viernes, 31 de julio de 2026

El muro



Nunca imaginó que acabaría marchándose, pero las cosas se habían puesto realmente mal y al final tuvo que tomar una determinación.

Se fue sin un adiós. No quiso despedirse de nadie. Le resultaba realmente doloroso tener que pasar por el mal trago de la despedida.

Se fue al anochecer, al amparo de las sombras. La noche era especialmente fría, solo que había luna y el cielo aparecía cuajado de estrellas —¡Nunca vio tantas en toda su vida!—. Ello le permitía orientarse en medio de la oscuridad.

Un silencio absoluto reinaba, solo roto de vez en cuando por el canto del cárabo que, una y otra vez, dejaba oír su monótona letanía, un canto lúgubre en medio de la inmensidad de aquella noche.

El aire estaba tan frío que cortaba la piel.

El hombre se puso a caminar. Decidió resueltamente tomar una ruta, la que tal vez le conduciría a su propio destino.

Mirando hacia el horizonte de aquel campo, tan llano que parecía un inmenso mar, divisó a lo lejos la mole enorme del obstáculo que le separaba del otro lado. A derecha e izquierda se alzaba un muro imponente de muchísimos kilómetros de largo. No se adivinaba el final ni por un lado ni por el otro. Habría que vadearlo; pero a saber dónde acabaría. Tomó pues la decisión de saltarlo. Era un muro de piedra y podría tener una altura de ocho o diez metros. No era demasiado elevado y se dispuso a iniciar la escalada.

Al ser de piedra, la pared aquella ofrecía algunos pequeños entrantes o hendiduras que podrían servir para ir metiendo los dedos y la punta de las botas en el ascenso. Se puso a la tarea. Estaba más ágil de lo que pensaba y en pocos minutos logró coronar la cima. Al llegar, tomó un respiro y se sentó allí a horcajadas contemplando el paisaje que se abría al otro lado. Ante él se mostraba, hasta donde la vista se perdía, un bosque frondoso. La bajada se anunciaba más sencilla. Solo tendría que repetir la operación de ir metiendo pies y manos en las hendiduras que encontrase e ir descolgándose poco a poco. Bajó. De nuevo emprendió la caminata, ahora a través de la espesura.

Según andaba entre los árboles, recordaba imágenes de los días anteriores. Las escenas se apelotonaban en su mente de forma caótica e inconexa: las tensiones, el hartazgo, los problemas, los preparativos para la marcha... Era del todo necesario emprender una nueva vida lejos y sin condicionantes. El tiempo se iba y había que aprovecharlo.

Tenía por delante un largo camino, muchas horas de marcha a través del bosque. Y cuando el bosque se acabó, apareció de nuevo el campo. Los árboles empezaron a escasear y en su lugar fueron apareciendo arbustos y matorrales.

Amaneció. Caminó y caminó incansablemente, hasta que no pudo más y se detuvo a reponer fuerzas sentándose en una piedra enorme bañada por los rayos del sol de la mañana. Agotado, logró vislumbrar a través de los matorrales que tenía delante un sendero. Cuando descansó un poco, se levantó de allí y lo tomó. Tenía el cuerpo molido. Le dolían las piernas; pero había que seguir. “El mundo es para los que no se rinden”, recordaba entonces las palabras de su abuelo.

Siguió aquel camino. Se extrañó de que en ningún momento se cruzara con nadie. Ninguna persona, ningún animal en todo el recorrido, como si el mundo se dispusiera antes sus ojos para él solo, como si lo estrenara a cada paso.

Así pasó el día: andando y descansando a ratos.

Y al final, cuando la tarde declinaba y el sol volvía a ocultarse en el horizonte, cuando ya no podía con su cuerpo y sus piernas pesaban cada una como una losa de cemento, cuando ya estaba a punto de desfallecer y se preguntaba qué demonios hacía allí, andando sin norte, sin saber dónde ir, en medio del silencio de una nueva noche, roto tan solo por el canto del cárabo que, una y otra vez, dejaba oír su monótona letanía, divisó a lo lejos la mole enorme del obstáculo que le separaba del otro lado. A derecha e izquierda se alzaba un muro imponente de muchísimos kilómetros de largo. No se adivinaba el final ni por un lado ni por el otro. Habría que vadearlo; pero a saber dónde acabaría.

Y tomó la decisión de saltarlo.

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Y un servidor toma otra decisión: unos días de asueto, de cambio de aires, de holganza, de cierre vacacional... o como se quiera decir. ¡Hasta la vuelta!

35 comentarios:

  1. A saltar el muro de las vacaciones, que a menudo es el de las lamentaciones.
    ¡Buenas vacaciones!

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  2. Espero que tu travesía de vacaciones no sea tan penosa y el único obstáculo que encuentres sea el semáforo para llegar al mar, al bar o a la montaña.
    Feliz descanso, Cayetano..
    La semana que viene son las fiestas de mi pueblo, por San Cayetano glorioso, apóstol de la providencia.
    Salu2.

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  3. ¿Sabes aquella canción infantil...? "Volvió a subir a aquel monte, volvió a subir a aquel monte, volvió a subir a aquel monte, ¿y qué creéis que vio? Al otro lado otro monte, al otro lado otro monte, al otro lado otro monte mayor que el anterior". Pues tu expectante relato me la ha recordado.

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  4. Este escrito,me deja con mal sabor,el mismo que en Netflix cuando no acaba bien la trama,que suele ocurrir cuando piensan en una segunda temporada.
    Vacaciones,dentro de las vacaciones de jubilación, curioso.
    Saludos

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    1. Como decía Baroja, el mundo es "ansí". Siempre hay un obstáculo que saltar.
      Vacaciones, sí, por cambio de rutinas: salir más, atender menos al blog, estar más tiempo con la familia, fuera o dentro de casa...
      Saludos.

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  5. Uff... Yo estoy con la garganta apretada por lo de Ceuta y tu muro me ha dado la puntilla. De todas formas, te deseo unas buenas vacaciones, sin muros que te impidan ir a donde quieras.

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    1. Vaya coincidencia. Parece hecho a propósito.
      Un abrazo.

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    2. Cómo que cuando empecé a leerlo, creí que ibas por ahí...

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  6. Buenas vacaciones y ten cuidado con los muros, no los saltes. Un abrazo, hasta la vuelta

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    1. Yo los vadeo, aunque tenga que andar más.
      Un abrazo, Arantza

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  7. Sin una explicación convincente, Blogger ha eliminado mi blog en castellano. A partir de hoy podrás seguirme aquí:
    https://francescpuigcarbreixach.substack.com/

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    1. Vaya con Blogger. ¿ Cuál es el pecado?
      Intento comentar en tu blog que propones y me resulta imposible. Me dirige a no sé cuántos sitios y aplicaciones. Un mareo para gente de mi edad.

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  8. entra ahí: https://cagatilorito.substack.com/

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  9. Te pedirá que te suscribas (gratis) solo tienes que dejar tu correo.Y cada vez queublique te avisará.

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    1. No me permite publicación de comentarios si no me suscribo. No me apetece estar todo el día recibiendo correos y borrando. Me agobia mucho.

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    2. Como que yo me encuentro en las mismas, dejadme meter la cuchara en la sopa.
      Para comentar en los blogs de Wordpress como es el caso del nuevo de Francesc y tambien el mio al que he migrado, no es obligatorio suscribirse a nada si uno no quiere. Hay tres opciones para identificarse (1. Con cuenta de WP.- 2. Con cuenta de Facebook o 3 (la interesante) introduciendo un nombre de identificación, un correo y una web, el blog, por ejemplo) Y si escoges esta última luego te da diferentes opciones con casillas o tildes a marcar. La tercera (que te recuerde) evitará que tengas que repetir el proceso en cada comentario.
      En el bien entendido de que, si lo deseas, puedes suscribirte y desuscribirte en cualquier momento. Entonces lo que ocurre es, no que recibas un aviso; no. Recibes la entrada en tu correo.
      Lastimosamente, hay bastante malentendido en esto.
      Yo dejo de publicar en Blogger y ahora ya estoy allí:
      https://paisdenox.com
      Un saludo.

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  10. De momento parece que me han levantado el arresto. Puedes seguir en el bloc de siempre.

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  11. Menos mal porque me estaba volviendo loco con tanto código de verificación que dejaba de funcionar cada dos por tres

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  12. ¡Feliz día de tu santo!
    Que te diviertas, que te quieran, que te hagan muchos regalos y que disfrutes.
    ¡Viva san Cayetano!
    Salu2.

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    1. Muchas gracias por tu amable felicitación.
      Sin embargo, en casa somos más de cumpleaños. Los santos no los celebramos. En todo caso, se agradece tu detalle.
      Salud.

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    2. Aquí, en Murcia, por lo menos, celebramos las dos fiestas, así se disfruta el doble, jajajaja.
      Salu2.

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  14. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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