Y
soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
La vida es sueño, Calderón de la Barca.
Pesadilla tremenda la vivida
aquella noche.
Yo formaba parte de la tripulación de un barco pesquero que regresaba tras pasar varias horas faenando en alta mar. La pesca había sido excelente. Ningún incidente reseñable.
Tras la maniobra de virado del aparejo, una vez izadas las redes, se habían abierto y depositado en cubierta las capturas. Luego se procedió a clasificar y guardar la pesca en la bodega.
Todo se desarrollaba con normalidad cuando, de repente, las cosas cambiaron. El estallido de un relámpago anunció el inicio del temporal, paulatinamente aumentó la fuerza del viento y la lluvia hizo acto de presencia. El barco comenzó a cabecear y a balancearse de babor a estribor.
Todavía estábamos muy lejos de la
costa, a unas cuarenta millas. Y ahora se nos presentaba un escenario
de tempestad. Un oleaje tremendo comenzó a zarandear la nave como si
estuviera hecha de papel. Por si fuera poco, llovía cada vez con
mayor intensidad y, lo peor de todo, no había luna ni estrellas que
alumbraran un poco la escena, con lo que la sensación de miedo y
desamparo eran enormes. Parecía que el abismo había abierto sus
fauces y amenazaba con tragarnos en un santiamén. La angustia,
transformada en auténtico pavor, nos oprimía el pecho a los que
formábamos parte de aquella tripulación.
Al final, de
tanto desesperarme y removerme, desperté angustiado y, durante un
segundo tan solo, disfruté del alivio que supone haber dejado la
pesadilla atrás.
Había regresado a mi mundo real.
Nada había cambiado.
Me di cuenta de mi lamentable situación.
Seguía tumbado en el suelo, frío y duro como una lápida. Seguía allí, encadenado al muro y con grilletes en los tobillos. No sé qué hacía yo soñando ocupar el lugar de un pescador del primer mundo cuando no dejaba de ser un simple esclavo del tercero y que sería subastado en el mercado esa misma mañana al mejor postor.
Alguien dijo que soñamos lo que deseamos o lo que tememos...
ResponderEliminarNo sé. Esto de los sueños es una especie de submundo que va a su aire.
EliminarSaludos.
Hubiera sido mejor no despertar, creo.
ResponderEliminarUn saludo
A lo mejor es otro sueño. Ya sabes, en plan Escher. El sueño que sueña un sueño que sueña...
EliminarSaludos.
Los sueños sueños son, decía Calderón. En este caso, mejor no haber despertado. A menudo los sueños son mejores que la realidad.
ResponderEliminarYa te digo. Los hay buenísimos, con sexo feliz y todo.
EliminarSalud.
No es lo peor soñar, pues despertar y palparse, estás seco y a salvo, no es cosa menor. La mar es cosa muy seria.
ResponderEliminarUn abrazo
Lo de estar seco es si no te has meado durante el sueño, claro. Jejeje.
EliminarUn abrazo.
De mal en peor.! Desgraciado!
ResponderEliminarOye, no me insultes. Jejeje.
EliminarSaludos.
Interesante relato con un final inesperado.
ResponderEliminarParece que conoces bien la actividad pesquera.
Saludo.
De hecho hace poco pesqué un buen resfriado.
EliminarSaludos, Matías
Me has hecho meditar en qué pensarían y, mejor, soñarían los galeotes de aquellas navegaciones de la gran injusticia humana.
ResponderEliminarTema complicado. Difícil ponernos en sus pellejos.
EliminarSaludos, Fackel.
Triste, muy triste, Cayetano.
ResponderEliminarSalu2.
La realidad casi siempre lo es.
ResponderEliminarSaludos, Dyhego.
No sé qué es peor, el sueño o la realidad. Me gusta el giro que le has dado al final. Saludos
ResponderEliminarGracias, Antorelo. En efecto, en el giro inesperado del cuento está la gracia.
EliminarSaludos.
Que no hubiera luna ni estrellas, suele ser lo propio en una tempestad. ¡Pero ojo! En los sueños todo es posible.
ResponderEliminarDebe ser muy desagradable mojarse uno sin poder ver el agua.
EliminarSaludos.
Leí algo muy similar en uno de los libros de la trilogía de Primo Levi que tenía lugar en los barracones con suelo de barro y llenos de ratas. Uno de los prisioneros en el campo de Birkenau estaba soñando, tenía una pesadilla y alguien lo despertó, pero ¿qué era peor la pesadilla o la realidad de despertar en un campo de exterminio? Era un dilema espantoso.
ResponderEliminarCuando el sueño no te libera de las cadenas. Horrible.
EliminarSaludos, Joselu.
A veces se viven autenticas aventuras en sueños que no queremos terminar. Otras veces son desesperadamente terribles. Desde luego que en tu relato no quiero estar en ninguna de las dos, jjj. Un abrazo, Cayetano.
ResponderEliminarA veces es mejor no soñar. O no acordarte del sueño.
EliminarSaludos, Gil.
Cuando la libertad es inalcanzable, hasta tus sueños transcurren entre tragedias. Es vivir en una oscuridad total que va más allá de ti.
ResponderEliminarSAludos.
Algunos no descansan ni cuando sueñan. Terrible asunto.
EliminarSaludos.
Aquí ya nadie quiere salir a la mar, pero para muchos otros es un trabajo deseado. Un saludín!
ResponderEliminarAsí es. Todo es cuestión de perspectiva.
EliminarSaludos.