jueves, 29 de mayo de 2014

A vueltas con el Nacionalismo

Bandera marciana

(Una reflexión que no va a gustar a más de uno)

Me echo a temblar cuando los ciudadanos son capaces de movilizarse más por los símbolos identitarios que por los recortes en sus derechos. Ahí es cuando aparece el agujero negro del nacionalismo, con ese poder terrible para absorberlo y manipularlo todo. 
Cuando hablo de nacionalismo no sólo me refiero al independentista sino también al centralizador. Y no sólo me refiero a España.
Un “invento” ya antiguo que permite canalizar energías en una sola dirección y lograr que afloren los sentimientos más escondidos, donde prevalece la emotividad frente al raciocinio. Miedo me da un pueblo que se mueve por simple visceralidad y que aparca la sensatez, el diálogo, la negociación y la convivencia. Ello nace de un problema de empatía: la capacidad o la incapacidad para ponernos en la piel del otro. Y si no hay diálogo, las acciones sustituyen a las palabras. La violencia es el siguiente paso. No es la primera vez que ocurre. Y siempre hay alguien detrás que obtiene buenos réditos con ello. No hay más que echar un vistazo a la historia. Los ejemplos sobran. 

UN PRODUCTO DE LA CRISIS 
Habría que plantearse por qué siempre que hay crisis se agudizan estos sentimientos nacionales identitarios, a la par que aumenta el racismo y la xenofobia (Véase por ejemplo el aumento de apoyo en Francia del grupo ultra de la señorita Le Pen). Es un mal síntoma: el raciocinio se ve desplazado por la pasión y la emotividad. Eso en política no debe ocurrir. Es un camino muy peligroso. Los impulsos viscerales hay que dejarlos para el arte y la poesía. La pasión desbordada traducida en términos estéticos se puede denominar Romanticismo, pero a nivel político y en los tiempos actuales no es otra cosa que una forma de fascismo. 

UNA MANIOBRA DE DISTRACCIÓN 
El mensaje siempre es parecido: la culpa de que nos vaya mal la tiene el vecino -o el inmigrante- , no una política global equivocada. Es más sencillo buscar culpables en los de al lado aprovechando algún agravio reciente o del pasado. Y si no lo hay, nos lo inventamos. Es fácil. La gente quiere carnaza, chivos expiatorios que paguen los platos rotos. Y el mensaje cala enseguida entre la población. Con esto del nacionalismo los dirigentes tienen entretenida a la gente, a la de allí y a la de aquí, una cortina de humo para que no vean que los problemas verdaderos no son de banderas sino de trabajo, sanidad, vivienda y educación. Los problemas cotidianos de la gente son muy similares en todas partes. Cuanto más viajas más cuenta te das de las similitudes. Todos respiramos, amamos a los nuestros, luchamos para llegar a fin de mes… Hay más cosas que nos unen que las que nos separan. Las banderas y los himnos están muy bien como parte de nuestra cultura, del folclore, como la fiesta de los toros, la ikurriña o el baile de la sardana, pero no debe convertirse en material arrojadizo para agredir a los que no los comparten. Porque precisamente eso sería hacer el juego a los que quieren que busquemos al enemigo fuera de casa, evitando así que reclamemos soluciones a los de dentro. 

¿PARA QUÉ MÁS FRONTERAS? 
Los que se quejan de falta de libertad colectiva no deben proponerme a cambio levantar nuevos muros de incomunicación entre las personas. Ya tenemos demasiadas fronteras. Te puedes sentir vasco o andaluz o catalán y a la vez español o europeo o ciudadano del mundo o de la Vía Láctea o de ninguna parte. Y no pasa nada. No vas a ser mejor ni peor por ello. No hay que avergonzarse necesariamente de la pertenencia a colectivos que no te excluyen. 

Y ya puestos, ¿qué sentido tiene hoy el hablar de "nación", de democracia y de pueblo soberano -independientemente del color de tu bandera-, cuando los que toman de verdad las decisiones no son nuestros políticos electos locales, sino en realidad gente que está lejos, en sus despachos, dictando órdenes a diestro y siniestro y moviendo a su antojo los hilos del mundo? ¿Qué es lo prioritario que cambiemos? ¿Qué pesada losa nos tendremos que quitar de encima para ser de verdad libres?

sábado, 24 de mayo de 2014

Aniversario de un nombramiento

Niños judíos mantenidos con vida para los experimentos de Menguele. 

 24 de mayo de 1943: en Polonia, y en el marco de la Segunda Guerra Mundial, un joven Josef Menguele es nombrado oficial médico del campo de concentración de Auschwitz. Un médico al servicio de la muerte masiva. Lo suyo era deontología y de la buena. Lo del juramento hipocrático se lo pasaría por el forro, al fin y al cabo el señor Hipócrates era un griego de esos a los que invadieron sus colegas y por lo tanto considerados inferiores. Utilizó a los judíos como cobayas humanas con las que realizó numerosos experimentos. Un sádico, un psicópata, sin empatía alguna ni piedad hacia la especie humana. No en vano recibió el título “honorífico” de “ángel de la muerte”.

domingo, 18 de mayo de 2014

Los tártaros de Crimea

Fuente de la imagen: Público.es

18 de mayo de 1944: el gobierno de la URSS inició la deportación de los tártaros de Crimea. 

Actualmente, un 12% de la población de Crimea son tártaros. Una población que fue a lo largo de la historia duramente castigada por los rusos. 
Acusados durante la Segunda Guerra Mundial de ser colaboradores de los nazis, fueron deportados por Stalin. 
Casi 200.000 personas tuvieron que abandonar la península y dirigirse hacia Uzbekistán y Kazajstán entre otros lugares. Muchos murieron de inanición. 
Pudieron volver a sus tierras a partir de finales de los 80, sobre todo tras el derrumbamiento del sistema comunista soviético. 
Tras su regreso hubo desencuentros con los rusos de la península motivados por la denegación de la ciudadanía ucraniana y por la carencia de viviendas dignas para los repatriados. 
Su objetivo hoy es recuperar su identidad y constituirse con el tiempo en una unidad autónoma dentro de Crimea. 
¿Se convertirán de nuevo en objetivo?

jueves, 15 de mayo de 2014

Australia: un enorme presidio.


Camisa de presidiario. Hacia 1840. 
Museos Vivos Sydney, fotografía de Alex Kershaw.
Imagen tomada de aquí. 

Era por mayo de 1787. El capitán Arthur Phillip, oficial de la marina británica, lleva a cabo una misión especial encomendada por Lord Sydney, Ministro del Interior: establecer una colonia de presidiarios en Australia. Ese día abandona el puerto de Portsmouth, al sur de Inglaterra, con una flota de once barcos llena de convictos, en total, 772, si bien perecieron durante el viaje 40 personas. 
Las condiciones de salubridad durante la travesía dejaban mucho que desear. En las inmundas bodegas de los barcos se hacinaban los reclusos, encadenados unos con otros, y la humedad y las enfermedades se cobraban numerosas víctimas. Disentería, fiebres, infecciones por las heridas de los grilletes y escorbuto, eran las principales causas de muerte. Algunos habían fallecido por el tifus antes de zarpar porque llevaban semanas confinados en los barcos- prisión. 
Pero al final los barcos fueron llegando a su destino. 
Esta fue la primera colonia de ex presidiarios que se estableció en Australia. Luego vinieron otras. 
A decir verdad, en aquellos tiempos, Londres era una ciudad superpoblada, con una altísima tasa de delincuencia, una ciudad muy insegura sobre todo desde el crepúsculo hasta que salía el sol. Sobraba gente y en especial sobraban hampones. El desempleo, el alcoholismo y el crimen eran moneda corriente. Los legisladores querían aplicar medidas ejemplarizantes que no consistieran exclusivamente en la pena capital para detener la ola de delincuencia y una de ellas era la de exportar a los convictos a las colonias. 
Y así fue como en algo menos de un siglo más de 160.000 presos fueron deportados en dirección a Australia. Los problemas de adaptación fueron muchos, también el tema de las enfermedades. En relación con los nativos del lugar, el capitán Phillip amenazó con la horca a todo aquel que se le ocurriera matar a algún aborigen. Aun así el impacto entre la población autóctona fue importante y ésta descendió considerablemente debido sobre todo a las enfermedades infecciosas y a los reasentamientos forzosos por el avance de los colonizadores. 
Y así comenzó la historia de un país poblado por blancos anglosajones. 
Tener una colonia a mano era un buen recurso entonces para quitarse gente problemática de en medio. 
Llama poderosamente la atención que un país hoy tan próspero y civilizado haya tenido esos orígenes. Aproximadamente, un 20% de los habitantes actuales son descendientes de convictos. Siempre me he preguntado qué pensarán los australianos de sus antepasados. Muchos han recurrido a crear una imagen positiva e idealizada de sus ancestros. En vez de hampones o delincuentes, activistas políticos perseguidos por sus ideas o gente necesitada que se tenía que buscar la vida. Muchos se consuelan pensando que aquéllos eran unos tiempos muy duros para casi todos y que era tremendamente fácil tener un encontronazo con la justicia. De alguna manera están orgullosos o se sienten deudores de aquellos hombres y mujeres que iniciaron un nueva vida lejos de Inglaterra... eso sí, a la fuerza.

domingo, 11 de mayo de 2014

Los niños de los años 60 no teníamos smartphone

Niños jugando al "churro, mediamanga, mangotero."

Cómo ha cambiado el cuento. 
Cuando yo era pequeño iba al colegio y entraba en el aula con un temeroso respeto (¿O tal vez deba decir con un "respetuoso temor"? Tengo mis dudas). Igual les pasa hoy… a los profesores. 
Si te metías con una persona mayor que tú y cobrabas, te quedabas con la colleja. Si te zurraban los profesores, no se lo contabas a tus padres porque te llevabas otra tanda. Si hacías el tonto donde no debías y tu padre te atizaba por "hiperactivo", nadie le denunciaba.
No teníamos consola, sólo el parchís y el juego de la oca. 
La tele era en blanco y negro y sólo había dos canales, el normal y el UHF. Había pocos programas exclusivamente para niños. No nos perdíamos los dibujos animados, ni "Bonanza", ni "El Santo", ni "El Virginiano", ni "Los Intocables". Nos cagábamos de miedo viendo "Rumbo a lo desconocido", con unos marcianos muy graciosos y gente rara que hablaba mejicano o portorriqueño, como "Perry Mason", el famoso abogado criminalista que decía eso de que los malhechores le dieron a uno una "golpisa" y le robaron la cartera, la "pluma fuente"y el "reloj de pulso".
Merendábamos pan con chocolate. Había una marca horrible que se llamaba "Vitacal", un sucedáneo áspero y de aspecto terroso. Los chicos decíamos: "chaval, toma vitacal, que el culo te huele mal." Si teníamos alguna peseta disponible comprábamos pipas o paloluz o pastillas de leche de burra o algarrobas. Esas eran las chuches de entonces. Jugábamos mucho en la calle hasta que nos llamaban nuestros padres. En casa no teníamos un cuarto para cada uno, ni ordenador, ni móvil, pero las noticias volaban y nos enteramos rápido el día que asesinaron a Kennedy o a Sharon Tate -el bellezón que se fue con el Polanski- los del clan Manson. También nos enteramos el día que Massiel ganó el festival de Eurovisión. En el mundo estaban pasando cosas muy gordas, en Vietnam, en París, en los EEUU… Bueno, de eso nos enterábamos menos, pero no era culpa nuestra. 
Carecíamos de muchas cosas de las que hoy disfrutan los niños, pero siempre teníamos a mano algunos libros maravillosos: las novelas de aventuras de Salgari o de Julio Verne, las peripecias de "Guillermo Brown", los tebeos de "El Capitán Trueno", de "El Guerrero del antifaz" o de "El Jabato". 
Y sobre todo, teníamos mucho tiempo para disfrutar de la calle y de los amigos, esas tardes interminables para jugar al escondite, al rescate, al balón, a las chapas, a los cromos, a las canicas, a la lima, al pañuelo, a la peonza… Podíamos compartir juego con las niñas en plan más tranquilo y “civilizado”, entonces solíamos acabar jugando al "balón prisionero", o bien sólo con chicos en plan bruto. En ese caso acudíamos a los platos fuertes y jugábamos al fútbol. Bueno, yo era poco “futbolero” y prefería subirme a los árboles como Tarzán o como la mona Chita. También jugábamos a “Pídola”, al “Churro (o burro, decíamos), mediamanga, mangotero” o simplemente nos echábamos una “drea” y alguno volvía a su casa “escalabrao”. 

No, los niños de los años 60 no teníamos "smartphone" pero nos divertíamos mucho viendo la serie de Maxwell "Smart", más conocido como "El Superagente 86". Él sí que era "inteligente", que en vez de móvil tenía "zapatófono".




La serie comenzó su andadura en la NBC el 18 de septiembre de 1965

domingo, 4 de mayo de 2014

Los Miserables

 

Decía Woody Allen:
"Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia".
Algo parecido, pero en plan revolucionario francés del siglo XIX, nos pasó a algunos espectadores cuando fuimos a ver Los Miserables, el gran musical.
A la salida del teatro no hicimos ninguna barricada, pero era tarde, había hambre y sed y "asaltamos" los bares de la zona.

viernes, 2 de mayo de 2014

El dos de mayo

El dos de mayo en Madrid, según Sorolla

Siempre que llega este día no tengo humor para celebrarlo. El dos de mayo es un día de liberación, el principio del fin de una pesadilla; pero también el inicio de muchos días amargos para los españoles que habían decidido darse una constitución. Con la derrota francesa se abrió para nuestro país una etapa oscura y decadente. En vez de una monarquía parlamentaria, aplaudimos el regreso del rey que nos iba a poner las cadenas, Fernando VII, el peor rey que ha tenido España jamás, quien restableció el absolutismo, las prerrogativas del clero y de la nobleza, derogando la Constitución liberal de Cádiz y resucitando la Inquisición. España siguió siendo un país analfabeto sumido en el atraso y en la pobreza. ¿De qué nos sirvió liberar el país de invasores? Lo que vino fue todavía peor: veinte años de absolutismo y de atraso social y económico.