lunes, 8 de octubre de 2018

Un amigo de toda la vida





—¡Vaya cara que tienes!

Así lo soltó, sin rodeos, sin tapujos. Mirándole fijamente, sin pestañear.
No era un reproche, tampoco un cumplido.
Tantos años hacía ya que se conocían. Tantos secretos compartidos…
Resultaba curioso, pero siempre que se encontraban frente a frente, se observaban unos instantes en silencio, como estudiándose, como indagando en las pupilas, buscando complicidades antiguas, tal vez una respuesta a una pregunta nunca dicha…
Había pasado el tiempo. Ahora tenían más canas, las facciones más marcadas, más arrugas… pero había algo en las expresiones, en las miradas, que seguían siendo las de siempre. Los jóvenes que siempre fueron, con ese aire ligeramente tristón y ausente.
Y  luego estaba el tema de las aficiones, de los gustos musicales, literarios… Esa forma peculiar de entender el mundo…tan semejante.
Hasta el gusto para decorar la casa, la elección de los muebles, las paredes forradas con estanterías repletas de libros…
—¡Vaya cara que tienes! Hasta te han salido patas de gallo. Se ve que los años no pasan en balde.
Lo decía sin apartar los ojos de su mirada. De frente. Como debe ser.
Muchas veces no necesitaban ni hablar para saber qué pensaban el uno del otro.
Y ahora estaban ahí, frente a frente. Un rato largo contemplándose.
Luego, con un gesto simétrico y sincronizado, ladearon la cabeza y dejaron de mirarse; se pusieron al unísono el abrigo, idéntico en forma y color; cogieron de la mesita del recibidor sus respectivos manojos de llaves, también idénticos; abrieron a la vez la puerta que daba a la calle, la misma puerta y la misma calle, y salieron, dejando atrás el espejo de cuerpo entero de la entrada del apartamento donde Manuel se había entretenido mirándose un rato.
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Texto publicado hoy en La Charca Literaria



26 comentarios:

  1. Eso mismo pensé yo al mirarme al espejo después de salir del hospital, y ver la barba de cinco dias totalmente encanecida.

    Afortunadamente, a la izquierda del espejo, estaban mi hoja de afeitar y la espuma.

    La "aparición", la pesadilla solo duró cinco minutos, ¡¡ pero joder, que miedo !!.

    Después del afeitado, emergió la imagen del mismo carcamal de costumbre, que para celebrar la vuelta a la normalidad, se roció con un poco de esa colonia carísima que le suele regalar la señora estupenda por navidades.

    Volví a mirarme de soslayo, afortunadamente aquél viejo infernal había desaparecido. ¡¡ Uff !!.

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    1. Me alegro mucho de que ya andes por casa, aunque hayas estado sometido a la tortura de tener que mirarte al espejo con esa barba de unos días.
      Te haces mayor el día en que te miras al espejo y dices... ¡Mi padre!
      Un abrazo, Rodericus.

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  2. Muy ingenioso. Claro que antes de llegar al final me dí cuenta que no se podía tratar sino del reflejo de la propia imagen. Ja, lo estabas "cantando", desde el principio..... es lo que tiene verse reflejad@ de ese modo todos los días. ¡Yo le saco la lengua a modo de burla!

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    1. Haces bien en sacarle la lengua. Eso desahoga mucho. Jejeje.
      Saludos, Emejota.

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  3. Eso me pasa últimamente, sobre todo los lunes. Por ahora, me llevo bien con el amigo de enfrente. No me queda otra, estoy seguro que me acompañará hasta el final.

    Un saludo.

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    1. Yo también. Además, me veo menos feo que en las fotos o en los retratos que me hacen los amigos.
      Un saludo, Carlos.

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  4. Llevo tiempo sin saludarme, sin pararme un minuto a observar ese amigo que tengo frente al espejo. Falta hace de vez en cuando, señor mío. Gracias por recordarlo :)
    Un abrazo!

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    1. Yo ya ni me hablo. Jejejeje.
      Un abrazo, Félix.

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  5. Pues el espejo es el único que convierte monólogos en diálogos.

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  6. Así es. Un diálogo entre los dos lados del espejo. ¿Cuál es el más auténtico? Eso ya va en gustos.
    Saludos, Miquel.

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  7. Yo cada vez lo llevo peor. Difícil reconocer a la extraña que vive en el espejo de mi dormitorio :) ;)
    Besos, Cayetano

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    1. Yo prefiero no mirarme mucho. Jejeje.
      Un abrazo, Arantza, gracias por pasar y comentar.

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  8. Jajajaja como te dije por FB, menos mal que estos dos se llevan bien :-)

    Besos

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    1. Sí, menos mal. La cosa podría ir peor.
      Gracias por dejar tu comentario.
      Un abrazo, Myriam.

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  9. Yo le digo al hombre del espejo, que me haga ser mejor en mi profesión y como persona (que no significa ser el mejor) y me contesta que así será...y no veas los consejos queme da el del frente...

    Saludos

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    1. Ten cuidado, que un exceso de confianza con el tipo del espejo nunca sabes dónde te puede llevar.
      Un saludo, Manuel. Gracias por estar ahí.

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  10. Ay, Cayetano. El tiempo nos convierte en otros. Y encima no suelen gustarnos las últimas versiones. A mí también me pasa un poco lo mismo con Windows.

    Bisous

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    1. Pues mira, nunca había caído en ello; pero ahora que lo dices, me quedo con la versión XP.
      Un placer verte por aquí.
      Un abrazo, Montserrat.

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  11. Esos diálogos, si continúan después de ponerse el abrigo juntos y salir a la vez de la casa, dan escalofríos.
    Aunque al principio me recordaron a cierta conocida que siempre se dirige de esa manera a quienes va encontrando. Que les da el día, vamos. Saludos.

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    1. En mi caso, al menos, terminaron nada más dejar la casa detrás. Puede continuar algo si te paras en alguna tienda de ropa delante de algún espejo, pero poco importante y duradero.
      Gracias por tu aportación al tema.
      Un saludo, Ana.

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  12. Muy bueno, Cayetano. No esperaba ese final.
    Un saludo.

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    1. De eso se trata, de dar un quiebro al final que pille por sorpresa al lector. Muchas gracias.
      Un saludo.

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  13. El peor crítico de uno mismo es precisamente uno mismo. Cada vez que nos miramos al espejo vemos al otro, ése que nos mira desdeñoso por encima del hombro, ése que nos critica y al que criticamos. Somos uno y par al mismo tiempo.
    Un saludo

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    1. La imagen que tenemos de nosotros mismos a través del espejo es diferente de la real, contraria a la que ven los demás. Nuestra oreja izquierda es la derecha. Y así con todo. Da que pensar.
      Un saludo, Carmen.

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  14. Yo nunca le dejo hablar, lo miro unas veces con mejor, otras con peor cara, que nunca le permito abrir la boca, más que para cepillarse los dientes.
    Saludos.

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    1. Haces bien. Ante todo disciplina.
      Un saludo, DLT.

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