cierto, en cada meandro dejamos parte de lo que somos aunque al tiempo, justamente con eso contruimos un nuevo jirón que se ajusta como una nueva adherencia y pasa a formar parte de lo que seremos a partir de entonces. Ese es el peligro de seguir vivo.
ResponderEliminarSalud
Anna
Sí. Vamos llenos de remiendos de las experiencias vividas.
EliminarVivir siempre tiene el riesgo de dejar de vivir.
Un saludo, Anna.
Y son tropecientos millones de células de las que dependemos y que nos la podrían jugar! Mejor no pensar en estadísticas.!
ResponderEliminarMejor no pensar en ello. Esto es una lotería y hay que aprovechar mientras dure.
EliminarUn saludo.
No empezamos a vivir cuando ya estamos muriendo.
ResponderEliminarBesos, Cayetano
Pelo que se cae al peinarte, células de la piel que se escama... Continuamente.
EliminarUn abrazo, Arantza.
Así es el ejercicio de la vida, Cayetano, un avanzar en el tiempo, mientras no dejamos jirones de nosotros mismos.
ResponderEliminarUn abrazo
Por eso menguamos.
EliminarUn abrazo, Paco.
Los jirones en la piel se llevan mejor que los de el alma.
ResponderEliminarAsí y con todo hay que seguir atravesando océanos y remando aunque sea contracorriente.
Saludos, Cayetano.
Sí, los jirones del alma no se curan nunca por mucho psicoanálisis que se haga. Eso queda allí para siempre. Otra cosa es aprender a sobrevivir con ello.
EliminarUn saludo.
Avanza el tiempo, pero también avanza las ganas de seguir adelante.
ResponderEliminarMuy bueno Cayetano
Saludos. Felices fiestas
De eso nos puedes dar muchas lecciones. Cambiar de país, de gentes, de costumbres... tiene que ser duro; pero, bueno, peor sería si anduvieras solo lejos de los tuyos.
EliminarUn saludo, Manuel y felices fiestas.
Pues sí, nos gastamos, nos desprendemos de células y pensamientos muertos y fabricamos nuevos...
ResponderEliminarUn saludín ;)
Buen manera de verlo. La piel se regenera y va dejando escamas de células muertas.
EliminarUn saludo, Xurxo.
Sabias palabras, Cayetano!! Y bellamente expresadas!!
ResponderEliminarEn el mismo momento de nacer empezamos a morir y como bien lo decís vos, es imposible transitar esta vida sin ir dejando pedazos de nosotros en el camino hacia el final.
Saludos!!
Lau.
Así es. Mientras avanzamos y aprendemos, nos vamos dejando fragmentos por el camino.
EliminarUn saludo, Laura.
Cuanta razón tienes Cayetano, parece que no nos demos cuenta pero el sumidero está ahí llevándonos poco a poco.
ResponderEliminarAbrazos.
Esperemos tan solo que sea tarde.
EliminarUn abrazo, Conchi, y felices fiestas.
Somos basura, nunca más poéticamente dicho.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Nadie llega entero al final, consecuencias de vivir.
ResponderEliminarSAludos.
Nadie. Es ley de vida.
EliminarUn saludo, Manuela.
Sabias palabras que nos deberían hacer reflexionar.Por ese sumidero se escapa nuestra vida día a día.
ResponderEliminarSaludos Cayetano.
Puri
Lo ideal sería que solo se escapara por allí el lado malo: las angustias, los pesares, los disgustos, los problemas... Pero, por desgracia, no ocurre así.
EliminarUn saludo, Puri.
Sí, naturalmente. Vamos dejando mucho de nosotros -partes, porciones, trozos, jirones- en los sumideros. Pero también absorbemos cada día una parte de materia -alimento, conocimiento, afecto, en mayor o menor medida todo ello- que nos mantienen. Si no, quedaríamos sumidos en el sumidero a las primeras de cambio. Opto por verlo desde todos los ángulos. (Por supuesto la edad nos trae mayor preocupación por el desgaste que nos deja, o eso creemos, a pasos agigantados cada vez más desgajados de esta Tierra)
ResponderEliminarSalud y temple, Cayetano. Un abrazo.
Hay días mejores.
EliminarUn saludo, Fackel.
Es ley de vida,cada dia que pasa es un jiron menos de vida que perdemos.
ResponderEliminarSaludos