lunes, 4 de febrero de 2019

La Odisea. Versión definitiva.




No sé el tiempo que pasamos en aquel escondrijo, un sitio oscuro y húmedo, una especie de guarida o recoveco que se abría en la pared. Allí seguramente estábamos protegidos, a cubierto, pero había que buscar agua y comida. Las provisiones se nos habían terminado. Era preciso arriesgarse y salir. Sabíamos que fuera nos enfrentaríamos a mil peligros, pero no había otra solución. Así que, armados de valor, cuando la oscuridad nos fue propicia, salimos de allí amparados por las sombras.
Todo estaba en silencio. Nos aguardaba una larga travesía. Sabíamos de sobra que nos jugábamos la vida en el intento. Otros, antes que nosotros, lo habían intentado y habían perecido; pero no teníamos otra alternativa. Conseguir comida era mucho más importante que el riesgo que pudiéramos correr para obtenerla.
Debíamos ir juntos pero no en formación. Había que evitar ofrecer un blanco fácil al enemigo.

La primera etapa de nuestro viaje transcurrió sin contratiempos. La expedición que yo capitaneaba marchaba resueltamente. Según avanzábamos por aquel lugar, íbamos adquiriendo confianza en nosotros mismos, en nuestra suerte, en nuestro destino. Posiblemente, los dioses estaban de nuestra parte y nos trazaban un camino tranquilo y seguro. Sin embargo, nuestra fortuna cambió de repente al girar en un recodo. Allí, al fondo, se divisaba una suerte de gigante, tal vez un cíclope sanguinario, tumbado sobre un altillo resollaba y resoplaba como un maldito. Seguramente estaba haciendo la digestión tras haberse zampado a algunos de los nuestros de expediciones anteriores. Intentamos vadearle, evitando que se despertara; pues de suceder eso, seguramente habría sido nuestro final.

Pudimos sortear el peligro aquel, pero enseguida apareció otro. Algo desconocido hasta el momento, posiblemente una bestia pavorosa, andaba cerca de allí. Oíamos sus pisadas aproximándose hacia nuestra posición. Lo hacía sigilosamente. Su objetivo estaba claro: sorprendernos y atraparnos en un salto. Al final, lo vimos delante de nosotros. Lo primero que descubrimos fueron sus ojos, inquietantes y fijos, brillando en la oscuridad, sin parpadear. Vigilaba nuestros movimientos esperando el momento propicio para atacarnos. Era enorme y peludo. Daba miedo. En un momento concreto, el monstruo aquel se abalanzó hacia nosotros. Estábamos perdidos. Emprendimos una veloz huida. Algunos de los nuestros cayeron en la desbandada y fueron aniquilados sin piedad. Otros tuvimos más suerte. La mayoría de nosotros se salvó. A duras penas logramos reunir la fuerza suficiente para realizar un último esfuerzo, el de conseguir colarnos por una rendija en la base de la pared. Allí nos quedaríamos el tiempo que hiciera falta. Era un buen sitio, a salvo, para poder depositar con tranquilidad las cápsulas con nuestros huevos. Para alimentarnos siempre había restos de grasa y de alimentos por el suelo y dentro de los muebles. Allí podríamos esperar tiempos mejores y, a salvo de gatos, anidar mientras nuestras crías se fuesen desarrollando hasta que pudieran salir a colonizarlo todo. Antes les contaríamos nuestra odisea, la que media entre el baño y la cocina de aquella casa. 
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Relato registrado en Safe Creative, bajo licencia

40 comentarios:

  1. Esperemos a ver que pasa, siempre las conjeturas han sido malas.
    Salut

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    1. Sí, aunque hemos de esperar lo peor. Han venido para quedarse.
      Un saludo, Miquel.

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  2. A pesar de todos los peligros no me cabe duda de que los dioses inclementes os protegían.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Yo creo que sí. Es difícil exterminarnos.
      Un saludo, Francesc.

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  3. No quisiera desvelar nada, ni hacer la puñeta, pero tengo la certeza de quienes son estos modernos "odiseos". Y si, llegan para quedarse, para regocijo del dueño de la droguería de mi barrio.

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    1. Eso sí: negocio con el asunto que no falte. Jejeje.
      Un abrazo, Rodericus.

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  4. Pero qué ingeniosa conjetura Cayetano!

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    1. Una forma de quebrar el relato con un final que nadie espera.
      Saludos, Emejota.

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  5. Hasta en las epopeyas, el tamaño sí importa.
    Saludos, Cayetano

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    1. El tamaño y la resistencia ante la adversidad.
      Saludos, Xibelius.

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  6. Hola Cayetano:
    El final me sorprendió, pero me gustó mucho. Lo del monstruo peludo, me recordó una película...que también tiene que ver con una odisea.

    Saludos

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    1. Gracias, Manuel. Un simple gato puede ser un monstruo para los seres diminutos.
      Saludos.

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  7. Todos tenemos en cada casa una odisea,
    Y si, han venido para quedarse y multiplicarse.
    Saludos.

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    1. Creo que los dioses andan últimamente de su parte.
      Un saludo, El Tejón.

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  8. Me encantan los lindos monstruos peludos, he aprendido mucha psicología de ellos!!!

    Un saludo, Cayetano

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  9. La Odisea vista desde otra perspectiva...no humana. En cada casa existe un Ulises con deseo de volver a casa.
    Un saludo

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    1. ¿Encontrará este Ulises a su Penélope, tejiendo y destejiendo, rodeada de bichos con pretensiones de matrimonio?
      Un saludo, Carmen.

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  10. La perspectiva siempre lo modifica todo.

    Saludos,

    J.

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    1. La perspectiva e incluso la empatía: ser capaz de ponernos en la piel -o en el caparazón- de otro. En todo caso, siempre resulta un ejercicio fascinante para el que escribe.
      Un saludo, J.

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  11. ¡Ay, Dios! No quiero creer que sean ell@s. Mi cruzada particular de por vida ha sido mantener mi casa inexpugnable.
    Pero ahora pensaré en que quizá ahora… algún@... está...

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    1. Lo malo es cuando aparece un ejemplar, uno solo. Detrás, escondidos, están todos los amigos de Ulises.
      Un saludo, Ana.

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  12. Estas son las consecuencias de ser osado y salir de tu hábitat. Te aconsejo, Cayetano, que no aparezcas el próximo domingo por Colón. Son otros, pero también se han embarcado hacia Ítaca y es mejor estar a cubierto.
    Un abrazo.

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    1. Descuida. No se me ha perdido nada que deba compartir con la derechona rancia y casposa. Peores que las cucarachas.
      Un abrazo.

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  13. Tanto gato,parece la casa de alguien solo...

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    1. Buen ojo clínico. Seguramente, el "cíclope" que roncaba a pierna suelta en su cama vivía solo con el gato.
      Un saludo.

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  14. No sé, no sé. Me he quedado intrigado, veremos... dijo un ciego.
    Un abrazo.

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    1. Yo no tengo duda alguna de que sobrevivirán. No hay quien pueda con este enemigo.
      Un saludo.

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  15. Todos llevamos nuestra propia Odisea.
    Original relato el tuyo, Cayetano. Saludos

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  16. Para los Pixie y Dixie de turno siempre hay un Jinx al acecho que convierte sus vidas en una odisea.
    Saludos.

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  17. Me ha parecido genial cómo nos conduces por un camino de terror sin saber realmente quienes son los protagonistas, cuando al final desvelas que son animales nos damos cuenta que por un momento en la vida hemos sentido empatía por todos aquellos roedores, insectos... que solemos matar con total crueldad.
    Repito: Genial.

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    1. Muchas gracias, Manuela.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Saludos.

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  18. Muy buena la Odisea que pasan algunos para dejar sus huevos jejeje.
    Es cierto que difícil lo tienen, pero seguro saldrán adelante esos animalitos se conocen todos los rincones entre el baño y la cocina.
    Te quedó fantástico el final.
    Saludos Cayetano
    Puri

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    1. Ya sabes que me gusta mucho hacer un quiebro al final. Es un vicio tremendo el que tengo con esto, más que los bichitos invadiendo casa ajenas.
      Un saludo y muchas gracias, Puri.

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  19. Y Homero era un cangrejo Jajajaja.

    Le diste un giro inesperado a tu relato que me parece buenísimo.

    Besotes

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    1. Una vieja manía mía, la del quiebro en el relato.
      Gracias, Myriam.
      Un abrazo.

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  20. En lenguaje actual se diría que tu relato es transversal, predispones a una especie para acontecer otra, y esa es una sorpresa magnífica. Y a la vez es lo demenos, porque la odisea de la vida alcanza a todas las especies y géneros. Pío Baroja lo llamaría la lucha por la vida. No hay más Ítacas.

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    1. La verdad es que me costó empatizar con estos bichos.
      Un saludo, Fackel. Gracias por acercarte por esta humilde casa o tinaja.

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