Miguel Expósito de Dios prosperó en la vida gracias al negocio de ultramarinos que, como hijo único que era, heredó de sus padres. Aunque no tenía completados los estudios primarios, hacía ostentación ante los demás de poderío económico, estilo refinado y nivel cultural. Entre otras medidas, forró la librería del salón con varios metros de libros encuadernados en piel roja y marrón, colocó en el centro de su jardín una fuente rodeada de los enanos de Blancanieves y mandó poner en la fachada de su chalet de seiscientos metros construidos el blasón familiar.
El escudo se lo mandó hacer de encargo a una de esas empresas que se dedican a la heráldica de pago y que dicen indagar en el origen de los apellidos. Y que todas coinciden en que los solicitantes de sus servicios tienen un origen nobiliario o ilustre, cuando todo el mundo sabe que el noventa por ciento de la población medieval española eran destripaterrones, campesinos sin tierra o siervos analfabetos y muertos de hambre que trabajaban de sol a sol para los señoritos de entonces. Nobles había, pero pocos.
De esta forma, fue citado por la empresa de heráldica para informarle de cómo iban las investigaciones sobre el origen de sus apellidos.
—Señor Expósito. El trabajo nuestro está casi a punto. Solo queda que nos dé el visto bueno para ultimarlo. Aquí tiene el boceto de cómo quedaría el escudo: sobre campo de gules, una torre flanqueada a izquierda y derecha por un árbol y un león rampante, símbolos inequívocos de la grandeza de sus apellidos. La torre o castillo viene a ser la versión medieval de su casa, esa espléndida mansión que según usted mismo nos contó se hizo construir en su localidad; el león es el símbolo de la fuerza, de la determinación y del arrojo, como corresponde en justicia a su familia por su carácter emprendedor; y el árbol, una especie de metáfora sobre la semilla de la fortuna que crece y se convierte en árbol frondoso si sabemos ser constantes en lo nuestro.
Así que poco después, para envidia de paseantes y vecinos, la fachada de su mansión lucía el escudo familiar.
Lo que ignoraba Miguel era que, lejos de su pretendido origen medieval, sus apellidos debían su existencia al hecho de que sus abuelos varones, tanto el paterno como el materno, se criaron sin padres en sendos orfanatos.
Un día que estaba aburrido de ver tanto la televisión, se acercó por primera vez a la librería del salón con ánimo lector, escogió un volumen sobre etimologías y decidió echarle un vistazo.
Mientras cogía el libro, se decía para sus adentros que los apellidos familiares eran sonoros y contundentes y con mucho significado. "Expósito" vendría de persona que se expone al peligro, a los retos que plantea la vida. "De Dios" expresaría la solidez de sus ideas cristianas. Él era un hombre de orden, de misa semanal, temeroso de Dios.
—¡Joder, mira que suenan bien! Me encantan mis apellidos. Voy a ver qué pone aquí sobre ellos.
Abrió por fin el tomo aquel cuyo título era "Antroponimia y onomástica", se sentó en el sillón de lectura que nunca usaba. Mientras leía, su semblante se ensombreció. Después tiró el libro y decidió no volver a consultar ningún otro en su vida.
Poca cultura tenía el tendero, si no sabía el origen etimológico de sus apellidos.
ResponderEliminarSaludos.
Cero en cultura, típico de los garrulos con dinero.
EliminarSalud.
Un zasca en toda regla ¡
ResponderEliminarSalut
Merecido lo tenía por cateto con dinero.
EliminarSalud.
Recuerdo un maestro, de apellido Expósito, largo en la regla, pegando. Se ve que su formación, venía del Hospicio donde las monjitas lo habían criado, con mano dura. Hay que decir, que en su clase, no se oía ni el vuelo de una mosca.
ResponderEliminarSaludos
Ya sabes lo que dicen de los que se adaptan al sistema. Peores que sus amos.
EliminarSalud.
Vaya sorpresa. Un beso
ResponderEliminarNo volvió a leer. Seguro.
EliminarSaludos.
. ¡Ay que ver con los insignificantes márgenes comerciales! a este Expósito, los ultramarinos le daban para mucho.
ResponderEliminarSalud.
Muy ultra y poco marino. Garrulo de tierra adentro.
EliminarSalud.
Las palabras esconden cosas que no son imprescindibles para sentirse ufanos y hasta jactanciosos. ¡Qué importan los recovecos ante la apariencia!
ResponderEliminarUn abrazo.
Totalmente de acuerdo.
EliminarUn abrazo, Paco.
Cayetano:
ResponderEliminar¡si es que para leer algo que no nos gusta, mejor no leer nada! Jajaja.
Salu2.
Este no leía ni el libro de las fiestas de su pueblo.
EliminarSalud.
Ese apellido no era ,
ResponderEliminartengo entendido,el
que se le ponía a
los huérfanos?,
saludo.
Sí. Lo cuento en el relato: De la Iglesia, De Dios, Expósito...
EliminarMenudo linaje y vaya decepción, pero la culpa la tienen los libros. Un saludo.
ResponderEliminarYa te digo. Mejor ser analfabeto. Dónde va a parar.
EliminarSaludos.
Ay, pobre. Tenía que haber leído el libro antes de alardear. Y pensándolo bien ¿qué más da de dónde vienen los apellidos? posiblemente los portadores de ese apellido sean mejores personas que muchos que se denominan de alto linaje. Como cuando dicen "es de buena familia" ¡coña! y la mía también. Un abrazo
ResponderEliminarDe rancio abolengo, de buena familia, de familia con posibles... Muy gracioso todo.
EliminarUn abrazo.
El relato retrata la caída de un hombre que buscaba en la genealogía el prestigio que su dinero no podía comprar. Si bien el autor subraya la vanidad de Miguel, hay una profunda tragedia humana en su anhelo.
ResponderEliminarMiguel no es solo un necio; es un hombre que busca pertenencia. En un mundo que desprecia lo "nuevo", él intenta fabricarse raíces para no sentirse un extraño en su propia fortuna. Su error no es la estupidez, sino la vulnerabilidad: el deseo de que sus apellidos, que en realidad narran el abandono de sus antepasados, significaran valentía y fe. Al final, el libro no solo hiere su orgullo, sino que le arrebata la ilusión de haber vencido, por fin, a la soledad de su origen.
Saludos.
Víctima de sus delirios de grandeza, como aquel burgués que caricaturizó ran bien Moliere.
EliminarSaludos, Joselu.
Siempre haces unos comentarios muy acertados Joselu. Lees más allá de las palabras.
EliminarPobre Miguel con tantas heridas de abandono en el alma, algo sabría sino...a santo de qué alardear de lo que sí tiene?
Como decía Sabina: era tan pobre que solo tenía dinero.
EliminarSi los libros niegan sus creencias hay que echar los libros a la basura, esta reacción se corresponde con su exquisito gusto para decorar la fuente del jardín. Otro hombre infeliz en su ignorancia y mal gusto.
ResponderEliminarSaludos
Nada peor que un gañán con dinero. Su ostentación le perdió.
EliminarSaludos, Marga.
Le pasó eso por no haber sabido elegir bien los libros. Deben ser tres metros de rojos y dos de verdes.
ResponderEliminarSeguro que era daltónico y se lio con los colores.
EliminarSaludos.
La ignorancia le dio una ingrata sorpresa.
ResponderEliminarAbrazos.
No todo se compra con dinero. La cultura, por ejemplo.
EliminarSaludos.
La noción se emplea sobre todo respecto a los sujetos que pertenecen a la nobleza o a las familias más ricas y tradicionales de una región.
ResponderEliminarPero no pasa de ser eso, por que puedes llevar aun apellido de buena cuna, y ser un inepto , las acciones y la integridad son más que el mismo apellido.
Exactamente. La nobleza hay que ganársela con los actos.
EliminarUn saludo
Si habilitas comentarios en el post Dust in the wind podríamos comentar.
ResponderEliminarDisculpa la omisión. Ya está arreglado el error.
EliminarCon Fackel; el viento se ha llevado los comentarios - momentáneamente -
ResponderEliminarMaldito viento... Arreglado el desaguisado. Disculpad.
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