martes, 12 de septiembre de 2017

Delirios de grandeza

La Mole Littoria, proyecto de Mussolini.

Una entrada recuperada
Fragmentos de un cap. de "Historias que no son cuentos"


Algo propio de dictadores y autócratas, acostumbrados a la obediencia sin rechistar y a ser considerados en su entorno como dioses. Caudillos por la gracia de Dios o del destino, padres salvadores de la patria o de la revolución, que llenan calles y plazas de estatuas propagandísticas de su ego, algo frecuente en la saga norcoreana de los Kim, propulsores de una nueva religión llena de imágenes colosales ante las que sus súbditos obedientes y devotos han de postrarse. Estos tiranos acometen obras faraónicas, expresión de su grandeza como el Valle de los Caídos o el rascacielos que proyectaba Mussolini, o también el “Palacio de los Soviets” de Stalin, una idea aprobada en 1934 que no llegó a hacerse porque la Segunda Guerra impuso otras prioridades, o la megaciudad que pretendía construir Hitler, proyecto encomendado a Albert Speer, más conocido como “arquitecto del tercer Reich”, designado por el führer para llevar a cabo la construcción de Germania, la que iba a ser la capital del mundo.


Germania, capital del mundo

Ese mismo delirio que les lleva a celebraciones multitudinarias para darse un baño de masas o a rebuscar en la historia nombres altisonantes que poner a sus vástagos como hizo Pinochet -“Augusto” Pinochet- con su hijo "Marco Antonio".
O el ansia por emparentar con la familia real, como las maniobras de doña Carmen para que su nieta, al casarse con Alfonso de Borbón Dampierre, aspirara a entroncar su familia con la realeza española.
Los delirios de grandeza, propios de personajes como Mussolini, Adolf Hitler, Stalin, Pinochet, Kim il Sung o Franco, forman parte de un trastorno psicológico que en ocasiones esconde un complejo de inferioridad. 

Delirios de grandeza que les hace sentirse imbuidos de autoridad para “investir” y otorgar cargos y títulos como los viejos monarcas absolutos, como hizo Franco quien, merced a la ley de 4 de mayo de 1948, asumió la potestad de poder conceder títulos nobiliarios, algo que había abolido la II República. Un total de 39 títulos concedidos a sus amigos de la “cruzada” contra los “rojos”. De esta forma los nietos de los que colaboraron con el golpe militar y con la dictadura reclaman esos títulos como un derecho hereditario, exigiendo que en plena democracia se les siga renovando, lo que levanta las lógicas protestas de diversas entidades que exigen la supresión de los títulos concedidos por Franco a todos aquellos “que participaron y colaboraron en el sostenimiento de la dictadura”.
La inmensa mayoría de los nombramientos que hizo el “Caudillo” son mirados con desprecio por parte de la aristocracia española quien considera en primer lugar que deben ser otorgados por un rey, opinando por otra parte que una guerra civil seguida de una dictadura no es el escenario adecuado para recompensar a nadie con un nombramiento de ese tipo.

Fallido Palacio de los Sóviets, proyecto de la era Stalin

El dictador no tuvo escrúpulo alguno en nombrar duques, condes o marqueses a militares sublevados, renombrados falangistas y empresarios colaboradores o afines al régimen.

Entre otros, Franco otorgó los siguientes títulos:

Al general Mola, golpista como él, le concedió el título de Duque de Mola.

Al general Queipo de Llano, autor de importantes estragos en Sevilla, el título de Marqués de Queipo de Llano. Y eso que ambos no se tragaban. El de Tordesillas llamaba a Franco, “Paca la Culona.”

Al general Yagüe, más conocido como el carnicero de Badajoz, tristemente famoso por la matanza de miles de civiles, el título de marqués de San Leonardo de Yagüe.

Al falangista Onésimo Redondo, el de Conde de Labajos.

A Pilar Primo de Rivera, delegada nacional de la Sección Femenina, el Condado del Castillo de la Mota.

A Pedro Barrié de la Maza, fundador de una compañía eléctrica, el de Conde de FENOSA, o sea: “Conde de las Fuerzas eléctricas del Noroeste”. Si no fuera ridículo, hasta tendría su gracia.

¿Se imaginan otros títulos nobiliarios parecidos como el Marqués de ENSIDESA, el Duque de Azucarera Española o el Conde de Renfe? Suena, cuando menos, cómico, casposo y paleto.



34 comentarios:

  1. Una entrada harto ingeniosa, Cayetano. Ahora seré malota: Cuando una mayoría del pueblo se siente pequeña o descontenta, durante un espacio temporal, claro, por psicología de "vasos comunicantes", suele surgir un dictador que se aproveche + o - inconscientemente de dicho defecto, incluidas todas las barbaridades que sea capaz de cometer. Muchos se identificaran con él por nada loables motivos. Otros por temor acatarán y silenciaran sus temores con tal de seguir viviendo en espacios familiares....y luego "los mártires"...hasta ahí podemos leer.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo, Emejota. Casi siempre ha sido así. Para pensar uno en el futuro que se aproxima. Da miedo.
      Un saludo.

      Eliminar
  2. ¡Cuánto aprendo contigo, Profesor Gea! De este mismo corte, en la ciudad de Moscú, "Las siete gemelas": siete edificios al estilo Neoyorkino, un envite más de la Guerra Fría.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Arte propagandístico, para que la gente diga "¡Ohhhh!"
      Un abrazo, Paco.

      Eliminar
  3. El proyecto de Mussolini no lo había visto.
    Se de otro en Etiopia, del que mi padre hablaba y lo hallé en internet, en una foto , sobre una montaña, en medio de la sábana etiope.
    La vida, Cayetano, es al menos para mi, una fortuna.
    A mi edad me sorprendo de que en mi casa, en Barcelona, cuando abro el grifo salga agua, y si lo giro hasta sale caliente.

    Hoy, en plena democracia, a los presidentes también se les concede títulos. Duque de Suarez es un ejemplo, como lo es el de Gonzalez.

    Todo, mi buen receptor, es fatuo y banal. Pura mierda atada al palo de un gallinero.

    Tenemos la gran fortuna de que viviremos mil años para seguir viendo tanta bobada.
    Un abrazo
    Salut

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y no aprenderemos nunca por mil años que vivamos más.
      Un abrazo, Miquel.

      Eliminar
  4. Perdón..DE QUE NO VIVIREMOS MIL AÑOS...

    ResponderEliminar
  5. Cuando se tiene un poder absoluto y estás rodeado de aduladores, se debe de ser muy fuerte para no caer en todo lo que has citado. No disculpo a todos los que has citado, pero no sé como reaccionaría yo en su lugar.

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como para no adular a Stalin o al energúmeno coreano... Te la juegas.
      Un saludo.

      Eliminar
  6. Lo del "cachondeo" con lo de condesa de FENOSA lo conocí hace ya bastantes años. Mi jefe por aquella época era miembro de la alta burguesía barcelonesa, dinero viejo y franquista por conveniencia.

    Un tipo curioso que merecería una novela de acción. Trabajo como químico en las factorías alemanas de IG FARBEN que producían la gasolina sintética con la que se movían las divisiones blindadas de Hitler.

    Hasta que los reiterados bombardeos aliados le indujeron a buscar la tranquilidad, y regresar a Barcelona.

    No soportaba a los arribistas que rodeaban a Franco, gente según él, que habían sido unos muertos de hambre hasta que abrazaron la causa del "generalillo".

    No quiero reproducir aquí los epítetos e insultos que les dedicaba a estos elementos.

    Otra asignatura pendiente desde la transición, colocar a esta gentuza en el lugar del que salieron.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mucha caspa en toda esta gente.
      Un abrazo, Rodericus.

      Eliminar
  7. RODERICUS...has de hacer una entrada con lo de la gasolína química.
    Nunca he sabido bien lo que es, e intuyo que para 1942 ? debía de ser un invento de lo más preciado.
    Salut

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin combustible, los del Reich no eran nadie. Así que tuvieron que echar mano del "carbón hidrogenado" de fabricación propia. A ver si se anima Rodericus y nos lo cuenta.

      Eliminar
  8. Iba a dejar un comentario "graciosillo" sobre el Conde de Fenosa... se me han quitado las ganas después de leer el comentario de Rodericus. Sinceramente me parece una estupidez que a día de hoy - no entro a juzgar los del pasado lejano - se sigan otorgando títulos nobiliarios, incluidos los otorgados por los monarcas recientes. ¿Marqués Del Bosque? Ejem.
    Abrazos, Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que algunas cosas de aquella gente parecen sacadas de una película de Berlanga con guión de Rafael Aznona.
      Un abrazo, Xibeliuss.

      Eliminar
  9. La arquitectura al servicio del poder. Son formas de petrificar la vanidad de los dictadores.
    Abrazos
    Francesc Cornadó

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jugar a ser faraones utilizando los recursos de todos.
      Un abrazo, Francesc.

      Eliminar
  10. Y eso que no tocas los del oro lado el charco. El dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, también quería realizar una gran megaproyecto en Caracas, similar a los Elíseos de París con edificios similares a los del Hitler...Antonio Guzmán Blanco, también venezolano, inundó la ciudad con sus muchas estatuas y plazas con su nombre...

    Saludos Cayetano

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante aportación la que nos traes desde el otro lado del "charco". La megalomanía parece una enfermedad contagiosa. Creo que no hay antibióticos para ella.
      Un saludo, Manuel.

      Eliminar
  11. Bueno, monsieur, confieso, no sin rubor, haber repartido yo también algunos títulos nobiliarios en nuestra corte, pero los míos eran más bonitos. Hale, lo nombro a usted barón du Petisu.

    Feliz día

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jajajajajaja yo, menos de duquesa, no quiero (lo aclaro por si las moscas)

      Eliminar
    2. Jejeje. Un título muy "delicado" y dulce.
      Un abrazo, Montserrat.

      Eliminar
  12. La verdad que todos suena. De risa, pero te ddgo la vrrdad, hay uno que Mola. Labajodas jajaja.

    Pero fuera de broma, ¡qué espanto! Además, una muy buena forma del general(ísimo) de alcahuetarse - por no decir joderse- en las nobleza :-)

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad que todos suena de risa, pero te digo la verdad, hay uno que Mola: Labajodas jajaja.

      Te reescribo esta aparte del comentario, perdón por los errores desde el móvil.

      Eliminar
    2. Por eso no podían ni verle los de la nobleza de toda la vida. Jejeje. Menudo elemento era el gallego.
      Un abrazo, Myriam.

      Eliminar
  13. Interesante esta entrada Cayetano, los dictadores todo lo hacían a lo grande ya fuera para bien o para mal , el caso era dejar constancia para la posteridad de sus hechos y ahí están algunos bien visibles para recordarlos.
    Un saludo
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, sus delirios de grandeza eran muy fuertes. Como tú bien has dicho: afán de dejar un legado para la posteridad. Una manera de ser eternos.
      Un abrazo, Puri.

      Eliminar
  14. Y lo malo es que cad auno de nosotros tenemos un cierto espíritu dictatorial con los hijos, con las parejas, con los compañeros de trabajo, o con el paisano de la esquina, según se nos tercie o depende del día que tengamos. Y quien más quien menos favorece al amigo o al vecino o al pariente, o ejerce corrupción a pequeña escala pirateándose archivos de internet o llevándose gratis el boli del banco. En fin...
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí. Y como en todo, hay niveles. Algunos se pasan de la raya. Debe ser por el cargo.
      Un saludo, Carmen.

      Eliminar
  15. El deseo de trascender es común a mucha personas, pero cuando se dispone sin control, por propia voluntad, de los medios que da el poder la tentación insuperable no se detiene.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y cuando hay una corte de aduladores y pelotas que le dicen lo bueno que es, como a Nerón con la música y la poesía. Y el tío se lo creía y todo.
      Un saludo, DLT.

      Eliminar
  16. Se siguen haciendo sesudos estudios para intentar saber el porqué de estos delirios cuando alcanzan el poder (aparte de los consabidos del poder y endiosamiento). Y todos cometen el mismo error, no terminan de darse cuenta de que, por muchas estatuas que erijan con su efigie, acabarán siendo derribadas. Una tras otra... Desde europeos a africanos pasando por asiáticos, ni uno se salva. El poder absoluto los vuelve como la gallina turuleta.
    Ya estamos de vuelta de las vacaciones y me alegra volver a leerte querido Cayetano.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  17. Respuestas
    1. Las estatuas acaban por derribarse, como tú dices. Y, salvo que estén a cubierto, cagadas siempre.
      Un saludo, Félix.

      Eliminar