Previamente a la lectura es fundamental oír a Brassens o a Javier Krahe y la canción sobre Marieta (Marinette en la original).
En
el fondo es un homenaje a ellos.
La
otra tarde quise invitar a cenar a la bella Enriqueta, pero ella
prefirió irse al burguer con un idiota más guapo que el que lo
cuenta.
Y yo, con mi cena preparada en casa, con velas aromáticas y todo, hice el gilipollas. Había preparado medallones de solomillo al roquefort con un Ribera del Duero estupendo y acabé cenando solo, llorando luego en la bañera y bebiendo el vino a morro directamente de la botella, en calzoncillos y con el gato mirándome con curiosidad.
Pensé que quizás lo mío había sido muy clásico, demasiado convencional, y que a la enamorada siempre hay que sorprenderla, así que al día siguiente me presenté en su puerta con una cachorrita bóxer con un gorrito rosa. Toqué el timbre, la perra se cagó en mi pantalón mientras yo ensayaba un discurso romántico, y Enriqueta me abrió la puerta con cara de lunes por la mañana:
—Oh,
qué mona— dijo
con cara de asco—,
pero justo me voy a una orgía en Albacete con un grupo de nudistas
que conocí ayer en el burguer. ¿Lo dejamos para otro día?— Y
me dio literalmente con la puerta en las narices. Y yo con mi perrita
me quedé pasmado, como un gilipollas.
Tercer intento: le
escribí un poema. Ciento veinte versos en endecasílabos, arte mayor
como mandan los cánones, con su rima consonante y todo, con
referencias a Garcilaso, a Catulo y a los griegos antiguos. Me
aprendí el poema de memoria, con sus pausas y sus gestos. Me
presenté en su trabajo, duchado, afeitado y repeinado con
brillantina. Y con ella delante empecé mi recitado:
—Oh
Enriqueta, volcán de mi deseo,
trinchera de ternura,
ensaladilla
rusa de mis pasiones, maravilla...
Y
justo cuando iba por el verso dieciséis...ella me interrumpió:
—Lo
siento, Hipólito. No me gustan los clásicos. Lo mío es el
reguetón. Precisamente esta tarde voy con mi entrenador del gimnasio
a un concierto de Bad Bunny. ¡Eso sí que son letras chulas y no las
del Bodeler ese de los cojones!— Yo
asentí con dignidad, me di la vuelta y salí de allí, no sin antes
tropezar con una papelera, darme una hostia con una esquina y abrirme
una ceja. El poema se lo quedó su jefe, que me lo pidió para
envolver el bocadillo.
Último recurso: una serenata.
Contraté una Tuna y me planté bajo su ventana. Y, pandereta en
ristre, comenzamos a dar la turra con asómate al balcón, carita de
azucena. Y luego seguimos con otro tema.
Pero Enriqueta se había mudado esa misma mañana. El nuevo inquilino era un rumano de dos metros que, de malos modos, se asomó al balcón y gritó sumamente enfadado:
—¿Ce-i
cu scandalul ăsta? ¡Algunos
dormim, que aquí no es garajul vostru, e un bloc cu genti normali,
coño!
¡Como baje, os meto una hostia que vă trimit la
București, cabrones!
Y nos arrojó un cubo de agua. Los de la Tuna dejaron de cantar clavelitos de mi corazón y huyeron, y yo acabé yéndome también de allí, triste y cabizbajo, con mi capa de tuno y mi pandereta. Como un gilipollas, madre, como un gilipollas.
Igualico que el de la Mandrágora ¡
ResponderEliminarAhí las dao.
EliminarSalud.
Cayetano:
ResponderEliminarhay días que vienen torcidos y no hay manera de enderezarlos.
Salu2.
Enamorarse de la persona equivocada.
EliminarSalud.
La intención de recibir a una chica con una botella de vino y en Calzoncillo, no es la mejor manera. Entiendo que te comas una rosca. San Valentín es la clave
ResponderEliminarNo es fino, no.
EliminarAsí no hay quien ligue.
Salud.
Hay que actualizarse. :). Un beso
ResponderEliminarSí. Pero donde esté la Tuna que se quite el reguetón ese.
EliminarSaludos.
Hipólito no tiene otra opción que dedicarse al onanismo, o al perro.
ResponderEliminarAmbas dos.
EliminarNegro futuro de solterón pajillero.
Salud.
Hipólito se ha confundido de siglo.
ResponderEliminarYa lo creo. Es más de XX. Pobre.
EliminarUn saludo.
Pobre Hipólito, creo que en lo que no ha acertado es en la elección de chica porque las propuestas resultan agradables. Será la edad.... Un abrazo
ResponderEliminarSerá la edad, será la canción...
EliminarUn abrazo, Arantza.
.
Pobre Hipólito, "calentin" él, Enriqueta no sabe lo que se perdió. Jajajaja.
ResponderEliminarSalud.
Otra vez en ayunas.
EliminarEl pobre.
Saludos, El tejón.
Creo que ya no se estilan esas formas de ligar, ha cambiado mucho el mundo. Un saludo.
ResponderEliminarSolo se estilan en la ficción. Voilá!
EliminarSaludos.
Total que,
ResponderEliminarA la bella Enriqueta,
no hay quien se la m**a
Creo que Enriqueta se busca bien la vida. Hipólito en cambio debe mantener la castidad ( esperemos que transitoria).
EliminarSalud.
Hipólito debe ponerse al día en el arte de la seducción. Saludos
ResponderEliminarDebe hacer un Máster y no liarse con chonis.
EliminarSalud.
El pobre Hipólito me ha recordado algo...
ResponderEliminarhttps://el-macasar.blogspot.com/2015/08/marieta.html?m=1
¡Qué bueno! Aunque en realidad habría que decir ... ¡menuda faena! Bien pensado, era un tipo poco recomendable, no por su defecto físico sino por su manera de comportarse, antes y después.
EliminarSaludos.
Por cierto, nadie me contestó allí si hay un femenino de gilipollas...
ResponderEliminarDebe ser un término genérico, como teniente. Jejeje.
EliminarSaludos.
No desesperes, el error no estuvo en tus métodos, sino en la elección errónea. Inténtalo con otra dama, hasta que aciertes en la elección. El método es impecable.
ResponderEliminarUn abrazo, Cayetano.
¿Otra dama? No sabía yo...
EliminarUn abrazo, Paco.
Hipólito no ha fracasado en el amor, ha hecho un máster acelerado en anacronismo sentimental. Lo suyo no es ligar, es hacer arqueología romántica. Feliz domingo
ResponderEliminarSí. Debe adaptar las técnicas a las exigencias del mercado.
EliminarSalud.
Sabiendo que es tono jocoso, esa situación no es descartable.
ResponderEliminarAl parecer ahora la vida es así.
Saludo.
Complicado está el asunto para los antiguos como Hipólito.
EliminarSaludos, Matías.
Debes contratar una tuna de reguetón! Actualízate!
ResponderEliminar¡Horror! ¡Una tuna entera!
EliminarSaludos.
Ohh, qué lástima. Yo creo que la cena de Hipólito era inmensamente mejor plan que la del guaperas cutre. Ya los tres intentos posteriores al rechazo estaban de más. de todos modos el error más grave fue la elección de la susodicha.
ResponderEliminarYo creo que sí. Era un poco choni.
EliminarSaludos, Aina.
No saciaste, Hipólito, la dispersión de la mujer que acaso ni sabía lo que quería. Porque si no era capaz de entender y disfrutar con Catulo bien ha estado que no te liaras con ella. Oye, que gracias, que no es frecuente leer citado al romano, y de paso dale también a Tibulo.
ResponderEliminarCatulo y su poesía amorosa, Latín de primero de F. & L. ¡Qué tiempos!
EliminarSaludos, Fackel.
Dile a tu protagonista que insista, que el que quiere algo le cuesta.
ResponderEliminarY si la chica no se entera pues nada , a otra cosa mariposa, ella se lo pierde.
Divertida historia. Un abrazo Cayetano
Puri
Debe pescar en otras aguas. Pero se ve que a él le gustan de ese tipo.
EliminarSaludos.
Cena romántica, sin final feliz, la próxima que deje la mascota en casa. Saludos Cayetano
ResponderEliminarCon el gato, que hacen buena pareja.
EliminarSaludos, Pablo.