sábado, 14 de febrero de 2026

Propuestas de amor


Previamente a la lectura es fundamental oír a Brassens o a Javier Krahe y la canción sobre Marieta (Marinette en la original).

En el fondo es un homenaje a ellos.




La otra tarde quise invitar a cenar a la bella Enriqueta, pero ella prefirió irse al burguer con un idiota más guapo que el que lo cuenta.

Y yo, con mi cena preparada en casa, con velas aromáticas y todo, hice el gilipollas. Había preparado medallones de solomillo al roquefort con un Ribera del Duero estupendo y acabé cenando solo, llorando luego en la bañera y bebiendo el vino a morro directamente de la botella, en calzoncillos y con el gato mirándome con curiosidad.

Pensé que quizás lo mío había sido muy clásico, demasiado convencional, y que a la enamorada siempre hay que sorprenderla, así que al día siguiente me presenté en su puerta con una cachorrita bóxer con un gorrito rosa. Toqué el timbre, la perra se cagó en mi pantalón mientras yo ensayaba un discurso romántico, y Enriqueta me abrió la puerta con cara de lunes por la mañana:

Oh, qué mona— dijo con cara de asco, pero justo me voy a una orgía en Albacete con un grupo de nudistas que conocí ayer en el burguer. ¿Lo dejamos para otro día?— Y me dio literalmente con la puerta en las narices. Y yo con mi perrita me quedé pasmado, como un gilipollas.

Tercer intento: le escribí un poema. Ciento veinte versos en endecasílabos, arte mayor como mandan los cánones, con su rima consonante y todo, con referencias a Garcilaso, a Catulo y a los griegos antiguos. Me aprendí el poema de memoria, con sus pausas y sus gestos. Me presenté en su trabajo, duchado, afeitado y repeinado con brillantina. Y con ella delante empecé mi recitado:

Oh Enriqueta, volcán de mi deseo,
trinchera de ternura, ensaladilla
rusa de mis pasiones, maravilla...

Y justo cuando iba por el verso dieciséis...ella me interrumpió:


Lo siento, Hipólito. No me gustan los clásicos. Lo mío es el reguetón. Precisamente esta tarde voy con mi entrenador del gimnasio a un concierto de Bad Bunny. ¡Eso sí que son letras chulas y no las del Bodeler ese de los cojones!— Yo asentí con dignidad, me di la vuelta y salí de allí, no sin antes tropezar con una papelera, darme una hostia con una esquina y abrirme una ceja. El poema se lo quedó su jefe, que me lo pidió para envolver el bocadillo.

Último recurso: una serenata. Contraté una Tuna y me planté bajo su ventana. Y, pandereta en ristre, comenzamos a dar la turra con asómate al balcón, carita de azucena. Y luego seguimos con otro tema.

Pero Enriqueta se había mudado esa misma mañana. El nuevo inquilino era un rumano de dos metros que, de malos modos, se asomó al balcón y gritó sumamente enfadado:


¿Ce-i cu scandalul ăsta? ¡Algunos dormim, que aquí no es garajul vostru, e un bloc cu genti normali, coño!
¡Como baje, os meto una hostia que vă trimit la București, cabrones!

Y nos arrojó un cubo de agua. Los de la Tuna dejaron de cantar clavelitos de mi corazón y huyeron, y yo acabé yéndome también de allí, triste y cabizbajo, con mi capa de tuno y mi pandereta. Como un gilipollas, madre, como un gilipollas.


42 comentarios:

  1. Cayetano:
    hay días que vienen torcidos y no hay manera de enderezarlos.
    Salu2.

    ResponderEliminar
  2. La intención de recibir a una chica con una botella de vino y en Calzoncillo, no es la mejor manera. Entiendo que te comas una rosca. San Valentín es la clave

    ResponderEliminar
  3. Respuestas
    1. Sí. Pero donde esté la Tuna que se quite el reguetón ese.
      Saludos.

      Eliminar
  4. Hipólito no tiene otra opción que dedicarse al onanismo, o al perro.

    ResponderEliminar
  5. Pobre Hipólito, creo que en lo que no ha acertado es en la elección de chica porque las propuestas resultan agradables. Será la edad.... Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Pobre Hipólito, "calentin" él, Enriqueta no sabe lo que se perdió. Jajajaja.
    Salud.

    ResponderEliminar
  7. Creo que ya no se estilan esas formas de ligar, ha cambiado mucho el mundo. Un saludo.

    ResponderEliminar
  8. Total que,
    A la bella Enriqueta,
    no hay quien se la m**a

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que Enriqueta se busca bien la vida. Hipólito en cambio debe mantener la castidad ( esperemos que transitoria).
      Salud.

      Eliminar
  9. Hipólito debe ponerse al día en el arte de la seducción. Saludos

    ResponderEliminar
  10. El pobre Hipólito me ha recordado algo...

    https://el-macasar.blogspot.com/2015/08/marieta.html?m=1

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bueno! Aunque en realidad habría que decir ... ¡menuda faena! Bien pensado, era un tipo poco recomendable, no por su defecto físico sino por su manera de comportarse, antes y después.
      Saludos.

      Eliminar
  11. Por cierto, nadie me contestó allí si hay un femenino de gilipollas...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Debe ser un término genérico, como teniente. Jejeje.
      Saludos.

      Eliminar
  12. No desesperes, el error no estuvo en tus métodos, sino en la elección errónea. Inténtalo con otra dama, hasta que aciertes en la elección. El método es impecable.
    Un abrazo, Cayetano.

    ResponderEliminar
  13. Hipólito no ha fracasado en el amor, ha hecho un máster acelerado en anacronismo sentimental. Lo suyo no es ligar, es hacer arqueología romántica. Feliz domingo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí. Debe adaptar las técnicas a las exigencias del mercado.
      Salud.

      Eliminar
  14. Sabiendo que es tono jocoso, esa situación no es descartable.
    Al parecer ahora la vida es así.
    Saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Complicado está el asunto para los antiguos como Hipólito.
      Saludos, Matías.

      Eliminar
  15. Debes contratar una tuna de reguetón! Actualízate!

    ResponderEliminar
  16. Ohh, qué lástima. Yo creo que la cena de Hipólito era inmensamente mejor plan que la del guaperas cutre. Ya los tres intentos posteriores al rechazo estaban de más. de todos modos el error más grave fue la elección de la susodicha.

    ResponderEliminar
  17. No saciaste, Hipólito, la dispersión de la mujer que acaso ni sabía lo que quería. Porque si no era capaz de entender y disfrutar con Catulo bien ha estado que no te liaras con ella. Oye, que gracias, que no es frecuente leer citado al romano, y de paso dale también a Tibulo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Catulo y su poesía amorosa, Latín de primero de F. & L. ¡Qué tiempos!
      Saludos, Fackel.

      Eliminar
  18. Dile a tu protagonista que insista, que el que quiere algo le cuesta.
    Y si la chica no se entera pues nada , a otra cosa mariposa, ella se lo pierde.
    Divertida historia. Un abrazo Cayetano
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Debe pescar en otras aguas. Pero se ve que a él le gustan de ese tipo.
      Saludos.

      Eliminar
  19. Cena romántica, sin final feliz, la próxima que deje la mascota en casa. Saludos Cayetano

    ResponderEliminar