Como en el mar las redes,
el tiempo nos arrastra sin clemencia.
Ricardo y Carmen.
Ambos estudiaban en el mismo instituto. Eran compañeros del antiguo bachillerato superior de letras. Creían que la década de los 70 la estrenaron ellos, también las ilusiones y el optimismo de los que saben que tienen todo el futuro por delante, muchos proyectos por cumplir y, sobre todo, aunque lo ignoraban, demasiados pájaros en la cabeza.
Carmen y Ricardo.
Despertaban a la vida al unísono mientras el franquismo agonizaba y entraba en su recta final. Entre clase y clase, las volutas de arte jónico se mezclaban con la filosofía de Kant; las oraciones subordinadas, con las asambleas de clase y los poemas amorosos de Catulo; la bella sonrisa de Carmen, malinterpretada mil veces, se entrelazaba con las novelas existencialistas de Sartre o de Camus o con las letras del alfabeto griego, un código secreto con el que intercambiaban frases cómplices, mensajes indescifrables para el resto de los mortales del Instituto, es decir, para los alumnos de ciencias. Y en esa especie de batiburrillo se mezclaban caprichosamente el materialismo dialéctico con las canciones de Los Beatles, el arte visigodo con la lucha de clases, la poesía social de Celaya con las oraciones copulativas...
Ciencias o letras.
No había
comparación posible.
No les cabía en la cabeza que los de
ciencias prefiriesen la aridez del álgebra o de la química orgánica
a las aventuras o desventuras del Buscón don Pablos.
Letras o ciencias.
Ellos eran felices con la Odisea de Homero, las excentricidades de Diógenes el Cínico o las Comedias Bárbaras de Valle Inclán. Donde estuviera el Romancero Gitano que se quitara la tabla periódica de elementos. No experimentaban placer alguno con los números primos, pero se morían de gusto cuando eran capaces de analizar y entender un soneto del Marqués de Santillana, fecho al itálico modo, o el Carpe Diem de Garcilaso.
Aquello
duró poco, si es que alguna vez hubo algo.
Porque
dos no se aman si uno no quiere.
Y
Carmen no quería a Ricardo. Como amigo y compañero de clase sí,
pero nada más.
Todo
fue un espejismo, una ensoñación en la mente de él.
El amor unilateral entró de repente en su vida. Y se evaporó igual de deprisa que vino. Pues solo hubo intención de ello por una sola de las partes implicadas. Y para el amor compartido se necesitan al menos dos personas.
Acabó el curso. Emprendieron caminos diferentes y de aquel fuego juvenil solo quedaron las cenizas. Luego llegó la ventisca de los años de universidad, el servicio militar... y las cenizas se aventaron sin dejar rastro.
Mientras tanto, en el viejo tocadiscos sonaba una y otra vez aquella canción de Kansas:
I
close my eyes
Only
for a moment
And
the moment's gone
All
my dreams
Pass
before my eyes
That
curiosity
Dust
in the wind
All
they are is dust in the wind.
Porque al final, de los espejismos y de las ilusiones, tan solo queda un puñado de polvo arrastrado por el viento.
El polvo nos ha devuelto los comentarios, pero no la relacion de Ricardo y Carmen. 23F, un dia extraño para remover viejos recuerdos.
ResponderEliminarSaludos
El polvo, sí. Pero solo el que trajo el viento.
EliminarSaludos, Francesc.
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino sobre la mar. La historia de Ricardo y Carmen ha dejado huella, por lo que veo, a pesar de las décadas pasadas... Es antigua como mínimo como el 23 F que todos recordamos. Quizás más. Saludos.
ResponderEliminarSí. Más antigua. Todavía vivía Paco Pantanos.
EliminarSaludos, Joselu.
Hubiera sido más feliz de haber sido recíproco, claro, pero...a su manera también lo fue mientras tuvo la ilusión. Nos ha pasado (y nos sigue pasando) a todos, incluso a los que elegimos ciencias. Bonita narración.
ResponderEliminarGracias, Aina. Siempre hay algo autobiográfico en lo que escribimos.
EliminarSaludos.
Me parece que la chica, se fue con uno de Ciencias, suele ocurrir, tener que aguantar a oto de Letras, los dos diciéndose poesías
ResponderEliminarMi amolll, en esta apartada orilla
Calla y ve al grano, que me quemo, diría la chica
Saludos
Sí. Jejeje. Suele pasar. Amigos pagafantas de clase, vale, pero morrearse solo con otros más malotes de fuera, de ciencias o ya trabajando.
EliminarSaludos.
¿Pagafantas? En mi época no nos invitaban ni a pipas... ¿O no había pipas entonces? Uff... Maldita postguerra, lo que duró.
EliminarLa Fanta, la Mirinda y la Pepsi ya existían en aquella España en blanco y negro. Las pipas también.
EliminarNo sé, no sé... Habría que investigarlo, pues yo no recuerdo de entonces más que aquellas botellas grandes de La Casera.
EliminarExcelente botella, por cierto.
EliminarEl primer amor nunca se olvida.
ResponderEliminarUn abrazo
Cierto. Y da juego para escribir cosas.
EliminarTodos los caminos son válidos, pero no todos ellos llevan al mismo lugar; aunque en todo caso, todos quedan al otro lado del empeño, salvo en el terreno amoroso, que ni las Matemáticas son capaces de despejar las incógnitas, ni la Literatura te ofrece una página con la que enamorar al otro. La vida en un cuaderno en blanco que cada quien tiene que ir garabateando como Dios le de a entender.
ResponderEliminarUn abrazo.
Como Dios o como el diablo. Vete a saber.
EliminarUn abrazo, Paco.
Eran de letras y no prestaban atención a las posibles relaciones biunívicas entre los elementos de los dos conjuntos.
ResponderEliminarSalud.
Les falló el álgebra de Boole. Muy útil sólo para relaciones.
ResponderEliminarSaludos, Francesc.
Algunos de nosotros hemos sido testigos de unos cuantos Ricardos y Cármenes.
ResponderEliminarEl recuerdo te pincha de vez en cuando y hoy es un día propicio para ello.
Un abrazo, Cayetano
Siempre nos dejamos algo de nosotros en el camino.
EliminarUn.abrazo, Arantza.
El polvo en el viento no es bueno para el asma. Yo procuro tener los recuerdos, bien limpitos y relucientes.
ResponderEliminar(Esta mañana no pude comentar, no estaba el cajón de texto.)
"Me se" olvidó poner la opción de comentarios.
EliminarLo del polvo es cosa de los chicos de Kansas y de la novela casi homónima de Padura.
Saludos.
Pues... son dos avemarías y cuatro padrenuestros. ;)
EliminarMe va a salir caro el polvo... en el viento.
EliminarY pasados los años, incluso el recuerdo de los primeros amores propios o ajenos, se desintegra en el viento que arrastra todo tiempo pasado.
ResponderEliminarSaludos
En efecto.Todo se lo lleva el viento.
EliminarUn saludo, Marga.
Sin embargo, la ilusión merece la pena vivirla, aunque, como dices, solo quede "un puñado de polvo arrastrado por el viento. Saludos
ResponderEliminarDe ilusiones y recuerdos vivimos.
EliminarSaludos, Antorelo.
He recordado mis días del Cole, buen momento , no importa si fue las ciencias o las letras , los recuerdos quedan , algunos intactos , otros se han marchado como polvo en el viento.
ResponderEliminarSí. Qué tiempos aquellos.
EliminarSaludos.
El final, con Dust in the wind, hasta me ha resultado poético, aunque no hubiera amor. Un saludo.
ResponderEliminarDe eso se trataba: historia de un desencuentro, de una relación que nunca existió realmente, con la canción como fondo musical.
EliminarSaludos.
Cayetano:
ResponderEliminar¡no hay manera de quitarles el sambenito a las Letras.
Salu2.
Ya te digo. Rivalidad tonta desde muchísimo tiempo.
EliminarSalud