martes, 31 de marzo de 2026

El viejo libro de historia




Con mi viejo libro de historia de cuarto de bachillerato siempre mantuve una especial relación. Las fotos y su colorido suponían un refugio donde se evadía mi imaginación de vez en cuando en aquella España gris de los años 60, tan dada al adoctrinamiento en los principios ideológicos del nacionalcatolicismo.

Hace unos años hicimos mi mujer y yo un viaje a Oviedo.
Me resultó grato y emocionante tener ante mis ojos las iglesias de Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y San Julián de los Prados. Tantas veces las
había contemplado
en mi libro con esas ilustraciones a color... Y ahora estaban ahí, frente a mí, compartiendo su espacio conmigo, como si yo también formara parte de esas imágenes que conocí por primera vez siendo un niño.

Otra vez, asistiendo a una función nocturna en el teatro romano de Mérida, me vino a la memoria el tema sobre la romanización, con sus monumentos representativos, la resistencia del héroe lusitano Viriato y la vil traición de sus generales y esos tres emperadores nacidos en Hispania: Trajano, Adriano y Teodosio.

Algo parecido me ocurrió de viaje por Menorca, con las taulas, los talayots y las navetas megalíticas. Allí, en medio del campo, cerca de Ciudadela, se alzaba solitaria la naveta des Tudons, con cierto aire de abandono. Era emocionante contemplarla in situ, sintiéndola más cercana y de alguna manera mía.

Siempre me fascinó la cara de pasmarote de Carlos IV de Borbón y la jeta de tunante de su hijo Fernandito, el rey felón, tal y como los retrató magistralmente Goya. Por eso me entusiasmó tanto la visita que hicimos al Museo del Prado. Allí comprobamos que aquellos personajes no habían cambiado con el paso de los años. Seguían en el lienzo, tan incólumes como innecesarios para la historia de España.

Revisitar en vivo las ilustraciones de mi viejo libro de historia era como cerrar el círculo de un camino que se había iniciado siendo yo un niño y que se completaba, ya adulto, con estos viajes por la geografía española. Como si el encuentro formara parte de un periplo que había empezado en la pubertad y concluía a una edad donde ya no era posible la marcha atrás. Una carrera con línea de salida y de llegada , coincidente en el mismo lugar pero en tiempos diferentes.

Por esa misma necesidad de completar el ciclo o la ceremonia del reencuentro evitaba a toda costa los episodios desagradables o violentos. Procuré pues no visitar Guernica ni Paracuellos del Jarama ni las tapias de los cementerios. De Granada me quedé tan solo con el recuerdo de La Alhambra y con los textos de Federico, obvié el destierro de Boabdil y la inútil e infame ejecución del poeta. Huir de la sombra de la muerte y del ruido de las bombas era necesario para que mi reencuentro con el pasado fuera un episodio feliz.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando, de visita al centro de Madrid, me topé sin quererlo con una concentración de simpatizantes de una formación ultra. Caminábamos por la Puerta del Sol para coger el metro en Ópera cuando nos dimos de bruces con ellos. Me estremecí cuando vi a toda esa gente con banderas, vociferando con la mano en alto haciendo el saludo fascista y cantando el Cara al Sol. Saludo e himno desgraciadamente muy en boga en mis años escolares. Nos fuimos de allí rápido. No fuera que se cerrara también el círculo y quedáramos atrapados en aquella España bárbara, en blanco y negro, como esos personajes anónimos que salían en el Nodo.



Ya cerca del metro, al doblar una esquina me topé con el vivo retrato de Garibaldi, con esa pinta entre hippie y revolucionario. Por un momento pensé que era un clochard, un vagabundo, uno de tantos que tienen la calle como casa. Barba larga, melena descuidada… Estaba sentado en la acera, sobre cartones, apoyada su espalda en la pared. Se me quedó mirando no sé si para pedirme una moneda o para contarme su papel en la unificación de Italia. La verdad es que, tras la sorpresa inicial, no le hice después mucho caso. Tal vez por eso, mientras me alejaba en dirección a la boca del metro, aquel individuo, con un cartón de vino en la mano, me despidió diciendo en voz alta:

¡Baco ha ahogado más hombres que Neptuno!



38 comentarios:

  1. Los de mi generación, no nos extrañan ni las banderas, ni los cánticos :Cara al Sol, con la camisa nueva...Viva España, alzar los brazos.... Hasta, por Dios, España y el Rey... Todas cantadas en las mañanas de aquellos fríos inviernos, antes de entrar en clase, con un ramito de flores, a Maria.
    Saludos

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    1. Luego la mili se hizo más llevadera. Ya teníamos rodaje.
      Salud.

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  2. Cayetano:
    cuando pude ver monumentos que ya conocía en fotos fue algo muy emotivo e impresionante.
    Ahora no me pasa, lo mismo he perdido capacidad de asombro. Y me da rabia.
    Salu2.

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    1. La capacidad de asombro creo que es algo que todos vamos perdiendo con la edad. Cada vez nos asombran o nos llaman la atención menos las cosas. Debe ser ley de vida.
      Salud.

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  3. Yo me escapé del cara al sol, y alzar brazos, ahora, el mes de Maria me lo tragué entero con mucho rezo del rosario por la tarde.

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    1. Por lo que dices y lo que comentó en su día el amigo Cornadó, creo que en Catalunya fue más llevadera la educación en ese sentido. Es una apreciación mía. No sé si equivocada.
      Salut.

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  4. A mí me mintieron todos los libros de Bachillerato. Los de Historia se detenían en el 36 y los de Literatura no mencionaban a García Lorca. Con eso lo digo todo. Se salvaban los de Ciencias, pues la tabla de multiplicar seguía siendo la misma y la periódica de los elementos me martirizó en 5°, pero todos los de Letras me mintieron descaradamente.

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    1. Sí. Había temas intocables y profes temerosos. En las academias había menos control.

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    2. Eran los libros oficiales, no mis profesoras, que algunas se habían formado en la Institución Libre de Enseñanza.

      https://el-macasar.blogspot.com/2009/08/la-voz-de-garcia-lorca.html?m=1

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    3. ¡Qué bueno! ¡Menudo honor para ti que pensara la profe que tu voz y la de Lorca se parecían mucho! ¡Qué suerte haber tenido esa docente! Mis mejores recuerdos siempre han sido en las clases de literatura.

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    4. Bueno... Exactamente mi voz no, sino mi acento granadino que, según ella, era distinto de el de mis compañeras. Muchas veces me he preguntado la razón de eso, pero no sé la respuesta, ya que Lorca nació en Fuentevaqueros y yo muy cerca de la Huerta de San Vicente, donde lo detuvieron. Quizá era por eso, porque él pasaba allí los veranos. Antiguamente, en Granada se distinguía a los vecinos según el barrio de donde procedían, se sabía si una persona era del Realejo o del Albayzín por el matiz de su acento y pudiera ser que en el barrio donde yo nací y crecí, hubiera también un matiz especial que él adquirió, pues el piso de su familia en invierno también estaba bastante cerca. Ahora ya, creo que esos acentos distintos entre los barrios han desaparecido por haber mucho más intercambio, más movilidad, más mezcla de acentos de todas partes.

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    5. A ver, digo algo que se presta a confusión. A Lorca no lo detuvieron en la Huerta, sino en casa de los Rosales, a donde se refugió cuando se llevaron de allí a Montesinos, el marido de su hermana, pero allí estaba con su familia desde que llegó desde Madrid, desde la Residencia de Estudiantes.

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    6. Lo del andaluz por provincias y también por barrios es un hecho. Mi madre, que era sevillana, distinguía perfectamente los que eran de su barrio, el de San Lorenzo, del de otros, como por ejemplo los que eran de Triana o del Polígono de San Pablo, otra forma de hablar, más de de barrio de clase modesta.

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  5. Tengo algún libro del bachillerato, si; ahora mismo he ido a ojearlo; uno de gramática, otro de mates, y otro de sexto, de filosofía (muy bueno por cierto).
    Comulgo con casi todas las respuestas, aquello era a la fuerza, es verdad, pero de aquí, de esta enseñanza, lo que encuentro a faltar es la materia de "Urbanidad".
    En referencia a la tribu que te has encontrado, decirte que también me dan miedo. Aquellos que no dialogan y que intentan por la fuera ideológica y sin ella (Trump, por ejemplo), imponer lo que desean, me dan miedo.
    ¿Sabes qué?, a mi edad ¡leches!, que decía Blas de Otero, pero ...no deseo nada malo para los que vienen detrás, que no tienen culpa alguna.
    Chico...hoy con todo este follón que hay montado, estoy negativo...Me apunto a Baco...ese que ha matado más que los tifones y los maremotos ¡¡
    Salut

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    1. Sí. Jejeje. No es mala opción la de Baco. Mejor que Neptuno. No hay color.

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  6. El texto es una evocación melancólica y lúcida del poder formativo de la memoria cultural. A partir del viejo libro de historia, el narrador reconstruye un itinerario vital donde pasado y presente dialogan: las ilustraciones escolares cobran vida en los viajes, cerrando el círculo entre la inocencia y la madurez. La mirada se vuelve reconciliadora, aunque consciente de las sombras ideológicas de aquella España gris. Sin embargo, la irrupción del fascismo en la Puerta del Sol devuelve el miedo y quiebra la armonía. El final, con Garibaldi clochard, introduce una nota irónica y simbólica sobre la decadencia de los ideales. Muy bueno. Saludos.

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    1. Gracias, Joselu. Estupendo comentario el tuyo que enriquece el texto y lo desmenuza certeramente.
      Saludos.

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  7. Preciosa cita: Baco ha ahogado más hombres que Neptuno.

    Y ciertamente si algo recuerda uno sobre todo de los viejos libros de texto del bachillerato (y algunos posteriores) son las ilustyraciones y fotografías de monumentos o personajes. Uno sigue encontrándolos por doquier, Buena remembranza la tuya.

    De las hordas salvajes mejor no hablar. Estuvieron ahí siempre y nos confiamos.

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    1. Sí. Sería terrible regresar a los tiempos grises aquellos.
      Un saludo, Fackel.

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  8. En verdad la historia es revisionista, muy propensa a volver a digerir aquello que entró como lección en momentos lúdicos posteriores. El problema de la historia y que no aprendemos en experiencias ajenas y tropezamos una y otra vez en las mismas piedras.
    Un abrazo.

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    1. Por eso no hay que olvidarla, para no cometer otra vez los mismos errores. Perdonar, siempre. Recordar, también. Incluyendo "chekas" y "paracuellos" diversos.
      Un abrazo.

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  9. Ver ao vivo o que aprendemos nos livros pode fazer toda a diferença.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

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  10. Durante un período no tan lejano,la Historia fue mal contada, mal mostrada en los colegios. El profesorado no fue fiel a ella y ya no digamos si el colegio era religioso. Así que de esos barros, estos lodos. Una porción de nuestra juventud no tiene ni idea de Historia. Un abrazo

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    1. Muchos quieren volver -"revisar" dicen- a la historia que nos daban en el colegio. Manipulada y controlada por la ideología totalitaria en el poder. Esos mismos que hablan de revisar la historia actual hablan de libertad.
      Un abrazo.

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  11. Mis libros de Bachillerato no eran en colores 😕

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    1. Aunque la España de entonces era gris, el libro de Historia y el de Ciencias Naturales los recuerdo en color.

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  12. En un mundo sin internet, los libros de texto y las enciclopedias permitían viajar a otros mundos y otras épocas. Las fotografías y las ilustraciones se quedan en la memoria...
    Un abrazo!

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  13. Alguna vez escuché a un docente de Historia que decía , "La historia es lo que es, no lo que queremos que sea" sin embargo, parece que siempre le damos un retoque a conveniencia. Saludos Cayetano

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  14. En el prólogo que escribió Tolstoi a su Guerra y Paz, ya advirtió que sus fuentes no eran fidedignas porque los hechos históricos tropezaban según quién le contaba la batalla. Y eso que la guerra lequedaba muy cerca en el tiempo. No creo que exista una Historia objetiva, todo pasa por la subjetividad de quien la explica (el poder político del momento) sea un profesor o el vecino que vivió el hecho contado.

    Saludos

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    1. Sí. Es difícil, aunque se intenta. Depende también de si los hechos son recientes o tus antepasados están afectados. La historia es más fidedigna si no hay vínculos personales o sucedió hace mucho. Por ejemplo: hablar a los alumnos de las causas de las dos guerras mundiales. Lo digo por lo que a mí respecta. En relación con nuestra pasada guerra civil, me costó mucho trabajo hacerlo pero lo logré: repartí caña hacia las dos posturas más extremistas, hablando de las barbaridades que se hicieron en la guerra en los distintos bandos. Es tarea complicada e ingrata.
      Saludos.

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  15. En el libro de Historia que estudiábamos en los jesuitas de Sarriá no había tantas "estampas" como en el tuyo. Se dedicaba mucho, por ejemplo, a la lista de los reyes godos —que aún me sé— y a las gestas de unos sujetos llamados Istolacio, Indortes y Orisón, que nunca supe exactamente qué hicieron y, por supuesto, de don Pelayo. No había muchas imágenes pero abundaban frases del tipo:

    «Una mancha ennegrece el reinado de Carlos III: la expulsión de los jesuitas».

    ¡Ah, sí! Recuerdo que salía un dibujo de Carlos II "El Hechizado" y nuestro profesor afirmaba que era un tipo depresivo y de salud quebradiza, que "se pasaba todo el día llorando detrás de las columnas del palacio". Eso me impresionó mucho, pobre tío, qué vida tan triste.

    Me marcó mucho aquella presunta conversación, a la que le daban gran impronta en el libro (creo que también en el de F.E.N.) de Moscardó y su hijo Luisito acerca de la rendición del Alcázar de Toledo. No me acuerdo ni de lo que cené ayer, pero siempre que voy por la plaza Zocodover y me siento en algún café la recito de memoria:

    —Coronel Moscardó: ¿Qué hay, hijo mío?
    —Luisito: Nada, que dicen que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí.
    —Coronel Moscardó: Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!

    Saludos cordiales.

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    1. Perdón, no era "una mancha" lo que en el libro de los jesuitas ennegrecía el reinado de Carlos III, lo he dicho mal. Era "un borrón". Sorry.

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    2. Recuerdo esas anécdotas. A veces tenía mis dudas de si estaba en clase de historia o en el consultorio de Elena Francis.
      Saludos.

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  16. La historia siempre me ha gustado, porque la leía como si fuera una novela. Pasados los los años he comprobado que nos mintieron descaradamente, así que a partir de entonces no he hecho otra cosa que leer buscando datos más reales que aquellos que nos inculcaron. No sé si lo he conseguido, porque hay muchas lagunas que nadie sabe rellenar, pero al menos me muevo por el terreno que yo quiero, aunque me equivoque. Un saludo, Cayetano.

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    1. Cada uno elige su vehículo para moverse por el mundo.
      Saludos.

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