martes, 1 de febrero de 2022

Las señales del apocalipsis

 

Imagen de Pixabay

El Apocalipsis es el último libro de la Biblia. Siempre se ha considerado un texto enigmático y misterioso por la carga simbólica o metafórica que tiene. Difícil de interpretar, ningún otro relato bíblico ha gozado de tantos comentarios a través de los siglos. Apoyándose en él se han fundado sectas, se han buscado demonios entre los personajes históricos y se ha sembrado la inquietud entre los creyentes con esos escenarios aterradores plagados de cataclismos y devastaciones.

El autor se nos presenta con el nombre de Juan. Desconocemos si ese fue su verdadero nombre o se trata de un pseudónimo.

Haciendo un análisis del texto bíblico nos encontramos con

Las señales del apocalipsis


1 La llegada del falso dios que engañará a la humanidad:

Debe referirse al dios mercado o al consumismo ciego. O tal vez a esos líderes descerebrados que brotan por todas partes como setas. Tal vez a una combinación de todo ello. No se precisa que la gente piense. Tal solo que tengamos fe en el sistema con el que se nos bombardea desde la publicidad o desde los medios de descomunicación.

2 Una nueva era de hielo:

La nieve se convierte en hielo. Y eso es muy peligroso sobre todo por los resbalones.¿Vendrán varias Filomenas, Filemonas o Filoleches, como predicen los gurus que vaticinan catástrofes?

3 Pandemias:

Ahora vamos bien servidos con el COVID. De momento. Me imagino que de vez en cuando tocará alguna nueva, con su correspondiente bicho dando por saco y las farmacéuticas haciendo su agosto con la fabricación de vacunas y sus guerras entre ellas.

4 Terremotos y huracanes:

Últimamente parece que la naturaleza anda revuelta. Movimientos sísmicos, vientos muy fuertes, actividad volcánica...

5 Hambre:

No es una novedad en el mundo actualmente, solo si se generaliza por problemas graves de abastecimiento y el asunto llega a los países ricos. ¡Que no nos falte el papel higiénico!

6 Caída de un asteroide:

Está por ver. Y por caer. Una vez cayó uno y se extinguieron los dinosaurios.

7 Guerra generalizada contra Israel, la tierra prometida:

Aunque algunos países lo tienen en el punto de mira y los grupos neonazis son abiertamente antisemitas, se ve que el que escribió el texto bíblico era parte interesada. Lo más normal es que haya una guerra generalizada de muchos contra muchos con armamento altamente letal. Últimamente parece que la cosa anda revuelta por Europa oriental.

8 El sol calcinará a la humanidad:

El sol no sé. Pero el precio de la luz tal vez. Con este tema la gente anda algo quemada.


martes, 25 de enero de 2022

Calle Melancolía

 


Madrid, 1983

El humo de los cigarrillos de aquel tugurio de la calle Segovia forma una niebla densa que hace que los contornos pierdan nitidez. En la tarima, Juan Antonio Muriel, tamizado por esa cortina brumosa creada por los fumadores, desgrana nota a nota con su guitarra la canción que, en su día, escribiera a pachas con el Sabina. El auditorio, dispuesto en mesas y en semicírculo, lo escucha embelesado:

Llegas demasiado tarde, princesa.

Entre el público, en medio de la humareda, con los ojos brillantes por la bebida, Miguel atiende extasiado y, entre verso y verso, echa un ojo a una chica morena de enfrente, que no está nada mal:

Cómo no imaginarte,
Cómo no recordarte hace apenas dos años.

La verdad es que está muy buena, piensa para sus adentros, mientras sigue mirándola con descaro y sin dejar de tararear la canción:

Maldito sea el gurú
que levantó entre tú y yo un silencio oscuro.

Y Miguel, echándole imaginación, idea en una décima de segundo una tórrida historia de amor, inspirado naturalmente por la imagen de la chica, por la canción de Muriel, por los efectos del alcohol y por el peta de hachís que se fumó antes de entrar al local.
Y la morena se da cuenta de que el tonto del haba de ahí enfrente no le quita ojo mientras mueve los labios al compás de la letra, y comienza a sentirse incómoda:

Llegas demasiado tarde, princesa.
Y no hay más leña que la que arde
, princesa.

Y tras este tema, que es el último, se acaba el recital. Y todos van saliendo a la noche de la calle, con el pestazo del humo de los cigarrillos adherido a la ropa.
También sale la princesa de enfrente, pero no está sola. Y cuando Miguel aparece en el umbral del local oye una voz femenina que le increpa:

¡Eh, tú! ¡Sí, tú! ¿Qué pasa contigo? ¿Estás tonto o qué? ¿Es que no tienes mejores cosas que hacer que estar ahí dentro mirando a la peña con cara de gilipollas?

Y Miguel, con expresión de asombro y señalándose con el dedo, como diciendo "¿hablas conmigo?", opta por hacerse el sorprendido, pero con escasa insistencia y ninguna chulería, dado que el acompañante de ella es más grande y está cachas y le mira además con cara de pocos amigos, como diciendo: como te pases un pelo te llevas un par de hostias. Y él no tiene el cuerpo para peleas.
Así que opta por escabullirse. Mejor ser precavido que valiente. Y decide largarse de allí a buen paso, con el cuello del abrigo vuelto hacia arriba por el frío, las manos en los bolsillos y canturreando Calle Melancolía, camino del Metro: 

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría, /por la ciudad camino, no preguntéis a dónde. /Busco acaso un encuentro que me ilumine el día. /Y no hallo más puertas que niegan lo que esconden.

Hasta que la noche de Madrid lo engulle y lo hace desaparecer.

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Texto publicado en el número 33  la revista digital  La Ignorancia.

http://www.laignoranciacrea.com/wp-content/uploads/2022/01/La-Ignorancia_33-Desenfocado.pdf



lunes, 17 de enero de 2022

El autoantropófago


Avelino Garrido se comía los mocos cuando era un crío. Más tarde comenzó con la manía de morderse las uñas. Un vicio tonto. Después siguió con las cutículas y los padrastros, luego con la piel dura adyacente a cada lado de la uña. Los dedos se le pusieron como porras.

Un día se percató de que estaba mordiéndose los labios. Se hallaba en el cine viendo una película de suspense. Había unos malos muy malos, de esos con sombrero y vestidos con traje negro, metidos todos dentro de un sedán también negro. Y perseguían a una joven rubia, muy guapa por cierto, que corría despavorida por la calle. Era de noche y no había un alma. Solo se oía el chirriar de los neumáticos en los adoquines y el taconeo frenético de la moza que huía a la desesperada. La persecución de la chica por aquellos mafiosos le producía desazón. Tanta que, cuando se quiso dar cuenta, se había hecho sangre al arrancar jirones de piel reseca de los labios con la ayuda de su dentadura.

Una noche, tras ducharse, comenzó a cortarse las uñas de los pies y no pudo reprimir sus impulsos. Dejó la tijera a un lado y comenzó a mordérselas con sus propios dientes. Al tirar en exceso de una de ellas, la del dedo gordo del pie izquierdo, como estaba muy dura, se rajó por donde no debía, arrancándose la mitad y dejando al aire la la pulpa blanquecina de debajo. Se hizo sangre. No quedó ahí la cosa, pues del esfuerzo que hizo se partió también uno de los incisivos, tragándose sin pretenderlo un fragmento del mismo.

Un día fue a un restaurante con su amigo Juan.

Su amigo pidió un chuletón de buey, poco hecho. Y él un plato de pasta con queso rallado. Mientras el amigo daba buena cuenta de la carne y con el cuchillo dejaba aflorar un interior rojizo y sanguinolento, le dijo:

-No sé cómo podéis comeros la carne medio cruda. Yo, últimamente me estoy volviendo casi vegano: pasta, arroz y ensaladas, sobre todo.

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Texto publicado originariamente en La Charca Literaria


lunes, 10 de enero de 2022

Vivir tan solo es soñar

El nueve de junio de dos mil catorce publiqué esta entrada que hoy actualizo:


Thanatos e Hipnos transportando un cuerpo inerte 

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.



Revello de Toro, Sumida en el sueño 


Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.


Francisco de Goya, El sueño de la razón produce monstruos


Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):


El sueño de Jacob, José de Ribera.

¡que hay quien intente reinar 
viendo que ha de despertar 
en el sueño de la muerte!

Dalí y su peculiar forma de interpretar el sueño


Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;



Van Gogh, La siesta


sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.


Picasso, El sueño.

Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

 Fragmentos de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca.